domingo, 16 de marzo de 2014

Reincidente en los amores sin futuro

Tenía este post como borrador desde hace algún tiempo. Lo publico hoy porque a esta situción ya se le puso un muy necesario epitafio.

Una de las menos apreciadas ventajas de ser soltero es poder meter la pata repetidas veces, sin causar daños a terceros. Estoy a punto de reincidir en esta práctica: abro la puerta, de nuevo, a un romance que se abortó antes de ser, y cuyo futuro sigue siendo incierto.

Nuestra no-historia se limitó a horas de conversaciones por Internet, varias discusiones teléfonicas, una accidentada cita, un beso y un abrazo. Nada más. Y a pesar de todo, lo que sea que nos atrae se resiste a desaparecer. ¿Será terquedad a la seguda potencia? Podría ser.

Hace unos días recibí un correo en que me decía que venía a verme. El mundo giró sobre sí estrepitosamente, y perdí el balance. Para mí, aquel aborto de romance era asunto superado, puesto desde hace un año en la columna de los intentos amorosos no realizados, fallidos y no consumados.

La reacción inicial fue un gran vértigo, y un mutismo absoluto. Me quedé pensando, ¿qué suponía para mí la llegada de este hombre a mi territorio? Inicialmente, pensé no asistir a la cita, pero una espinita dentro de mí insistía en lo contrario.

La idea de aceptar la invitación se fue solidificando cuando llegaron los correos subsiguientes con sus planes de alojamiento, totalmete ajenos a mí. Esto me hizo bajar la guardia. Así era mucho más fácil. No tenía que salir de la ciudad, ni preocuparme por su estadía. Él vendría a mí, y con su mundo resuelto.

Eso me libero de toda aprehensión. Me agradó, no sé bien por qué, tal vez, le hizo una leve caricia a mi ego. O, tal vez, porque me liberaba de responsabilidades que no estaba dispuesta a asumir.

Este hombre ejerce una fascinación sobre mí que no logro explicar. No obstante odiar nuestros constantes choques, hay algo en él que me cautiva.

¿Por qué chocamos constantemente? Mil veces me lo he preguntado. ¿Será su propensión a hablar  y sobreanalizar demasiado? No lo sé. Lo que he podido sacar en claro, al fin, es la virtud que encierra el mutismo natural de los hombres. ¡Al fin lo he entendido! Nunca más me quejaré del silencio de un hombre.

Lo cierto es que cenaremos juntos, conversaremos, o tal vez, simplemete nos quedemos callados. Lo que no me queda claro es qué es lo pretendemos en vernos cuando hay fronteras físicas y emocionales que nos separan.

domingo, 9 de marzo de 2014

Pequeños placeres

Esta mañana que me ronda la melancolía, he decidido alejarla pensando en esas pequeñas cosas que me hacen feliz.

1. Acostarme en la cama con las sábanas acabadas de cambiar

2. Amanecer en Cabarete 

3. Aprender cosas nuevas 

4. Asistir a eventos culturales: charlas, museos, exhibiciones, recitales 

5. Ayudar a quien me necesita 

6. Caminar descalza en un piso perfectamente limpio 

7. Consentir a mis sobrinos 

8. Conversar con extraños 

9. Deambular por las calles de La Ciudad de Nueva York 

10. Descubrir lugares nuevos 

11. Deshacerme de las cosas que ya no uso 

12. Desvelarme para terminar una novela que no puedo soltar 

13. Dominar mis miedos 

14. Dormir toda la noche y levantarme descansada 

15. El aire fresco de las montañas 

16. El arrullo del sonido del mar 

17. El café negro con nuez moscada 

18. El calor del sol en las mejillas 

19. El choque de las olas en los arrecifes 

20. El color de las hojas en otoño 

21. El jugo de los mangos chorreando entre mis dedos 

22. El jugo de vegetables 

23. El olor a café recién colado 

24. El olor salobre del mar 

25. El Parque Central 

26. El pisco sour 

27. El sol poniéndose sobre Manhattan, visto de Astoria Park 

28. El té de jengibre 

29. Encontrar una notita escrita hace años entre mis cosas 

30. Escribir en mi blog y en mi libretita personal 

31. Estar en la playa 

32. Hablar con mi vecino de 8 años 

33. Hacer el amor después de un día de playa 

34. Hacer el amor por la mañana 

35. Hacer las maletas para un viaje 

36. Hojear libros en las librerías 

37. Imaginarme el futuro que quiero 

38. Ir de gira en familia o con amigos 

39. La brisa del amanecer 

40. La caricia de la lluvia en mi ventana 

41. El roce de mi pelo alborotado por la brisa 

42. La chispa en los ojos de un niño que ha entendido un concepto 

43. La comedia de George Carlin 

44. La comida del mar, especialmente el ceviche 

45. La llamada de un amigo sólo para saber cómo estoy 

46. La lluvia en días tibios 

47. La luna llena 

48. La música clásica 

49. La poesía que sugiere, y no cuenta 

50. La sala de mi casa, una vela y un vino tinto 

51. La sensación de bienestar después de hacer ejercicio 

52. La soledad y el silencio que me permiten crear, pensar y sosegar mi mundo interior 

53. La sonrisa de los niños 

54. La sonrisa de mi madre 

55. La sopa de fideo y pollo 

56. Las cartas o correo electrónicos de gente que hace rato no veo 

57. Las noches estrelladas en campo abierto 

58. Las películas extranjeras 

59. Las primeras flores de la primavera 

60. Las rosas amarillas 

61. Las tarjetas o correos de mis antiguos estudiantes 

62. Los abrazos espontáneos 

63. Los animales 

64. Los cuadros de mis pintores favoritos 

65. Los días de verano 

66. Los huevos hervidos, blanditos como me los hacía mi abuela de niña 

67. Los mimos de mi madre 

68. Los viajes por carretera 

69. Los videos divertidos en YouTube 

70. Mecerme en una hamaca 

71. Meterme al sauna después de hacer ejercicio 

72. Mi casa limpia y ordenada 

73. Mi trabajo 

74. Mis amigos de hace más de 20 años 

75. Mis perfumes favoritos 

76. Observar a la gente ajena a mi mirada 

77. Oler libros nuevos y viejos 

78. Pasar horas desconstruyendo un libro 

79. Pasar rato charlando con mis amigos en un café de la ciudad 

80. Pasear en velero al atardecer 

81. Perderme entre los árboles 

82. Planear. Soñar. Imaginar posibilidades 

83. Presentar mi trabajo en conferencias 

84. Recordar mi niñez, feliz, libre 

85. Reflexionar sobre todos los obstáculos que he vencido 

86. Rodearme de libros 

87. Simplificar mi vida 

88. Tener la atención total de mis estudiantes cuando les hablo 

89. Terminar las cosas que empiezo 

90. Tomar fotos 

91. Un día libre por la nieve 

92. Un masaje de cuerpo entero. Preferiblemente Shiatsu 

93. Un mensaje de un amigo que está lejos 

94. Un partido de fútbol o de Béisbol 

95. Un susurro al oído 

96. Una ducha caliente 

97. Una historia bien contada 

98. Una metáfora bien lograda. 

99. Vagar por Astoria Park 

100. Vivir en la Ciudad de Nueva York

martes, 4 de marzo de 2014

El principito y sus raíces neoyorquinas


El principito es uno de esos libros que nos embrujan. Sus palabras nos envuelven en una encantada red de terciopelo, encandilándonos los ojos, y contrayéndonos el corazón. Lo he leído varias veces, en tres idiomas distintos, y la magia se repite siempre.

Leer El principito  es una entrega dulce, de la que siempre salgo fortalecida y feliz. Nada que ver con el efecto nefasto de aquel libro venenoso que fascinaba a Dorian Gray, y de cuyas páginas emanaba su destrucción.

¡No! La fascinación por El principito nos edifica, nos libera. Nuestro amigo nos toma de la mano, y desde una atalaya nos muestra verdades que habíamos obviado. No nos enseñana nada que ya no supiéramos, y por eso, asentimos, fulminados por la fuerza de sus enunciados. 

The Morgan Library & Museum nos ofrece, en su temporada invierno-primavera, la oportunidad de echar un vistazo al proceso creador de El principito. The Little Prince: A New York Story es una íntima retrospectiva de su gestación, durante la estancia de Saint-Exupéry en Nueva York.

La exhibición  recuenta algunos eventos de aquellos días. Incluye manuscritos, ediciones antiguas, pasajes y dibujos eliminados de la versión final, cartas, entradas de diario de aficionados, la dedicatoria del autor a su primer lector infantil, el contrato original de la publicación del ibro, entre otras cosas.

La última parte de la exhibición tiene que ver con la vuelta de Saint-Exupéry a Europa. Hay fotos, un brazalete, y algunos hechos sobre Saínt Exupery y la Segunda Guerra Mundial. Lo último que leemos antes de salir de la sala es sobre su desaparición en 1944 mientras hacía, lo que sería, su último vuelo de reconocimiento.

Uno de los datos más interesantes, para mí, fue el que Orson Welles intentara hacer de El principito su tercera película. Y, ahí, tras el cristal, está el guión, con anotaciones y todo, que atestigua el hecho. ¡Fascinante!

Welles intentó buscar la colaboración de Walt Disney para la realización de la película. El proyecto no prosperó, porque éstos no lograrían ponerse de acuerdo. Según Welles, Disney salió disparado de la reunión que sostenían, argumentando que allí "No había espacio para dos genios."

Interesante también, me pareció el que Saint-Exupéry llevara toda una vida haciendo ilustraciones al margen de sus darios, que llegarían a ser parte de lo que sería El principito aunque con modificaciones. Es como si el personaje se le hubiera ido revelando poco a poco, sin que él lo supiera.

The Little Prince: A New York Story es una exhibición sencilla, y quien no se adhiera al culto que yo le profeso a El principito corre el riesgo de salir desilusionado. Yo, por el contrario, quedé complacida. Debo decir que, mientras estuve presente, constaté la diversidad del público. Había  niños, adultos y ancianos. Un excelente testamento del encanto y vigencia de este gigante en miniaturas. 

sábado, 1 de febrero de 2014

Dylan Farrow rompe el silencio sobre Woody Allen

Dylan Farrow publica hoy una carta abierta sobre el alegado abuso sexual del que fue víctima cuando tenía siete años. La carta abre con la pregunta ¿Cuál es tu película favorita de Woody Allen? Y nos advierte esperar un poco antes de contestar. Lo que prosigue es su versión de cómo fue abusada sexualmente por su padre adoptivo, Woody Allen.

Según Dylan, Woody Allen la molestó sexualmente desde que ella tuvo memoria, pero el episodio más grave ocurrió en el ático de la casa cuando ella tenía siete años. Farrow cuenta que Woody Allen le dijo que se acostara bocabajo, y jugara con el tren eléctrico de su hermano. Dice que mientras él la abusaba, le decía que era una buena chica, que éste sería su secreto, le prometía viajes a Paris, y salir en sus películas.

Una vez Dylan le confesó a su madre lo ocurrido, empezaron las entrevistas con doctores que intentaban descubrir si ella mentía, y si la acusación era producto del pleito por la custodia legal que se lleva a cabo entre Woody Allen y Mia Farrow. El hecho de que el alegado abusador era el afamado Woody Allen hacía más fácil que muchos estuvieran dispuestos a atacar la credibilidad de la niña.

Dylan Farrow nos cuenta sobre cómo el abuso sexual la marcó. Se sentía responsable de que Woody Allen pudiera estar cerca de otras niñas, ya que no fue condenado. El toque de los hombres le producía miedo, desarrolló trastornos alimenticios y se cortaba la piel. Hoy dice haberlo superado, estar felizmente casada y contar con el apoyo de su madre y sus hermanos.

Dylan Farrow lanza una crítica mordaz a Hollywood, a los críticos de cine, a los actores que lo alaban al recibir premios, a las revistas que los ponen en sus tapas, obviando las acusaciones de abuso sexual. También critica a los que escudan su apoyo a Woody Allen en que nadie sabe lo que ocurrió verdaderamente.

Al final de la carta, nos pide imaginarnos dos cosas: a una hija nuestra, de 7 años, siendo llevada a un ático por Woody Allen, que subsecuentemente siente náusea cada vez que escucha su nombre, y la realidad de que nuestro mundo idolatra al cineasta que la ha abusado. La carta cierra con esa imagen, y con la pregunta inicial: ¿Cuál es tu película favorita de Woody Allen?

La confesión de Dylan Farrow me pareció escalofriante. Y me ha hecho pensar en el viacrucis que viven las víctimas de abuso sexual en nuestra sociedad. Casi siempre se parte de la premisa de que la víctima miente, especialmente, cuando el acusado es famoso o poderoso.

No debe sorprendernos que muchas víctimas opten por el silencio. Hablar equivale a revivir el dolor del abuso, y muchas veces, la confesión no lleva a nada. Cada quien decide a quien creerle. Yo le creo a Dylan Farrow, ¿por qué habría de mentir ella? ¿Qué ganaría con eso?

Por otra parte, acepto la parte que me corresponde de su crítica. Siempre he sido amante de las películas de Woody Allen, a pesar de que como ser humano me parece despreciable. Lamento mucho que mi amor por el cine de Woody Allen sea visto por Dylan Farrow como aprobación de sus actos. No lo es en absoluto. Para mí, el brillante cineaste, podría muy bien ser ese abusador que ella describe. 

sábado, 18 de enero de 2014

Exonerados los asesinos de Kelly Thomas, un guión que se repite

Muchos piensan que la policía los protege. Sin embargo, su función no es otra que defender a los poderosos y mantener el control social para evitar una posible rebelión de las masas. Los abusos de los perros bravos del statu quo son cada vez más salvajes y frequentes. .

Mi clase introductoria a la brutalidad policial me la ofreció la golpiza a Roney King. La graducación la obtuve con el asesinato de Anthony Báez y Amadou Diallo. Los asesinatos a manos de la policía no han cesado. Las víctimas son cada vez más: Sean Bell, Kimani Gray, Oscar Grant, Kelly Thomas, y un interminable etcétera.

Uno de los más horrendos asesinatos de la policía, en tiempo reciente, ha sido el de Kelly Thomas, un desamparado que padecía de esquizofrenia. A pesar de que la policía incautó los teléfonos y cámaras de los testigos presenciales, hemos visto el ataque del que fue víctima en la grabación de una cámara de seguridad.

La rabia no se contiene al presencia el asesinato de este pobre hombre. Nos damos cuenta de que no hubo ningún tipo de justificación para tal crimen. Uno no puede evitar preguntarse, pero, ¿por qué lo están matando? La única respuesta posible es porque les dio la gana, o porque podían hacerlo sin temer a las consecuencias.

Kelly Thomas estaba desarmado. Era un hombre pequeño, en comparación con sus verdugos, pesaba, tal vez, unas 150 libras. El video muestra que fue fácilmente dominado ¿Por qué entonces los incesantes golpes y las descargas eléctricas?

Aún peor es ver la llegada de cuatro policía más, que de inmediato se unen a la golpiza de un hombre indefenso. Sin duda tal salvajismo habla de la estupidez, la falta de ética y empatía de la fuerza policial. Los recién llegados no piensan, actúan por instinto, como los animales que son, a pesar de que Thomas no era un peligro para ellos.

El  vídeo del asesinato se me ha quedado en la conciencia, y me ha atormentado por días. Es imposible no escuchar  los gritos de Kelly thomas pidiendo auxilio, diciendo que no podía respirar, disculpándose, llamado al padre, y luego el silencio delatador de que ha quedado inconsciente. La saña de los policías sólo cede ante tal indicio.

Kelly entró en profundo coma, producido por los golpes, y la falta de oxígeno. El forense ha determinado que se ahogó en su propia sangre mientras era golpeado por las bestias uniformadas. Kelly ya no despertaría jamás del coma. Unos días más tarde, sus padres decidieron desconectarlo del respirardor artificial, y poner fin a su tragedia.

Kelly Thomas se ha convertido en una estadística más de la brutalidad policial. Los oficiales no tienen el menor respeto por la vida de los ciudadanos porque saben, de antemano, que la justicia que representan, los exonará de toda culpa. Los policías son siempre inocentes en el injusto sistema judicial de Estados Unidos.

Esta semana los responsables de la muerte de Kelly Thomas fueron declarados inocentes. Este guión lo conocemos bien. La lista de víctimas sigue creciendo ante nuestra mirada impotente. Y, la pregunta necesaria se me hace ¿hasta cuándo toleraremos el abuso de poder?

sábado, 11 de enero de 2014

El feminismo y la lucha social

Quiero compartir esta cita que he encontrado en el libro, que actualmente leo, Severino Di Giovanni: La pasión por la anarquía. Di Giovanni, como buen anarquista, entendía la opresión de la mujer como parte integral de la lucha social.
"Así como los obreros sufren la tiranía económica de la clase capitalista, así las mujeres -en la costumbre y en la ley- son víctimas de la tiranía del sexo masculino... 
Las mujeres deben tener la misión y el interés de preocuparse con todo amor por la cuestión social, porque el feminismo fuera de ella será sólo una vana academia de pocas comadres ambiciosas." Severino Di Giovanni (En Culmine, 1927)
Estoy de acuerdo en que la problemática de la mujer debe ser parte intrínseca de la lucha social en general. El feminismo debe estar en el centro, y no al margen, de la lucha por una sociedad más justa e igualitaria.

martes, 31 de diciembre de 2013

2013: algunas vivencias en retrospectiva

El 2013 fue un buen año. Lo que sigue es un recuento de trece momentos que viví a plenitud este año. El fin de año es siempre momento de pasar balance vital. Prefiero recordar MOMENTOS en los que logré algo tangible, sentí miedo, fui valiente, emprendí alguna aventura, o simplemente disfruté de las cosas que me gustan. He aquí trece experiencias, sin ningún orden específico, que hicieron mi 2013 un año memorable.

I. Una cita amorosa a 275 millas de casa. Quedamos de vernos en un restaurante que está en Oneida Lake, N.Y. Ambos condujimos cinco horas. ¡Esto fue una locura! El resultado fue desastroso, pero me disfruté la aventura. Llegué al lugar, lo esperé. Comimos y charlamos un buen rato. Dimos una caminata cerca del agua, que estaba totalmente congelada, y nos dijimos adiós. No hubo más citas.

II. Me fui al monte a pensar. Estar cerca de los árboles tiene un efecto tranquilizador, y suele ayudarme a aclarar mis pensamientos. Debía decidir algo importante, y estaba aterrada, llena de dudas. Quería la quietud de las montañas para escuchar mi voz interior, sin que mis pensamientos la inhibieran o confundieran.

Me fui a las montañas de Pine Hill New York a estar conmigo misma lejos del bullicio de la ciudad. Me quedé por cuatro días. Empezaba el día con una caminata de dos horas, subiendo montañas. ¡Nada fácil! Durante los días que estuve allí sólo consumí jugos naturales.

Me sentaba a escuchar el agua de un pequeño arroyo serpentear, y eso me daba mucha paz. Sentía que yo también me iba en ese discurrir eterno del arroyo. Pasaba ratos en este estado dejándome arrastrar con el agua.

Quería sólo sentir. No quería analizar nada. Buscaba que brotara de mis adentros, sin esfuerzo, la respuesta a la pregunta que me había hecho.

Me adentré en mí, unos días después, al abrir los ojos en la mañana, ya tenía la respuesta que buscaba.

III. Defendí mi propuesta de disertación y estoy a punto de terminar el primer capítulo. Me tomé ocho meses de investigación, y escritura para darle forma coherente a mi propuesta. El título de mi disertación es Subversión y marginalidad en tres novelas de Juan Filloy de la década de 1930.

IV. Presenté un trabajo sobre mi tesis en la Universidad de Pittsburgh. El trabajo se llama Los otros en las novelas de Juan Filloy. Fue una experiencia muy bonita e estimulante. Conocía gente interesante y que también trabajan en sus tesis.

V. Decidí ser madre soltera. Nunca he sido una mujer tradicional, de esas que sueñan con el matrimonio, el vestido blanco y los hijos desde la infancia. No estaba segura de querer hijos. Siempre pensé que cuando llegara el momento, mi compañero y yo lo decidiríamos. Sin embargo, soy una mujer soltera, que no tiene una relación estable. Así es que me tocó decidirlo sola.

Mi primera intención fue adoptar. Una vez me di cuenta del trabajo, el costo y todo lo que conlleva el proceso, decidí cambiar de plan.  La decisión está tomada, y la ejecutaré cuando sea pertinente.

VI. Consideré cambiar de trabajo. Amo mi trabajo y soy buena en lo que hago. Llevo quince años en mi trabajo actual. Sin embargo, este año por un sinnúmero de factores, decidí explorar un cambio de trabajo. Creo que fue un momento importante, porque lo que estaba al fondo de todo esto, no era ganar más dinero, de hecho ganaría menos si empezara de nuevo, sino un deseo de dedicarme a la enseñanza universitaria. No he decidido nada aún pero es una posibilidad. Veremos que trae el futuro.

VII. Terminé de pagar préstamos estudiantiles y otras deudas. Me propuse pagar todas mis deudas en dos años y lo logré. Soy muy feliz de vivir sin deudas.

VIII. Leí. No sólo para la tesis sino por puro placer. Leí en inglés y español. Leí buenos libros, y otros no tanto. Leí novelas e historia.

Descubrí la figura de Severino Di Giovanni que me ha fascinado, y sobre quién me he formulado una hipótesis relacionada con la tesis, que aún tengo que probar o descartar.

El libro más me impresionó fue Cosmos de Witold Gombrowicz. Al leerlo tuve ganas de decir, “Mierda y eso es posible” como alguna vez dijo Márquez al leer Pedro Paramo. Gombrowicz tiene un estilo único, que suele marearnos, hipnotizarnos, y envolvernos, sin chistar, en las más absurdas aventuras narrativas. Si tuviera que caracterizarlo diría que es cómo una bola de nieve que una vez en movimiento va aumentando, y no se detiene jamás.

El peor libro que leí fue Plegaria nocturnas de Santiago Gamboa –el crítico que dijo que este tipo es, junto a García Márquez, el mejor escritor de Colombia, se le flojeó una tuerca.

IX. Continué con mi deseo de vivir con menos. Todos los días quiero vivir con menos. En mi casa tengo lo esencial. Nada de excesos. Me gusta viajar ligero por la vida, tanto en lo interior como en lo exterior.

X. Experiement'el síndrome de Standhal mientras estuve al ver el David de Michelangelo. Había leído de la gente que es presa de este síndrome ante la abundancia de belleza. Imagino que fue lo que me ocurrió ante la estatua de David. Se me aceleró el pulso, el corazón se me atragantó, y las lágrimas salieron a borbotones, sin que yo hiciera nada. Sin embargo, fue una experiencia que no calficaría de enfermedad. Fue totalmente emotiva y placentera.

Me quedé estupefacta ante tal grado de perfección. Nunca he visto una escultura más perfecta. Al David sólo le falta respirar para ser humano. Su mirada, la alteración de sus venas, sus músculos tensos, esperando el momento justo de atacar a su oponente me sobrecogieron totalmente.

XI. Pasé un día con un perfecto desconocido. Entré a un restaurante y ahí estaba. Ni idea tenía de lo que seguiría después. Un día repleto de atenciones y humanidad compartida. Me regaló flores, comimos helado, y caminamos bajo la lluvia. Fuimos a un museo, y descubrimos callejuelas. Esta experiencia fue algo así como un embrión de romance abortado por el reloj, y la imposibilidad de la distancia.

XII. Escalé un volcán activo. Subí a la cima del Vesubio. Escalé sus 1.238 metros de altura bajo un sol infernal. Valió la pena ya que la vista de Nápoles que ofrece este monte es impresionante. Comprobar la extensión del cráter nos da una idea de la fuerza destructora de este coloso.

XIII. Visité Italia. Siempre había querido ir a Italia. Debí haber ido en el 2003, pero por razones que no vale la pena recordar, el viaje no se dio. Así que este año me regalé un viaje a Italia de cumpleaños. Disfruté cada instante de mi estadía. Me quedé con las ganas de volver, y pasar una larga temporada allí.

Roma: Estar en Roma es estar en un hermosísmo teatro al aire libre. Caminé muchísimo. Cogí el metro y el bus. Me perdí. Pregunté. Hablé italiano, español y también inglés. Vi la ciudad iluminada desde Il Ganicolo. Estuve en la fontana de Trevi, en el panteón, en las plazas.

El coliseo, el foro romano y el Palatino: ¡Qué impresionante estructura es el coliseo! Y, pensar que fue construída en ocho años. ¡Pobres esclavos! Pasé horas muertas disfrutando la vista, leyendo sobre su historia, e imaginando toda la sangre que se derró en este lugar. A un lado está el arco de Constantino, y por otro ángulo el antiguo templo de Venus. Después de visitar el coliseo anduve por la colina del Palatino, y terminé mi día en el Foro Romano. Sin duda uno de mis mejores días en Italia.

El vaticano: Fui al museo, la catedral y anduve callejeando un poco. Me gustó el museo, especialmente los cuartos de Raphael, y la Capilla Sixtina. Sin embargo lo que más me gusto fue haber escalado al tope de la cúpula de la catedral y ver desde arriba Roma, y la plaza de San Pedro. Es una vista espectacular por la que vale la pena escalar los 583 escalones.

Florencia: Todo lo que había esperado de esta mágica ciudad era cierto, y mucho más. Es vivir en un museo al aire libre. Se respira arte por todas partes: edificaciones maravillosas, estatuas, monumentos, todo antes nuestra vista para disfrutar.

Santa Croce: Me gustó mucho más que la catedral. Estaba en obra, pero aun así pude apreciar su belleza. Allí están las tumbas de Dante (vacía), Galileo, Machiavelli y Michelangelo, entre otros. Los mausoleos de Michelangelo y Galileo son preciosos.

Galleria dell’Academia: Hay varias razones para visitarla, la más importante el David de Michelangelo, y sus obras incompletas.Michelangelo siempre dijo que sus figuras estaban dentro del mármol esperando ser descubiertas. Al ver sus obras incompletas se hace palpable este concepto: iba desenterrando sus esculturas, dándole forma, sin modelo previo. Las visualiazaba, y entonces empezaba a "desenterrarlas". Michelangelo fue simplemente genial.

L’Uffizi: Es uno de los museos más impresionantes que he visto. Aquí vi las obras de Giotto, Botticelli,  Caravaggio, Tizziano, Leonardo y otros tantos. Vi una exhibición que se llamaba La primavera del Renacimiento. Simplemente maravillosa. Esta exhibición traza una línea recta desde del nacimiento hasta su máximo esplendor. Nunca antes había contemplado la progresión de la perspectiva y los colores como lo presentaba la exhibición . Pasé una tarde espléndida y salí renovada por tanta belleza.

La piazza di Michelangelo: Ofrece una hermosa vista de la Florencia. Su localización en una colina nos permite ver el sol reflejado en el río, mientras sus rayos van muriendo sobre la ciudad. El sol mortecino tiñe todo el ambiente de ámbar.

La catedral y el baptisterio: Estuve en la catedral, pero no subí al campanario ni al domo. Me faltó tiempo. Bajé al sótano vi las ruinas de la iglesia original (siglos IV y V). Pasé a visitar la tumba de Brunelleschi por un instante. Disfruté mucho más el baptisterio, especialmente las puertas y el techo. Un monumento digno de ver.

Venecia: ¡Qué linda es Venecia! Viajar por el gran canal fue un encanto. La vista es bellísima.

Palazzo Ducale y Ponte dei Sospiri: además de ver las obras de arte que contiene el palacio Duchalli, exploré la antigua cárcel que alberga en el sótano. Y crucé el tristemente celebre Ponte dei sospiri.

La piazza di San Marco: es la plaza más bonita que conozco. Tiene un ambiente mágico. Al caminar entre palomas, enamorados, visitantes de todo tipo, se puede escuchar varias orquestas tocando música clásica. Me tocó disfrutar de las cuatro estaciones de Vivaldi a pleno aire libre. ¡Hermoso!

Venice Ghost WalkingTour: Caminamos por los lugares “encantados” de Venecia. Me gustó mucho, porque me permitió ver partes de la ciudad que por mí cuenta no habría encontrado. El viaje terminó en La Fenice uno de los teatros más importantes de Europa. El teatro ha sido consumido por el fuego dos veces, y como el fénix se ha levantado. En este teatro Verdi estrenó Attila, Rigoletto, La traviata y Simon Boccanegra.

El 2013 fue un año transformador. Puse a pruebas muchas de mis creencias, y creo que salgo de él siendo mejor persona, y dispuesta a mirar la vida de frente, aun cuando en vez de sonrisa me ofrezca una mueca de dolor.