domingo, 9 de septiembre de 2012

De cómo descubrí al escritor Juan Filloy

El día que me regalaron Así se escribe un cuento, no imaginaba que ese libro iba a darme la llave hacia el escritor que se convertiría en sujeto de estudio de mi tesis. Me gustó mucho el libro, y me causaba mucha ternura porque al leerlo se me iba deshojando en la mano. Sus páginas amarillas y frágiles, requerían de mis cuidados para permanecer en su lugar. 

En el libro, Mempo Giardinelli incluye una serie de entrevistas a escritores, entre las cuales descubrí un nombre que jamás había escuchado: Juan Filloy. Al leer su entrevista me pareció un tipo inteligente, controversial, con mucho que decir, y digno de que se le leyera. Hice una marca sobre su nombre y coloqué en mi escritorio un post-it con el nombre de la novela que me compraría: Caterva. 

En aquel momento estaba en proceso de delinear un tema y escribir mi propuesta de tesis sobre la obra de Juan Bosch... Llevaba un semestre estudiando su obra, pero entonces, recibí la noticia que lo cambiaría todo: mi tema había sido estudiado ya. Le explique a una antigua profesora lo que había hecho hasta entonces, y ella con todo el cariño del mundo me explicó que lo que quería hacer no sería una investigación original como debe ser una tesis doctoral.

Esas palabras retumbaron en mí con la intensidad de un trueno. Sentí que el corazón y los pies se aunaban. Sus palabras suponía abandonar todo un semestre de trabajo, todo cuánto había avanzado, ahora debía retrocederlo. Me sentí perdida, y entendí que esas palabras me debieron haber sido dicha el semestre anterior....¿Por qué las escuchaba ahora por primera vez?

 Me dio mucha rabia, lloré, llamé a mi ejército de amigos cómplices y me quejé, y pataleé, pero en el fondo estaba sumamente agradecida con la profesora que me hizo ver lo que otros habían callado, por razones que  desconozco. Me sumí en un silencio reflexivo que duró varios días, me llené de dudas, y ansiedad... Una semana después, recordé a mi nuevo amigo Filloy, quien ya me esperaba en mi escritorio, con la seguridad de quien se da cuenta que se ha hecho necesario.

Me dediqué a indagar sobre su obra, y con cada página que leía me iba llenando de ilusión por estudiarlo a fondo. Así llegó el día de hablar con mi nueva asesora de tesis sobre Filloy. A ésta le encantó mi nueva elección, porque a pesar de que Filloy es un gran escritor, la crítica no se ha ocupado de su obra. Ni siquiera ella, quien se ha dedicado a estudiar la narrativa latinoamericana ha hecho nada formal con su obra.

Y así, se inició mi aventura con Juan Filloy, un hombre que vivió en tres siglos, creador de una obra de gran vitalidad, aunque ignorada por la crítica y desconocida por los lectores. A pesar de que me atrasé un semestre, estoy entusiasmada con este nuevo proyecto. De hecho, ya he empezado a acariciar la idea de pasarme el próximo verano desempolvando archivos en la Universidad Nacional  de Córdoba, y transitando por las calles de aquella ciudad que lo vio nacer.

viernes, 17 de agosto de 2012

¿Cuánto tiempo es suficiente para vivir?

Mi abuelo murió en mayo del año pasado, tenía 93 años. Vivió una larga y plena vida. Vivió y murió rodeado de hijos, nietos, bisnietos, y hasta tataranietos. Hizo siempre lo que amaba. Sacaba tiempo para la diversión, de la manera que él la entendía. Sirvió a su comunidad, obtuvo el respeto de familiares y amigos. Mi abuelo fue feliz a su modo, vivió bien, y murió sin sufrir demasiado -tres meses de achaques antes de la estocada final. ¿Qué más se podía pedir? ¿La eternidad?

¿Son suficientes 93 años para vivir? No lo sé, pero creo que vivir nueve décadas es sacarle mucha ventaja a la parca. De hecho, vivir más de noventa años en sí, es una hazaña en el convulsionado mundo en que vivimos. Mi abuelo tuvo una vida plena y feliz, y yo tuve la maravillosa oportunidad de que él me acompañara durante toda mi vida.

Por eso, mientras todos lloraban desconsolados, yo estaba ante su ataúd, agradecida, recordando todos los mementos que viví con él. Quería recordarlo todo, quería impregnarme de su esencia por última vez. Allí en silencio, ante su ataúd hice un homenaje: una rememoración  de su vida, la cual tristemente había llegado a su final. No tenía tiempo para desperdiciarlo en lamentos inútiles los últimos momentos que nos quedaban.

Cuando una persona mayor muere, quien ha vivido plenamente, no suelo sentir desesperación, sino regocijo. Regocijo no porque haya muerto, sino porque vivió. He entendido desde muy jovencita que la vida es un visaje, un tiempo robado a la nada, un viaje unidireccional que nos conduce a la muerte. Asumir esta realidad me ayuda a vivir más plenamente y aceptar la muerte como parte integral de la vida.

Imagino que al final de la vida sólo importa la satisfacción de haber vivido, en todo el sentido de la palabra. Estoy convencida de que en esa hora de pasar balance, el haber simplemente EXISTIDO no es un buen sustituto. Por lo tanto, tal vez, lo que importe no sean los años que estemos aquí, sino la intensidad con que los disfrutemos.

domingo, 5 de agosto de 2012

Crónica de un rechazo

Nuestra  esporádica e inexistente relación estaba condenada a la contemplación platónica. Se sedimentaba en los diálogos de temas  inagotables y cíclicos, que giraban sobre sus ejes cuando, por casualidad o causalidad coincidíamos en las mismas coordenadas.

Alguna vez, cruzó por mi mente traspasar la puerta de nuestra relación platónica, y abrir la del túnel que conduce del platonismo contemplativo al desencanto de lo vivido. Incluso, llegué a asomarme a la línea divisoria entre ambos, pero en vez del desencanto, la exploración reafirmó lo estrictamente cerebral, y fracasó en lo sensorial.

La última vez que lo vi, pasamos la tarde frente al mar como dos adolescentes treintañeros, felices de poder disfrutar de nuestra presencia,  de conversar libremente de esos temas que nos gustan, de acariciarnos el cabello, de posar leves besos en los labios y enredarnos los brazos entorno a la cintura.

Nos quedamos en la playa hasta que nos envolvió el opaco velo de la noche... Nos despedimos con un beso en la mejilla, y un envolvente abrazo mudo. Sin pensarlo, rompí el silencio al dejar escapar un "no te vayas, quédate conmigo." Cual si no me hubiera escuchado, se marchó, y desapareció en la oscuridad, ajeno de sí mismo.

Tragué un amargo nudo de saliva, que me supo a rechazo que no había sido, ni sería jamás. Me di la vuelta, y me encaminé a la solitaria habitación que me aguardaba. Por horas, la imagen de aquél hombre taciturno, hundiéndose en la oscuridad, revoloteó errática por mi pensamiento, hasta que un plácido sueño vino a calmar el ardor de mi ego herido.

Unos días después me escribió que era lo más hermoso que le había pasado y prefería no contaminarlo con la realidad. Decía que algún día le contaría nuestra historia a sus nietos. Suspiré confundida. Mi amigo no tiene ni siquiera hijos.

Aquella tarde de playa, puse punto final a aquel conato de relación.

La foto fue tomada de aquí

sábado, 4 de agosto de 2012

El llamado de la tierra

La nacionalidad es circunstancial, algo que no decidimos nosotros en sí. El nacionalismo es un concepto burgués que surge a finales del siglo XVIII con la aparición de los conceptos "estado moderno" y  soberanía popular.  En los siglos anteriores la gente se identificaba con su ciudad o con u líder, ya que el concepto de nación aún no existía.

No soy nacionalista. Es más detesto el nacionalismo. Sin embargo, existe un nexo innegable con el lugar donde se nace, no necesariamente por haber nacido allí, sino por los momentos que construimos, por los recuerdos que nos acompañarán siempre, por haber adquirido la consciencia en una determinada nación.

Debo confesar que por primera vez en mi vida, me emocioné hasta las lágrimas al tocar tierra dominicana. No me queda claro qué me ocurrió. Se me ocurre pensar que tal vez, en ello haya influido, la vulnerabilidad de la vida, el haber estado muy cerca de no volver jamás, o tal vez,  fue algo mucho más sencillo: andaba con las hormonas alborotada por estar dentro del ciclo menstrual.

martes, 5 de junio de 2012

Llama

Se me extinguió la llama que me impulsaba por la vida.  Sin el fuego la vida se hace larga y tediosa, y los proyectos nos parecen inabordables, innecesarios. ¿Es posible avivar una llama extinta?

domingo, 27 de mayo de 2012

Angustia

La vida es un proceso de descomposición. Todos los días estamos un poquito más oxidados, y el alma se nos va llenando de hollín... Cada sol nos cerca un paso más al abismo... Y, entonces, todo volverá a ser nada, como en un principio. 

jueves, 24 de mayo de 2012

Amnesty in the twilight of human rights and imperialism

I have been a supporter of Amnesty International for years, because I care deeply about the causes it promotes. However, I find myself at odds supporting an organization that condones military intervention as a mean of advancing human rights. I am unequivocally opposed to all wars, because there are no good wars. I reject all forms of imperialism, colonization and oppression of foreign nations.

This past week, Amnesty came under fire for a poster it displayed, urging NATO to safeguard women's rights in Afghanistan.The poster reads, NATO: Keep the Progress Going. I saw the poster and my blood started to boil, because NATO and progress should not be in the same sentence.

It's an insult that Amnesty is asking NATO to safeguard the progress made on women’s rights in Afghanistan, when NATO has been assassinating their children, fathers and brothers for the past ten years. Is that the progress Amnesty wants NATO to preserve? I think that Afghan women deserve better.

I tweeted about my outrage over the poster, and Amnesty replied to my tweets, but I wasn't convinced by its arguments. Furthermore, the poster crystallized what I've been already suspecting: Amnesty seems to believe that the end justifies the means, and that military intervention is acceptable under some circumstances. I disagree with that notion.

To add to my discontent with Amnesty, I just read the entry it published yesterday: “Failure Is Not an Option." In this entry Amnesty laments the lack of action by the United Nation Security Council:
Even the United Nations Security Council, which is supposed to be the bulwark of global peace and security, has failed in its response to these popular uprisings, especially in the Middle East and North Africa. The Security Council’s ramparts have been thinly manned, its response to cries for help too often feeble. Inaction over Syria has left the Council seeming woefully unfit for its primary purpose: maintaining international peace
When I read those statements, I am forced to conclude that Amnesty supports an UNSC resolution to answer “the cries for help” coming out from various nations, especially from Syria. The problem is that Amnesty seems to forget that every time the UNSC passes a resolution "to help", it results in the bombing of that nation. The latest example of such help is Libya. Thousands of people were killed in that humanitarian and merciful bombing at the hands of NATO and the US.

If it were up to Amnesty, Syria would have been yet another country destroyed by the military power of the United States and NATO. Fortunately, China and Russia vetoed the resolution that would have opened the doors to another war. I am not naive, and therefore, I know that both countries had their hidden agendas in vetoing the resolution, but at least, as of today there are no NATO’s bombs falling on children from the sky. That's how I see it, but here is what Amnesty has to say about the veto:
In the case of Syria, Russian and Chinese intransigence has put the credibility of the Council at risk; undermining its core function as a guardian of human rights, and rendering accountability for crimes against humanity elusive.
China, resolutely opposed to intervention in the internal affairs of other states, except when it suits Beijing, has not exactly been a profile in courage. China appears stubbornly committed to preventing the Council from acting decisively to quell the violence.
The Council is not the “guardian of human rights” but rather a tool at the disposal of imperialists, to legitimize their invasion of nations for economic or geopolitics maneuvering. That's what the UNSC does. I applaud China and Russia for standing up to the US and its European allies, and for having avoided yet another war. I do recognize, however, that none of the two nations vetoed the resolution out of kindness. I know they have their own economic interests to preserve, but at least, they prevented shedding more innocent blood at the hand of imperialists whose thirst for power will never be satisfied.