El 12 de junio de 1967, la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucional la ley de Virginia que prohibía el matrimonio entre personas de diferentes razas. En el caso Loving vs. Virginia, la Corte falló a favor de Richard Loving al afirmar que:"El matrimonio es uno de los “derechos civiles básicos del hombre”, fundamentales para nuestra existencia y sobrevivencia. Negar esta libertad fundamental tomando como base una teoría sin fundamentos que tiene como eje central clasificaciones raciales que atentan el principio de igualdad, principio que se encuentra junto al corazón de la decimocuarta enmienda. Dicha enmienda estipula que la libertad de elección a la hora del casamiento no debe ser restringido por discriminaciones raciales. Bajo nuestra Constitución, la libertad de casarse o no con una persona de diferente raza reside dentro del individuo y no puede ser infringida por el Estado" (Loving vs. Virginia)
Hoy 12 de junio se cumplen cuarenta años de dicho dictamen; precisamente hoy, se me ocurre preguntarme, ¿qué tanto hemos aprendido de Lovings vs. Virginia? Me parece que no mucho. ¿por qué no permitir que cada individuo haga con su vida lo que mejor le plazca? En este día tan simbólico, aprovecho para recordar que en este preciso momento hay hombres y mujeres a quienes se les siguen negando su legítimo derecho de contraer matrimonio con la persona que han elegido. Superamos el impedimento del color de la piel, pero no así el de la orientación sexual.
Por lo menos a mí, se me hace tan ridículo que en pleno siglo XXI sigamos decidiendo con quien las personas pueden casarse. Espero que ante la inercia del gobierno federal respecto al matrimonio entre homosexuales, lo estados tomen carta en el asunto, y sigan el modelo de estados como Massachusetts. En el estado de Nueva York en este momento se debate la propuesta del gobernador Elliot Spitzer, que legalizaría el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Ojalá que la medida sea aprobada, y que se les garantice, de una vez por todas, la protección legal que estos hombres y mujeres se merecen. No es justo que hombres y mujeres, como mis amigos Gary y Murdoch, tengan que irse a otro lugar para unirse en matrimonio, simplemente por su orientación sexual; y mucho más injusto aún es la exclusión, y el desamparo legal al que son sometidas dichas parejas.
Gary y Murdoch se casaron en Canadá en septiembre del 2005, ambos son activista por los derechos de los homosexuales.