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domingo, 13 de febrero de 2011

Condenada a tu silencio

Anoche, en sueño, te volví a hacer aquella pregunta para la que nunca hubo respuesta. Esta vez parecías dispuesto a contestarme, pero justo en ese momento,  abrí los ojos y te desvaneciste.

Me desperté con una sensación de nostalgia, surgida del subconsciente y provocada por el impacto de tu aparición. Intenté dormirme de nuevo para escuchar lo que estabas a punto de decirme. El intento fue  inútil, habías desparecido, misterioso como la materia de los sueños .

Me quedé con la interrogante de ¿por qué este sueño ahora? Hace tiempo que acepté que nunca sabría lo que verdaderamente ocurrió; sin embargo, pareciera que mi subconsciente aún anhela esa explicación que nunca me darás.

la imagen fue tomada del blog Volando a través del espejo

sábado, 25 de abril de 2009

Ubi sunt?

Aunque sigues con nosotros te extraño. Echo de menos tus historias de tiempos y personas que no conocí, tus décimas, tus refranes, tu picardía, tu sentido del humor. ¿Adónde te has ido querida mía?

Cierro los ojos y te veo en la casa de la infancia, rodeada de flores, y colmándome de atenciones. Aún percibo el olor a dulce de leche, a mangos y a granadas del patio de tu casa.

¿Recuerdas la guásima? ¡Cómo me gustaba jugar a su sombra! Verla aparecer ante mis ojos era una visión abrumadora, porque justo detrás de ese árbol frondoso y tierno, estaba tu casa que tanto adoraba.

El desyuno en tu casa tenía un sabor diferente. Una de los recuerdos más vívidos de mi infancia es de ti, Osi y yo comiendo huevos hervidos blanditos con plátano. Nos gustaba ir por los huevos frescos al nido de la gallina. ¿Recuerdas cómo me gustaba imitarte usando un palito de limón para hacer que la sal se disolviera uniformemente en el huevo? Sólo a ti se te hubiera ocurrido tremendo truco. Para mí era un acto de magia. Jamás vi a otra persona hacer nada semejante.

¿Recuerdas cuando Osi y yo insistimos en que nos diera a cada uno un pollito para llevarlo a casa? Ni te podías imaginar lo que haríamos al llegar al río: le dimos un delicioso baño que casi los mata. ¿Cómo no se te ocurrió decirnos que los pollitos no se bañaban? Para nosotros era lo más natural del mundo zambullirlos en el río, porque era una de las cosas que más disfrutábamos nosotros. ¿Por qué no dejar que nuestros nuevos amigos se bañaran con nosotros? Por suerte para los pollitos, apareció un alma caritativa y mucho más sensata que nosotros, y los rescató de lo que hubiera sido una muerte atroz.

¿Recuerdas a Linda? Era hermosa con su cuerpo blanco y negro, y su mirada dulzona. ¡Era tan tierna! Le gustaba acostarse en la cama a mi lado. Nunca olvidaré el día que metió la cabeza en un frasco del que no la podría sacar. Fue horrible cuando tiempo después descubrieron su cadáver aún con el frasco en la cabeza.

¡Cuanto tiempo ha pasado! Ya no soy aquella niñita de pelo 'e caña -como me decía el abuelo-, Linda nos dejó hace muchos años, la vieja casona ya no existe, la guásima se ha secado, las flores del patio se marchitaron y tu abuelita te me escurres cada día cual agua entre los dedos.

Foto vía flickr