Ayer tarde entré a un café. Pedí algo de comer, y empecé a hojear un libro. A mi lado se sentó un señor mayor, y empezó a hablarme. La verdad soy bastante simpática con loa abuelitos, pero no quería hablar, prefería leer; pero, no pude evitarlo, tuve que hablarle, porque el no paraba de hacerlo, y me acordé de mis abuelitos, y le sonreí.
"¿Vos vas a la playa?'' Y, pienso, ¿y éste adónde va con esto? Sí, suelo ir a veces, tal vez vaya mañana. "Tenés mucho cuidado", ¿cómo? ¿Por qué? "Pues, parece ser que hay una bacteria, un hombre perdió la pierna y otro esta enfermo," ¿qué? "Sí, pero no lo quieren decir en las noticias. Lo que me preocupa es que Irán haya creado una bacteria, y haya envenenado el agua. "Si te digo son capaces de eso y más...." Ah, sí, ya veo.
En ese justo momento, entró una mujer un poco más joven que él, quien al verlo, mostró una mezcla de alivio y fastidio. Se disculpó conmigo, y regaño al abuelito de una forma que era más una muestra de afecto, y de miedo a perderlo que nada más. Sentí una gran tristeza, por él, por la mujer, por mí, por todos nosotros: criaturas indefensas ante tales monstruos.
Entonces pensé en mi abuela paterna que hace poco me dijo que tenía mucho tiempo sin verme, y que yo no la había pasado a visitarla cuando estuve en la República Dominicana -el pasado diciembre. Esto me partió el corazón, porque yo pasé más de una semana con ella :(. La razón del los frecuentes lapsus, y su constantes riñas con la mujer que la cuida, es -según la doctora- que mi abuelita ha empezado a mostrar síntomas de la etapa inicial de la enfermedad de Alzeimer.
Para mí es una carrera contra el tiempo. Quisiera poder encapsular todos nuestros momentos, para que no se me desvanezcan con su memoria. Ojalá hubiera empezado antes, tal vez, ahora sea ya tarde. Añoro sus cuentos, sus chistes, porque ya ha empezado a perder la chispa y el buen humor que la caracterizaba.
Mostrando entradas con la etiqueta nuestros ancianos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nuestros ancianos. Mostrar todas las entradas
martes, 16 de junio de 2009
sábado, 25 de abril de 2009
Ubi sunt?
Aunque sigues con nosotros te extraño. Echo de menos tus historias de tiempos y personas que no conocí, tus décimas, tus refranes, tu picardía, tu sentido del humor. ¿Adónde te has ido querida mía?
Cierro los ojos y te veo en la casa de la infancia, rodeada de flores, y colmándome de atenciones. Aún percibo el olor a dulce de leche, a mangos y a granadas del patio de tu casa.
¿Recuerdas la guásima? ¡Cómo me gustaba jugar a su sombra! Verla aparecer ante mis ojos era una visión abrumadora, porque justo detrás de ese árbol frondoso y tierno, estaba tu casa que tanto adoraba.
El desyuno en tu casa tenía un sabor diferente. Una de los recuerdos más vívidos de mi infancia es de ti, Osi y yo comiendo huevos hervidos blanditos con plátano. Nos gustaba ir por los huevos frescos al nido de la gallina. ¿Recuerdas cómo me gustaba imitarte usando un palito de limón para hacer que la sal se disolviera uniformemente en el huevo? Sólo a ti se te hubiera ocurrido tremendo truco. Para mí era un acto de magia. Jamás vi a otra persona hacer nada semejante.
¿Recuerdas cuando Osi y yo insistimos en que nos diera a cada uno un pollito para llevarlo a casa? Ni te podías imaginar lo que haríamos al llegar al río: le dimos un delicioso baño que casi los mata. ¿Cómo no se te ocurrió decirnos que los pollitos no se bañaban? Para nosotros era lo más natural del mundo zambullirlos en el río, porque era una de las cosas que más disfrutábamos nosotros. ¿Por qué no dejar que nuestros nuevos amigos se bañaran con nosotros? Por suerte para los pollitos, apareció un alma caritativa y mucho más sensata que nosotros, y los rescató de lo que hubiera sido una muerte atroz.
¿Recuerdas a Linda? Era hermosa con su cuerpo blanco y negro, y su mirada dulzona. ¡Era tan tierna! Le gustaba acostarse en la cama a mi lado. Nunca olvidaré el día que metió la cabeza en un frasco del que no la podría sacar. Fue horrible cuando tiempo después descubrieron su cadáver aún con el frasco en la cabeza.
¡Cuanto tiempo ha pasado! Ya no soy aquella niñita de pelo 'e caña -como me decía el abuelo-, Linda nos dejó hace muchos años, la vieja casona ya no existe, la guásima se ha secado, las flores del patio se marchitaron y tu abuelita te me escurres cada día cual agua entre los dedos.
Foto vía flickr
Cierro los ojos y te veo en la casa de la infancia, rodeada de flores, y colmándome de atenciones. Aún percibo el olor a dulce de leche, a mangos y a granadas del patio de tu casa.
¿Recuerdas la guásima? ¡Cómo me gustaba jugar a su sombra! Verla aparecer ante mis ojos era una visión abrumadora, porque justo detrás de ese árbol frondoso y tierno, estaba tu casa que tanto adoraba.
El desyuno en tu casa tenía un sabor diferente. Una de los recuerdos más vívidos de mi infancia es de ti, Osi y yo comiendo huevos hervidos blanditos con plátano. Nos gustaba ir por los huevos frescos al nido de la gallina. ¿Recuerdas cómo me gustaba imitarte usando un palito de limón para hacer que la sal se disolviera uniformemente en el huevo? Sólo a ti se te hubiera ocurrido tremendo truco. Para mí era un acto de magia. Jamás vi a otra persona hacer nada semejante.
¿Recuerdas cuando Osi y yo insistimos en que nos diera a cada uno un pollito para llevarlo a casa? Ni te podías imaginar lo que haríamos al llegar al río: le dimos un delicioso baño que casi los mata. ¿Cómo no se te ocurrió decirnos que los pollitos no se bañaban? Para nosotros era lo más natural del mundo zambullirlos en el río, porque era una de las cosas que más disfrutábamos nosotros. ¿Por qué no dejar que nuestros nuevos amigos se bañaran con nosotros? Por suerte para los pollitos, apareció un alma caritativa y mucho más sensata que nosotros, y los rescató de lo que hubiera sido una muerte atroz.
¿Recuerdas a Linda? Era hermosa con su cuerpo blanco y negro, y su mirada dulzona. ¡Era tan tierna! Le gustaba acostarse en la cama a mi lado. Nunca olvidaré el día que metió la cabeza en un frasco del que no la podría sacar. Fue horrible cuando tiempo después descubrieron su cadáver aún con el frasco en la cabeza.
¡Cuanto tiempo ha pasado! Ya no soy aquella niñita de pelo 'e caña -como me decía el abuelo-, Linda nos dejó hace muchos años, la vieja casona ya no existe, la guásima se ha secado, las flores del patio se marchitaron y tu abuelita te me escurres cada día cual agua entre los dedos.
Foto vía flickr
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

