Hace una semana que desaparecieron mis llaves. El martes por la tarde, llegué, estacioné y me senté a trabajar. Al otro día, me levanté más temprano que de costumbre, porque tenía muchos pendientes. Antes de salir, tomé café, miré las noticias y aún me quedaba tiempo -le había ganado tiempo al tiempo.Lista para empezar mi día, fui por las llaves del carro y el control remoto del garaje, y vaya sorpresa: no estaban. Las busqué por todas partes sin esperanza de encontrarlas porque no recordaba dónde las había dejado. Harta de voltear y tirar, salí de casa, a las seis menos diez, con la esperanza de que mi vecino, que sale más o menos a la misma hora saliera, pero ¡que va! Eso no ocurrió. Ya habían pasado unos treintas minutos, y la desesperación me corría por las venas. Eran ya las seis y media, y yo aún estaba a la espera de quien no quedó de llegar. A las siete menos cuarto ya no aguanté más, y llamé al encargado -no quieran ustedes saber la cara que me puso. Pero en fin, me abrió que era lo que necesitaba. Salí disparada: llegué tarde al trabajo, de mal humor, con todo atrasado y el nivel estrés por las nubes.
Toda esta semana, había estado estacionando mi carro afuera, y todos los días pensaba que no estaría donde lo dejé -pero, siempre estaba-, respiraba tranquila, al confirmar que nadie había encontrado la llave todavía. Hoy por fin me di por vencida y le hablé al encargado sobre la llave:
S: Hola, te hablo porque necesito un nuevo control remoto. Lo perdí junto a la llave del carro. -Sabía que el numerito me costaría75.00 dólares, pero me hice la idiota...- ¿cuánto cuesta?
H: 500 dólares para ti -me dijo bromeando.
S: ¡Qué amable! ¡Gracias! -tanta amabilidad me sorprendió, casi nunca bromea-
H: Llámame cuando llegues. Lo tendré listo.
S: Estaré por ahí en media hora. ¡Gracias!
Cuando le avisé que había llegado, vino, me abrió, entré, estacioné, lo saludé. Me fijo de que en su mano izquierda tiene las llaves que yo había perdido:
S: ¿Dónde las encontraste?
H: Debajo del ascensor.
S: ¿Cómo?Cuándo?Eso es imposible. No recuerdo haberlas dejado caer. Hubiera escuchado el ruido.
H: No lo sé. Hace una semana que las tengo. El día que me pediste que te abriera ya las tenía pero no sabía que eran tuya. La encontré el día que vinieron a reparar el ascensor.
Me quedé pensando, ¿cómo diablos se metió la llave debajo del ascensor? Recordé que ese día cuando llegué a casa, había un señor cambiando una lámpara en el ascensor...¿sería posible?...¡Qué más da ahora! Le di las gracias al encargado, y me marché.
