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miércoles, 6 de febrero de 2008

Gingrich tenía razón:somos una amenaza

Corría el año de 1996, y Gingrich y su clan se habían dado cuenta que la creciente población hispana de Estados Unidos representaba una amenaza para la hegemonía de la nación. Se impusieron todos tipos de medidas: se cortaron programas de ayuda federal, se pusieron todas las trabas posibles para hacer más difícil el proceso de ciudadanía, y se trató de restringir la inmigración.

Desafortunadamente muchas de las reformas de Gingrich detuvieron el tren del progreso en el área de los derechos humanos de los inmigrantes. Lo que no se esperaba era que esa misma fuerza desencadenaría el interés de los residentes legales por convertirse en ciudadanos; muchos de esos residentes habían vivido en el país por años y nunca habían considerado naturalizarse ciudadanos americanos.

Las reformas de la Era Gringich se despertaron un león que dormía. Los residentes legales, especialmente los hispanos, empezaron a hacerse ciudadanos en masa. Esos nuevos ciudadanos tienden alinearse -no con el partido de Gingrich- sino con el partido demócrata. Un 57% de los hispanos registrados para votar suelen votar demócrata. Es por ello que somos una amenaza para las ideas de Gingrich, y de todos su partido. Este bloque de votantes está dispuesto a desafiar el statuo quo, y a mandar a la casa blanca a una mujer o a un afroamericano, y eso le hace mella a los valores que a Gingrich y a los republicanos les gustaría perpetuar. Por esta razón, hoy tengo que darle la razón al señor Gingrich en que sí somos una amenaza. Por ejemplo, anoche el voto hispano fue determinante en la victoria de Hillary en California y otros estados.