Me dejé llevar de la mano hasta aguas profundas, y sin poner ninguna resistencia... Desestimé mi falta de destrezas en el agua. De pronto, y sin advertencia, la mano amiga se escabulló, se disolvió en el agua... Me quedé sola en medio del vasto océano, y entonces, por primera vez, sentí miedo de ahogarme.
Debo confesar que lo que acabo de contar no ocurrió... excepto la sensación de abandono y mi miedo a no poder nadar, a solas, en aguas tan profundas.
Drowining, Nancy Wait
En ese caso a uno le tocaría aprender a nadar.
ResponderEliminarExacto. Como dijo Victor, aqui no le queda más que aprender a nadar. O, en un mundo de fantasía, convertirse en sirena o en mar.
ResponderEliminarsaluos!!
(tiempo hace que ya no publicas, eh... que sea porque tu vida real está mucho más entretenida que ésta parte virtual. dos abrazos). =)