
Todo empezó cuando le dije que fui a
Michaels por un cuadro que había mandado a enmarcar. Se trata de
Maternidad de Picasso.
"Maternidad" repitió en tono solemne. Contesté que es un cuadro muy bonito que me gusta mucho, y que pensaba colgarlo en una pared de mi dormitorio.
Esta conversación casual, lo llevó a creerse que se encontraba ante una mujer tradicional, o tal vez, una obsesionada con la maternidad. Quizás lo juzgue mal, pero la conversación que siguió, no deja espacio a la duda. Habló de su añoranza por la mujer tradicional. Esa mujer que es "femenina", la que no quiere "competir con el hombre"; la que es "todo sentimiento"; aquella cuyo único objetivo en la vida era "cuidar a los niños y al marido." Para este fulano, las mujeres modernas lo llevamos muy mal ya que "queremos ser hombres y mujeres a la vez." En su opinión, por siglos las mujeres se sintieron realizadas en su papel tradicional, hasta que un buen día se les ocurrió que querían ser hombres, y todo se vino abajo.
Yo lo escuchaba atónita. Él no parece entender qué ha significado para las mujeres, por siglos, vivir en un mundo dominado por el hombre. Esa historia que el quiere revisar para probar que la mujer
era feliz siendo sólo madre y esposa, fue siempre escrita desde la perspectiva del hombre. ¿Qué hubieran dicho las mujeres si hubieran podido escribir? Creo que algo un poco distinto.
Voy a parafrasear una analogía suya para el "deleite" de ustedes: un puñado de arcilla es
femenino, simplemente por
ser y estar. La arcilla tiene el potencial de ser transformada en cualquier figura. El hombre coge la arcilla en las manos, y construye una silla, por ejemplo,eso es masculino. ¿Se imaginan? Pero hay más, según él, esto ocurre porque las mujeres no
tienden a pensar en conceptos abstractos, por eso todos los filósofos han sido hombres. A las mujeres no se les da bien el
pensar y razonar. Funcionan movidas por
la intuición y las emociones. Mientras, yo escuchaba estupefacta, al tiempo que sorbía vino tinto para poder digerir, no sólo la cena que degustaba, sino la diatriba de mi amigo, que me llegaba como una flecha de un pasado remoto y ajeno a clavárseme en la garganta.
"¿Te has fijado como se presenta la masculinidad en los medios de comunicación?" -me preguntó. "Es una representación falseada de la masculinidad." dijo. Entonces, enfiló sus ataques contra
Will Ferell por poner en ridículo a los hombres. Luego, le tocó a uno de los personajes de
Sex and the City a quien le faltaba un testículo. "Esos son los modelos de masculinidad que nos vende la televisión". "¡A quién se le ocurre mostrar un macho castrado." Me recomendó ver películas de los cuarenta y los cincuenta para que me diera cuenta de cómo representaban a los hombres en aquel entonces. "¡Esos eran hombres!"
Esta diatriba era como para salir volando. Pero, me dije que sólo tendría que soportarlo hasta que terminara la cena. Así que fui cortés, y traté de distanciarme en tiempo y espacio de lo que decía, porque debatir ideas con él no era posible. Sentía que la sangre bullía por mis venas, a pesar de hacer intentos por permanecer impasible, y muy a pesar de la ayuda del vino.
Me paré, y fui al baño por una bocanada de aire. Al volver me esperaba con mi abrigo en las manos. Me ayudó a ponérmelo. Y me dijo ahora damos una caminata, luego tomaremos champaña para celebrar la llegada del nuevo año, a lo que le contesté: "no gracias, he quedado de encontrarme con mis amigos en un bar para esperar el año nuevo." Me miró atónito, al tiempo que me dijo, "eres una mujer bastante masculina."Asentí, a juzgar por tu definición de "masculina," sí, lo soy.
Cuadro
Maternidad (1899)