Ayer descubrí que los niños del "primer mundo" también juegan a hacer figuritas con las manos, para proyectarlas usando alguna fuente de luz. Estaba en mi salón de clase con unos cuantos chiquillos de quince años. Su diálogo giraba en torno a Facebook, wii, texting, amigos cibernéticos, y cosas por el estilo. Conversaban entre sí, mientras yo veía un vídeo de la Divina Comedia que encontré en Youtube. Estos niños no son mis estudiantes, se supone que los supervise mientras ellos estudian. Sin embargo, raramente estudian, nunca tienen nada que hacer, y se la pasan conversando entre ellos. Es un grupo pequeño, la mayoría siempre tiene alguna diligencia que resolver para salirse del salón: ir a hacer investigación la biblioteca, a hablar con un profesor, tomar un examen, en fin, casi nunca hay más de cinco conmigo. Yo estaba sentada a la computadora, de pronto encendí el proyector de imágenes, para asegurarme de que el vídeo era apropiado, y que se veía bien en la pantalla. De repente, sus conversaciones cedieron, y espontáneamente, uno de los niños empezó a hacer figuritas con las manos ante la luz del proyector, los demás se le unieron inmediatamente. Yo no podía creer lo que veía: estaban aprovechando la luz para proyectar imágenes en la pantalla. Me remonté a los años de mi niñez en los campos de República Dominicana, cuando a la luz de una vela o de una lámpara de gas mis hermanos y yo hacíamos figuras de animales con las manos, y montábamo todo un espectáculos para divertirnos.
Fue bonito recordar los años de mi niñez, pero mucho más gratificante fue darme cuenta de que la digitalización de nuestro mundo no ha acabado con la capacidad innata de los niños para inventar. Y por si me hacía falta más evidencia de que no todo está perdido, una niña pudo contestar la pregunta de otra sobre la música que ambientaba el vídeo: I've heard that music before? Who is that? That is Mozart. Me quedé con la boca abierta, y una gran sensación de tranquilidad me sobrecogió por competo. A veces, a cuenta de broma, les digo a mis estudiantes que sus futuros descendientes tendrán los dedos enormes, y la cabeza del tamaño de la punta de una aguja, porque suelen darles más uso a los dedos que al cerebro.
Cuadro: Childrens' Games by Pieter Bruegel (1525-1569)





