viernes, 22 de octubre de 2010

El precio de la desnudez

Tendría yo unos doce o trece años la primera vez que me rasuré las piernas. Así se inició una larga, costosa y dolorosa lucha contra el vello.

Unos años más tarde empecé a depilarme. Confieso que lo habría hecho mucho antes, pero no hay libertad sin independencia económica, así que tuve que  que esperar hasta obtener el primer trabajo que me permitía esos excesos.

No puedo dejar de contarles una anécdota que me ocurrió en mi afán de lucir una piel desnuda de vello.Resulta que vi un comercial en la tele sobre una cera maravillosa que funcionaba sin calentarse. Y me dije, "eso es exactamente lo que necesito. Así no se me irritará la piel." Pedí la bendita cera por teléfono, y en unos días ésta llegó a mi puerta.

Extraje el contenido, y puse mano a la obra. ¡Qué Inocente era yo entonces! Imagínense que  pensaba que sería todo tan limpio, tan fácil y tan indoloro como lo había visto en la pantalla. ¡Ese era el punto del comercial! ¿No? Los publicistas son genios y los mejores manipuladores que conozco. La chica del comercial salía del baño envuelta en una bata, y con una sonrisa despampanante.  A juzgar por su cara el proceso no dolía en lo absoluto, y yo caí redonda en la trampa.

Me puse cómoda y preparé todo: la cera, la tela y el aplicador.  Esparcí la cera sobre un área de la pierna. Coloqué la tela y tiré de ella. El primer intento fue fallido, pues la cera era muy espesa y yo había aplicado demasiado a la piel. Además, al tiral de la tela, lo hice muy suavemente, y no resultó. Volvía leer las instrucciones. Retiré la cera aplicada, y ésta vez esparcí una capa mucho más fina. Al tirar de la tela, lo hice con mucha fuerza y de golpe.

No se podrán imaginar el dolor que sentí.  La piel quedo libre de vello, pero sembrada de hematomas pequeños. Me fue tan mal, que abandoné la empresa en ese mismo instante,. Le puse la tapa a la cera y la dejé  relegada en un gabinete del baño. La piel ardía en llamas, le apliqué agua fría, sávila, todo cuanto se me ocurrió buscando un poco alivio. Me bastó esa experiencia para buscar la ayuda de un profesional. Y, así religiosamente, lo he hecho por años.

El otro día agarré una calculadora y me puse a sacar cuentas de cuánto dinero he gastado en la eliminación temporal del vello, y la suma me causó escalofrío. Es cierto que he lucido piernas libre de vello, pero también es cierto que cada tres o cuatro semana debo repetir el tratamiento. No estoy orgullosa de haber gastado esa astronómica suma en algo tan banal, pero tampoco quiero vivir con las piernas sembradas de vello.¿Qué hacer entonces?

Me puse a investigar sobre el costo y los efectos del láser en la piel. Encontré que es costoso, doloroso pero relativamente inofensivo a la salud. Hasta ahora es la mejor solución para el vello no deseado, aunque su efectividad no es al cien por ciento.

La decisión está tomada: me someteré a otra tortura más con tal de dejar la piel libre del monstruo que le roba su desnudez.

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3 comentarios:

  1. O.O
    Una mujer en twitter dijo algo como "si los hombres supieran cuánto nos cuesta ponernos lindas para ellos hace rato que lavarían, plancharían, cocinarían y hasta darían a luz" xD

    Yo soy velludo -y sobretodo del ombligo para abajo- y así me gusto y hasta ahora así gustó =P

    saluos!!

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