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miércoles, 7 de mayo de 2008

¡La basura al basurero!

Mientras viajaba por la espina dorsal de la República Dominicana, en algún punto del trayecto Santo Domingo-Bonao, me puse a contar los carteles de publicidad política. Sólo del ilustrísimo presidente de la República conté más de 130 en cuestión de minutos; por supuesto que también estaban los respectivos representantes de las quince mil quinientas alianzas: rojas, azules, verdes, amarillas, negras, kaki, todas, las habidas y por haber. Y para variar, estaban los otros trecientos mil partidos que buscan obtener su tajada del país; ¡cómo rinde ese paisito nuestro! Me pregunto, si se dividiera el país, literalmente, ¿alcanzaría para darle su pedacito a cada uno de ellos?

Lamentablemente no daba abasto para contarlos todos, de veras que me hubiera gustado poder hacerlo. Al poco rato me aburrí y volví a deleitarme con lo que quedaba del paisaje. La cordillera, el verdor, y la brisa suave eran un manjar, natural, refrescante, pero tantos carteles venían a interferir con la estética, y con el estado anímico. ¡Qué bonito sería si limpiaran el país de la maldita plaga de esos asquerosos letreros¡ ¡Todos para la basura sin importar de que color sean, ni a que aspirante pertenezcan! Me encantaría que se hiciera una propuesta seria para eliminar tanta publicidad política, eso tiene que hacerle daño al cerebro. Definitivamente que sí. Pensándolo bien, tal vez, esa fue la verdadera causa de mi intoxicación, y el pescado sólo haya sido el chivo expiatorio.

foto vía La Imagen Dominicana