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lunes, 24 de diciembre de 2007

¿Me he convertido yo en el Grinch?

Hoy es Nochebuena, y para mi será una noche cualquiera. Me han invitado amigos y familiares, y aunque tal vez vaya, la verdad no me hace ilusión. Hubo años en los que celebraba y era muy feliz; pero también los ha habido muy tristes, en los que me la he pasado recordando a todos los que no estaban a mi lado. En esas ocasiones de profunda tristeza me llegaban al oído como un murmullo lejano, algunos versos de Fabio Fiallo:

Qué triste el que lejos de su casa ve pasar la Nochebuena
Ese sabe lo que es frío, y sabe lo que es tristeza,
Estrellita que en el cielo me pareces una lágrima
Cuéntame si estás mirando los que cenan en mi casa…

Sin embargo, ya son tantas Nochebuenas lejos de casa que he terminado por acostumbrarme. Hace dos años volví a casa por Navidad, y francamente no fue lo que yo esperaba. Entonces comprendí perfectamente el verso del Romance Sonámbulo de Lorca “…yo ya no soy yo. Ni mi casa es ya mi casa.” Nada es ya igual, ni la casa, ni la familia, ni el país, ni yo, ni nada. Por eso, hoy no estoy triste sino resignada e indiferente; lo único que ,tal vez, me devuelva el espíritu de la Navidad sería darles a los niños, ajenos y propios todo lo lindo que tuve yo mientras fui niña, y mientras disfruté de la magia de la Navidad; por ahora, Nochebuena y Navidad son dos días más que marca el calendario.

A ustedes que aún celebran les deseo una hermosa velada, y ¡muchas felicidades!

viernes, 23 de noviembre de 2007

¡La importancia de un no a tiempo: una carta para no ser leída!

Recuerdo como si fuera hoy, la primera visita que hiciste con él a la isla; ésa en la que decidieron establecerse de nuevo en el país. Eran buenos tiempos aquéllos. La situación económica era óptima. Tenían todo cuánto querían: casa, carros, los mejores colegios para los niños, criadas, niñeras, plantaciones de flores en Constanza, camiones. Todo iba muy bien con los negocios y con la vida en general; pero, pronto comenzaron los excesos, el despilfarre, los problemas, los accidentes, y antes de que te lo imaginaras, estabas de vuelta en las frías calles de Nueva York. Lo habían perdido todo en un abrir y cerrar de ojos: el dinero, la casa, los carros, los caminos, las plantaciones: todo. La situación económica se torno precaria, pero no era lo más lamentable, todo eso era recuperable con arduo trabajo; lo peor era que para ese entonces, ya llevaban dentro el germen de la destrucción familiar -se habían embarcado en un círculo vicioso, que conforme pasa el tiempo, parece ir de mal en peor.

Para cuando volvieron a Nueva York ya el bebito de los rizos de oro, era casi un adolescente; y quien había sido la princesa de la casa, empezaba la adolescencia. Sus vidas habían cambidado para siempre. Todo lo que les era familiar había quedado atrás: las semanas en hoteles de 5 estrellas en distintos puntos de la isla, la buena vida. La realidad era ahora otra, y la princesita tuvo que convertirse en todo una mujercita a sus doce años. No sé si te acuerdas, pero ella te defendía ante todos; y cuando tu caías víctima de la taquicardia y los problemas, era ella quien te atendía, quien te llamaba la ambulancia, quien lloraba contigo; sólo ella, nadie más. ¡Todo una mujercita a sus cortos doce años! Tu mano derecha, tu confidente, tu enfermera, tu asistente. Muy lejos habían quedado los cuidados de las criadas, su habitación propia, su enorme cama, en la que ella parecía perderse. Es una lástima que hoy ella esté tan destrozada como tú; que se le hayan agotado las fuerzas; que a sus veinte tres años me haya dicho que se quiere morir, pero que no tiene el valor para matarse. Tú le haces falta, siempre ha pensado – y tú lo sabes- que prefieres a su hermano, que lo que a ella le pasa a ti no te importa; ella quiere que te solidarices con ella, aunque sea por por un día, como tantas veces lo ha hecho ella contigo -pero tú siempre te parcializas.

Todos veíamos como tu familia se iba a pique pero ustedes no cambiaron el curso; todo siguió como siempre; luego vino la pérdida de un embarazo de cinco meses -y la depresión que casi te mata-, las discusiones con “la otra”, la separación definitiva, el encarcelamiento de tu esposo, y los problemas económicos siguieron empeorando, y tú haciendo magia para sobrevivir en la nueva realidad; ésa que nunca has asimilado del todo; si me lo permites, te digo que ésa ha sido la verdadera tragedia. Sigues haciendo lo mismo, sigues pensando y actuando igual; y lo peor de todo, es que el cáncer se ha extendido. El círculo vicio sigue, pareciera que no hay escape; el barco se sigue hundiendo. Hoy once años después, las cosas no andan mucho mejor. Tus ataques de taquicardia siguen cada vez peor, la ansiedad se ha anidado en ti, sigues haciendo magia para sobrevivir, pero no has aprendido a vivir, no has aprendido a decir un fuerte no y a sustanciarlo con consecuencias. ¡De verdad que te compadezco!

Hace justamente veinte años que nació quien se convertiría en la luz de tus ojos. Es ya un hombre, aunque no tú pareces entenderlo. Hoy debería estar en la universidad, cursando su segundo año, más sin embargo, está atrapado en una maraña que lo va enredando cada día más. Desertó de la secundaria, se convirtió en padre a los diecisiete años, y hoy te hace llorar lágrimas de sangre. Ese que era tu orgullo a los cinco años, hoy es tu verdugo. A ese que le celebrabas todas sus gracias infantiles, y a quien nunca le negaste nada. Me imagino que jamás lo viste venir, si hubieras sabido la importancia de un fuerte no, tal vez, las cosas serían diferentes hoy.

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miércoles, 5 de septiembre de 2007

De vuelta a la realidad... el sueño de verano terminó

Es obvio que se acabaron las vacaciones -o por lo menos así lo atestigua mi blog. Vuelvo pronto. Es cuestión de cogerle el ritmo al ajetreo del trabajo y de la universidad. Extraño el compartir con ustedes y poder escribir a diario...Extraño mis tardes en la playa y mis lecturas por placer... Mis días de ocio lo han sustituido días de ardua labor.

En la clase que estoy cogiendo en la universidad el profe me tiene anotando textos literarios que necesitan explicación textual para ser entendidos por
cualquier hispanohablantes sin importar de dónde sea.. Esto es difícil por lo diferente del léxico de nuestro idioma en determinadas latitudes. Resulta difícil explicar en un español estándar algunas expresiones o vocablos, especialmente los que vienen muy bien condimentaditos -como algunos que aparecen en el texto que tuve que anotar esta semana... Se trata de un cuento de Ana Lydia Vega. Pues a la muy desenvuelta -por falta de otra palabra, jajajaja- se le ocurre escribir cosas como las que siguen:

"... Se trataba del famoso "caso Malén", tan explotado por la prensa amarilla del país por su carácter particularmente sangriento y su moraleja reaccionaria para mujeres chochicalientes."

Lo caribeño en mí, me viene de perlas para entender el léxico de Ana Lydia Vega. Ni siquiera la última, y colorida palabra, de la cita se me pudo resistir... pues la verdad es que entre un puertorriqueñismo y un dominicanismo sólo está el Canal de la Mona :-). Sin embargo, mi profesor ha exigido que la fuente sea autorizada, o sea que mi vocabulario caribeño no viene al caso, jajajaja. De todos modos, odiaría tener que mirar a mi profe, y explicarle mi nota al calce sobre la palabra en cuestión -aun haciendo el mejor uso del idioma que nos dictan los más esforzados miembros de la ilustre Real Academia de la Lengua Española. Ojalá que el honor le toque a otro :-).

Cuadro: Sueño de un día de verano de
Damian Masotta