domingo, 25 de noviembre de 2012

Sí al amor, y al matrimonio, tal vez

Toda sociedad tiene  modelos pre-hechos en los que pretende enfundar a sus ciudadanos. Se espera que todos nos ajustemos a estos modelos, quepamos en ellos o no. Uno de estos estuches es el matrimonio. Toda mujer normal debe casarse, parir hijos y ser una buena esposa. Por siglos, la mujer no existió como individuo sino como la reproductora de hijos que perpetuaban el orden patriarcal. A pesar de que eso ha cambiado, y hoy día el matrimonio y la maternidad no suponen una negación del ser, hay mujeres que conciben una vida al margen de esta dicotomía.

Sin embargo, una mujer que no se ha casado, o peor aún que no tiene hijos, es vista como una anomalía. Todos se sienten con el derecho de cuestionarla y hacerle ver el error en que ha caído.  Otros más osados llegan a ofrecer soluciones, sin ni siquiera pensar por un momento en que para esa mujer el no casarse es simplemente una opción. No se detienen a pensar en que el conocer a alguien y casarse es bastante sencillo, si el énfasis se pone en el trámite y no en la plenitud de la relación, el crecimiento y plan de vida de los cónyuges.   

Hay muchas razones por las que una mujer puede decidir no entrar en un contrato legal con un hombre.  Las principales podrían ser la falta de fe en la institución del matrimonio, el no haber encontrado el amor que ella anhela, o simplemente que no le da la gana de atar su vida para siempre a un hombre. En nuestra sociedad el matrimonio es parte de un to-do list que hay que cumplir ante de cierta edad, y esto lleva a muchas personas a tomar decisiones precipitadas. En muchos casos, tras una bonita y costosa boda, los esposos se enfrentan a un doloroso divorcio en un tiempo relativamente corto.

Para mí, lo importante no es el matrimonio en sí, sino el amor. Nunca he aspirado a casarme aunque he buscado el amor incesantemente, y jamás desistiré de ello. El amor es una necesidad humana. El matrimonio es una opción. Éste no es más que una institución que nos han heredado el Estado y la Iglesia en su necesidad de perpetuar el orden social. 

El matrimonio sostiene la sociedad, es lo que le da homogeneidad. No es por accidente que los guardianes de la moral demonizan a las madres solteras, a los homosexuales, y todo aquél que no se ciñe al orden establecido. Los curas y los políticos nos hablan de la importancia del matrimonio. Esto tiene sentido si pensamos en que unos y otros necesitan que el matrimonio le produzca hijos bien educados, o sea que obedezcan sin chistar, que no se desvíen, que se conformen, y, que a su vez, repitan el mismo patrón.

No ha de sorprender, entonces, que cualquiera que se sitúe en los márgenes de este entramado social sea señalado e identificado como una anomalía que hay que combatir -ya sean solteronas, madres solteras o homosexuales. Aunque cabe mencionar que cada vez más personas desafían este orden social: viven con su pareja sin casarse, y tienen o adoptan niños como padres solteros. Sin embargo, estas transgresiones no están exentas de la ojeriza y amonestación de los guardianes del bien vivir. 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Dominicanos en Nueva York protestan contra el paquetazo


Un sábado típico usted me encuentra en la biblioteca trabajando en mi tesis. Hoy hice un alto en los estudios porque tenía que decir presente en la protesta dirigida por varias organizaciones en contra de la corrupción administrativa, el nuevo código penal, y el paquetazo neoliberal del gobierno de Danilo Medina. Nos congregamos ante el consulado dominicano en Nueva York, localizado en el 1501 de Broadway, entre las calles 42 y 43.

Llegué a las nueve y dieciocho de la mañana, y ya algunas personas empezaban a reunirse. En poco tiempo, el espacio se fue llenando de gente con sus respectivas pancartas, pitos y banderas. A partir de las diez aparecieron las güiras, un tambor real, y otro improvisado: una cubeta.Luego, empezaron los discursos espontáneos,  las consignas a ritmo de música. Pronto, la gente empezó a animarse y a vibrar. Se respiraba un aire de solidaridad, entusiasmo, indignación  y ansias de continuar la lucha. Esta protesta fue sólo el principio de lo que será una lucha sostenida.

A medida que la manifestación iba agrandándose, la policía nos pedía que nos fuéramos al lugar reservado para nosotros sobre la calle cuarenta y dos. Allí teníamos toda la cuadra para protestar, pero fue imposible convencer a la gente de moverse. La policía insistía que sólo podía haber una veintena de nosotros frente al consulado. Mientras tanto, la gente seguía llegando, y nadie se movía. Fue entonces cuando algunos jóvenes hablaron con la policía, y ésta al final cedió, con la condición de no bloquear el tráfico. 

La policía puso barricadas alrededor de los manifestantes. La muchedumbre estaba eléctrica, todos cantaban a coro consignas tras consignas: “E’ criminal esa reforma fiscal”, “Ese paquetazo no lo pago yo, que lo pague Leonel, que se lo robó”, “Fuera la’ botella’ de los consulados”, “Es criminal ese código penal” “Policía nacional: una banda criminal” “Danilo cobarde, el país te queda grande” , “Fuera del país el FMI,” entre otras.

A pesar de que se protestó contra todo, había cierta resistencia por el grupito que llevaba la voz cantante a lanzar consignas en contra de la policía nacional y del código penal. Sin embargo, algunos de nosotros entendíamos que la protesta no debía estar basada en Leonel Fernández, exclusivamente. Por lo tanto, dos hombres, una muchacha y yo intentamos en varias ocasiones de desviar la atención hacia el código penal y la reforma de la policía nacional -pensamos en todos sus muertos, y especialmente en Willy Florián. En dos ocasiones logramos vociferar las consignas "Policía nacional: una banda criminal" y "Es criminal ese código penal" y arrastrar el coro de una parte de los manifestantes con nosotros.

Tiempo seguido, se oyó el reclamó de las mujeres de voz de la  muchacha mencionada en el párrafo anterior, quien empezó a vociferar lo que significará el nuevo código penal para la mujer dominicana.  Acto seguido le fue cedido el alto-parlante y la muchedumbre empezó a vociferar "Mujeres unidas, jamás serán vencidas."

Debo decir que nuestras consignas contra la violencia policial y al nuevo código penal fueron ahogadas rápidamente por el clamor "Leonel: ladrón" que volvía a centrar la atención de la protesta sobre el ex-presidente.  Me parece que los organizadores deberían cuidarse un poquito más de no enfocar toda la indignación sobre el ex-presidente Fernández. Entiendo que hay razones de sobra para hacerlo, pero creo que la lucha debe aspirar a ir más lejos.

Es bueno recordar que de la condición actual son responsables todos los gobiernos dominicanos. El PLD nos ha arruinado, pero el primero en traicionar el pueblo al entregarle el país al Fondo Monetario Internacional fue el PRD. Además su último período de gobierno se caracterizó por la corrupción administrativa también.

Ojalá que estas protestas construyan un movimiento de concientización ciudadana que entierre para SIEMPRE la cancerosa partidocracia del PLRD. Espero que una de las cosechas de este movimiento sea el surgimiento de una verdadera opción política para los dominicanos. ¡Basta ya del PLRD, la República Dominicana precisa de sangre nueva! 

lunes, 29 de octubre de 2012

Momentos felices


¡Qué majestuoso atardeced en medio del Atlántico! Fue un momento de perfección en el que la belleza exterior impregnaba de dicha mi mundo interior. Es siempre maravilloso volver a embriagarnos de esas pequeñas cosas que disfrutamos, al tacto de los dedos, con la caricia de una mirada, o por la entrega de un sonido.

Son momentos de profunda amonía, cuya magia radica en su permanencia y su autonomía de terceros. Fui sumamente dichosa observando ese atardecer, perdida en medio del océano. Sí, feliz, porque la felicidad no es ese estado escurridizo que nos han enseñado a perseguir, sino la magia del instante fugaz, vivido a plenitud.

domingo, 28 de octubre de 2012

Los ríos profundos encuentran sus cauces

Tras el desborde de los ríos profundos, las aguas vuelven a su cause. Imagino que esas sacudidas son inevitables, y tal vez, hasta necesarias. Uno se retuerce, patalea, y luego viene el auto-análisis, y la energía para empezar de nuevo.

Fueron tres días de angustia, pero ya estoy bien, y viendo las cosas con mucho más claridad. Todo ha sido puesto en su lugar, porque el dolor a veces distorsiona la magnitud de las cosas.

Mi mejor cualidad, tal vez sea, mi espíritu de guerrera incansable. No ha nacido el hijo de puta que pueda cambiar ese espíritu combativo ante la adversidad, y subyugue mi fortaleza espiritual y autonomía. Sin embargo, los ha habido cuya ausencia me ha mantenido inerte por algún tiempo, pero eso ya se acabo: para quien salga de mi vida, no hay espacio ni siquiera para su recuerdo.

El jueves cuando mi amigo me informó, cobardemente vía email,  que había alguien más y que se decidía por ella, me sorprendió mucho la noticia. Este hecho me removió otras heridas, y me llevó a un estado de angustia insospechado. Sin embargo, lo que me dolió no fue tanto perderlo a él, sino el revivir otros fracasos amorosos. El canadiense yo a penas empezábamos a conocernos, pero sí había contemplado la posibilidad de que pudiera resultar una relación de esta amistad, pues todo, marchaba muy bien desde hacía unos meses.

En la vida hay cosas que se aprenden a rebencazos emocionales, y a mí me llevó más de 20 años aprender que cuando alguien te deja, especialmente si no te lo veías venir, y te lo informan de una forma tan cobarde, lo mejor es dejar el dolor bullir y desbordarse unos días, luego limpiarse las lágrimas y empezar a buscar el sustituto sin demora. El quedarse en casa lamentando lo que pudo haber sido, presos de la auto-compasión sólo sirve para prolongar el dolor innecesariamente. Por eso, esta mañana me maquillé, me vestí y salí a besar la mañana con una sonrisa en los labios.

jueves, 25 de octubre de 2012

Corrientes subterráneas

Uno se levanta todas las mañanas, se pone su máscara de persona normal, y sale a la calle a hacer lo que tenemos que hacer. Nadie imagina que debajo de ella corren torrentes de penurias y penas, que subyugamos, simplemente para dar nuestra función y recibir la recompensa de la audiencia, ya sea un aplauso, una sonrisa, o un cheque al final de la quincena.

Y así lo hacemos siempre, tan bien, que podemos pasar desapercibidos entre la multitud de payasos, que al igual que nosotros, hace su función lo mejor que puede. Es tan patético el asunto, que después de un tiempo, uno llega a dominar tan bien la dualidad que careta y ser se funden; y mientras la función se desarrolla, parecemos uno más del montón: felices, plenos, y en total control de nuestras vidas…


Sin embargo, un buen día, de repente, un evento imprevisto nos toma por sorpresa, nos asalta justo antes de entrar en personaje; y entonces, ya no hay forma de su subyugar los torrentes, que a fuerzas de máscaras y diques mantenemos corriendo en lo profundo del ser como ríos que serpentean por el subsuelo.

domingo, 9 de septiembre de 2012

De cómo descubrí al escritor Juan Filloy

El día que me regalaron Así se escribe un cuento, no imaginaba que ese libro iba a darme la llave hacia el escritor que se convertiría en sujeto de estudio de mi tesis. Me gustó mucho el libro, y me causaba mucha ternura porque al leerlo se me iba deshojando en la mano. Sus páginas amarillas y frágiles, requerían de mis cuidados para permanecer en su lugar. 

En el libro, Mempo Giardinelli incluye una serie de entrevistas a escritores, entre las cuales descubrí un nombre que jamás había escuchado: Juan Filloy. Al leer su entrevista me pareció un tipo inteligente, controversial, con mucho que decir, y digno de que se le leyera. Hice una marca sobre su nombre y coloqué en mi escritorio un post-it con el nombre de la novela que me compraría: Caterva. 

En aquel momento estaba en proceso de delinear un tema y escribir mi propuesta de tesis sobre la obra de Juan Bosch... Llevaba un semestre estudiando su obra, pero entonces, recibí la noticia que lo cambiaría todo: mi tema había sido estudiado ya. Le explique a una antigua profesora lo que había hecho hasta entonces, y ella con todo el cariño del mundo me explicó que lo que quería hacer no sería una investigación original como debe ser una tesis doctoral.

Esas palabras retumbaron en mí con la intensidad de un trueno. Sentí que el corazón y los pies se aunaban. Sus palabras suponía abandonar todo un semestre de trabajo, todo cuánto había avanzado, ahora debía retrocederlo. Me sentí perdida, y entendí que esas palabras me debieron haber sido dicha el semestre anterior....¿Por qué las escuchaba ahora por primera vez?

 Me dio mucha rabia, lloré, llamé a mi ejército de amigos cómplices y me quejé, y pataleé, pero en el fondo estaba sumamente agradecida con la profesora que me hizo ver lo que otros habían callado, por razones que  desconozco. Me sumí en un silencio reflexivo que duró varios días, me llené de dudas, y ansiedad... Una semana después, recordé a mi nuevo amigo Filloy, quien ya me esperaba en mi escritorio, con la seguridad de quien se da cuenta que se ha hecho necesario.

Me dediqué a indagar sobre su obra, y con cada página que leía me iba llenando de ilusión por estudiarlo a fondo. Así llegó el día de hablar con mi nueva asesora de tesis sobre Filloy. A ésta le encantó mi nueva elección, porque a pesar de que Filloy es un gran escritor, la crítica no se ha ocupado de su obra. Ni siquiera ella, quien se ha dedicado a estudiar la narrativa latinoamericana ha hecho nada formal con su obra.

Y así, se inició mi aventura con Juan Filloy, un hombre que vivió en tres siglos, creador de una obra de gran vitalidad, aunque ignorada por la crítica y desconocida por los lectores. A pesar de que me atrasé un semestre, estoy entusiasmada con este nuevo proyecto. De hecho, ya he empezado a acariciar la idea de pasarme el próximo verano desempolvando archivos en la Universidad Nacional  de Córdoba, y transitando por las calles de aquella ciudad que lo vio nacer.

viernes, 17 de agosto de 2012

¿Cuánto tiempo es suficiente para vivir?

Mi abuelo murió en mayo del año pasado, tenía 93 años. Vivió una larga y plena vida. Vivió y murió rodeado de hijos, nietos, bisnietos, y hasta tataranietos. Hizo siempre lo que amaba. Sacaba tiempo para la diversión, de la manera que él la entendía. Sirvió a su comunidad, obtuvo el respeto de familiares y amigos. Mi abuelo fue feliz a su modo, vivió bien, y murió sin sufrir demasiado -tres meses de achaques antes de la estocada final. ¿Qué más se podía pedir? ¿La eternidad?

¿Son suficientes 93 años para vivir? No lo sé, pero creo que vivir nueve décadas es sacarle mucha ventaja a la parca. De hecho, vivir más de noventa años en sí, es una hazaña en el convulsionado mundo en que vivimos. Mi abuelo tuvo una vida plena y feliz, y yo tuve la maravillosa oportunidad de que él me acompañara durante toda mi vida.

Por eso, mientras todos lloraban desconsolados, yo estaba ante su ataúd, agradecida, recordando todos los mementos que viví con él. Quería recordarlo todo, quería impregnarme de su esencia por última vez. Allí en silencio, ante su ataúd hice un homenaje: una rememoración  de su vida, la cual tristemente había llegado a su final. No tenía tiempo para desperdiciarlo en lamentos inútiles los últimos momentos que nos quedaban.

Cuando una persona mayor muere, quien ha vivido plenamente, no suelo sentir desesperación, sino regocijo. Regocijo no porque haya muerto, sino porque vivió. He entendido desde muy jovencita que la vida es un visaje, un tiempo robado a la nada, un viaje unidireccional que nos conduce a la muerte. Asumir esta realidad me ayuda a vivir más plenamente y aceptar la muerte como parte integral de la vida.

Imagino que al final de la vida sólo importa la satisfacción de haber vivido, en todo el sentido de la palabra. Estoy convencida de que en esa hora de pasar balance, el haber simplemente EXISTIDO no es un buen sustituto. Por lo tanto, tal vez, lo que importe no sean los años que estemos aquí, sino la intensidad con que los disfrutemos.