viernes, 23 de noviembre de 2007

¡La importancia de un no a tiempo: una carta para no ser leída!

Recuerdo como si fuera hoy, la primera visita que hiciste con él a la isla; ésa en la que decidieron establecerse de nuevo en el país. Eran buenos tiempos aquéllos. La situación económica era óptima. Tenían todo cuánto querían: casa, carros, los mejores colegios para los niños, criadas, niñeras, plantaciones de flores en Constanza, camiones. Todo iba muy bien con los negocios y con la vida en general; pero, pronto comenzaron los excesos, el despilfarre, los problemas, los accidentes, y antes de que te lo imaginaras, estabas de vuelta en las frías calles de Nueva York. Lo habían perdido todo en un abrir y cerrar de ojos: el dinero, la casa, los carros, los caminos, las plantaciones: todo. La situación económica se torno precaria, pero no era lo más lamentable, todo eso era recuperable con arduo trabajo; lo peor era que para ese entonces, ya llevaban dentro el germen de la destrucción familiar -se habían embarcado en un círculo vicioso, que conforme pasa el tiempo, parece ir de mal en peor.

Para cuando volvieron a Nueva York ya el bebito de los rizos de oro, era casi un adolescente; y quien había sido la princesa de la casa, empezaba la adolescencia. Sus vidas habían cambidado para siempre. Todo lo que les era familiar había quedado atrás: las semanas en hoteles de 5 estrellas en distintos puntos de la isla, la buena vida. La realidad era ahora otra, y la princesita tuvo que convertirse en todo una mujercita a sus doce años. No sé si te acuerdas, pero ella te defendía ante todos; y cuando tu caías víctima de la taquicardia y los problemas, era ella quien te atendía, quien te llamaba la ambulancia, quien lloraba contigo; sólo ella, nadie más. ¡Todo una mujercita a sus cortos doce años! Tu mano derecha, tu confidente, tu enfermera, tu asistente. Muy lejos habían quedado los cuidados de las criadas, su habitación propia, su enorme cama, en la que ella parecía perderse. Es una lástima que hoy ella esté tan destrozada como tú; que se le hayan agotado las fuerzas; que a sus veinte tres años me haya dicho que se quiere morir, pero que no tiene el valor para matarse. Tú le haces falta, siempre ha pensado – y tú lo sabes- que prefieres a su hermano, que lo que a ella le pasa a ti no te importa; ella quiere que te solidarices con ella, aunque sea por por un día, como tantas veces lo ha hecho ella contigo -pero tú siempre te parcializas.

Todos veíamos como tu familia se iba a pique pero ustedes no cambiaron el curso; todo siguió como siempre; luego vino la pérdida de un embarazo de cinco meses -y la depresión que casi te mata-, las discusiones con “la otra”, la separación definitiva, el encarcelamiento de tu esposo, y los problemas económicos siguieron empeorando, y tú haciendo magia para sobrevivir en la nueva realidad; ésa que nunca has asimilado del todo; si me lo permites, te digo que ésa ha sido la verdadera tragedia. Sigues haciendo lo mismo, sigues pensando y actuando igual; y lo peor de todo, es que el cáncer se ha extendido. El círculo vicio sigue, pareciera que no hay escape; el barco se sigue hundiendo. Hoy once años después, las cosas no andan mucho mejor. Tus ataques de taquicardia siguen cada vez peor, la ansiedad se ha anidado en ti, sigues haciendo magia para sobrevivir, pero no has aprendido a vivir, no has aprendido a decir un fuerte no y a sustanciarlo con consecuencias. ¡De verdad que te compadezco!

Hace justamente veinte años que nació quien se convertiría en la luz de tus ojos. Es ya un hombre, aunque no tú pareces entenderlo. Hoy debería estar en la universidad, cursando su segundo año, más sin embargo, está atrapado en una maraña que lo va enredando cada día más. Desertó de la secundaria, se convirtió en padre a los diecisiete años, y hoy te hace llorar lágrimas de sangre. Ese que era tu orgullo a los cinco años, hoy es tu verdugo. A ese que le celebrabas todas sus gracias infantiles, y a quien nunca le negaste nada. Me imagino que jamás lo viste venir, si hubieras sabido la importancia de un fuerte no, tal vez, las cosas serían diferentes hoy.

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11 comentarios:

  1. HOLA SONIA:

    QUE MIEDO TENEMOS LOS PADRES DE LEER UNA CARTA ASI, por eso la educacion a tiempo, los NO a tiempo, que dificil es cuando una de las partes es la apoyadora, es dificil ser padres, pero en el camino y con la ayuda de gente como tu que nos recuerdan cosas como estas es un poco mas liviano el seguir, gracias!

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  2. Hola Wendy,
    Ser padre es una tarea muy difícil. No sé lo que se siente, porque no soy madre, pero trabajo con niños, y he aprendido el efecto positivo de un No, sustanciado con consecuencias. No quiero juzgar, no es mi intención -me disculpo si lo hice. Escribí esto porque me duele mucho la situación que está pasando esta familia, porque los quiero mucho y me duele ver como se hunden poco a poco :(. Ojalá que encuentren el camino, y que no sea tarde.)

    Es una carta triste :(.

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  3. Asi es. Una carta triste, directa y sin tapujos.
    A veces los padres por querer ser buenos padres, piensan (o sienten, no se porque no soy madre)que quitandonos las limitaciones nos van a hacer mejores personas despues. Creo que eso no ayuda a madurar.

    A pesar de todo, lo que dice esa carta esta tremendo.

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  4. Hola Sonia Tu carta me llega muy profundamente ya que soy una madre joven de niños pequeños.
    Realmente las consecuencias de cederle todo a los hijos no es nada gratificante; como dicen por ahi "es preferible que los niños lloren ahora y no nosotros sus padre en el mañana"

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  5. Los problemas se analizan mejor cuando nos distanciamos y los vemos desde lejitos. Bien hecho.

    Las madres apoyadoras sufren mucho, y los hermanos del favorecido o favorecida pueden crecer traumados si toman muy a pecho la situación que les rodea. Ser padre o madre es algo que no se aprende en la escuela, lamentablemente las bifurcaciones en la larga trayectoria son tantas que no hay forma de recordar el camino de regreso y desandar los pasos.

    Esa niña en vez de buscar que se solidaricen con ella debería entender que no podrá cambiar la madre, y debería quererla tal cual. Distanciarse le ayudaría más que esperar a oir una solidarización que nunca llegará.

    Hay un desborde de corazón en tu escrito, como siempre, una historia muy tuya.

    Saludos

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  6. ¿es el resultado del "dejad hacer, dejad pasar"? Quizás fue mal aplicado, por esa madre o ese padre en ese momento. Pero no tenemos el don de ver las cosas en el futuro, por eso tenemos que aprender, cueste lo que cueste, de las decisiones positivas o negativas que hagamos.

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  7. WOW!! Excelente cuanta verdad en tus palabras... cuanto se nota que eres educadora... que pena cuando una de las dos partes flaquea... las consecuencias brotan mas tarde.... lo triste es que lo que siembres cosecharas.... Nosotros decidimos que sombra tendremos dependiendo del arbol y el lugar donde lo sembremos/// besos

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  8. Jenni, lo que sucede es que ellos creen que apoyar la conducta de sus hijos es ser buen padre. Yo no creo que sean malos sino que sufren de 'poor judgement' a la hora de discernir entre lo que ayudara a los hijos a largo plazo y lo que los hara felices en ese momento y probablemente los lleve por mal camino en el futuro.

    Wendy 5 dice que quien bien te quiere te hará llorar.

    Baakanit, para mi la familia es sagrada; es algo a lo que todos los niños tienen derecho; por eso me da tanta pena ver familias destruidas y niños sufriendo. Por eso el desborde de emociones. Además son personas a las que quiero mucho aunque no comparto su cosmovisión.

    Pulsar Beta, tristemente así es.

    Joan si tan sólo pudiéramos ver el futuro...... pero eso no es posible, entonces lo mejor is tratar de hacer lo mejor posible y pensar en las consecuencias a largo plazo.

    Maripili, todo depende del árbol y del terreno, de acuerdo -pero también del jardinero :-).

    Besos y abrazos y gracias por su comentarios

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  9. que pena, de verdad como madre siempre he dicho que la labol mas dificil es criar hijos. Es dificil, muy dificil.

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