Día a día te veo escarparte ante mi mirada inútil... Ya no hay nada que pueda decir o hacer para que te quedes conmigo. Aunque a decir verdad, no sé si quiero retenerte ahí postrada, esclavizada a ese monstruo que te consume.Físicamente ya no eres la misma, el monstruo te ha vencido, sin embargo, no ha sido capaz de causarle la más mínima marca a tu espíritu. Sigues firme como una roca, pero con la serenidad de una suave y pausada brisa... ¡Qué gran lección me has dado! Tú me has enseñado a recordarte feliz, llena de vida, como siempre... He entendido que tienes que partir, aunque tu ausencia me cause una profunda herida.
No lo sabrás nunca, pero te guardo un secreto: a tus espaldas tendré que ir de compras -como tantas veces lo hicimos tú y yo. Sin embargo, esta vez, tú no irás conmigo. Echaré de menos la risar y los comentarios cómplices. Esta vez tampoco podrés verte parada ante el espejo -como tantas veces lo hice- decidiendo si te gusta o no cómo te queda el vestido. Desaforutnadamente, ni tú ni yo tendremos esa oportunidad, porque ya no estarás conmigo cuando te pongamos tu último vestido...