sábado, 22 de mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
Víctima de su propia arrogancia
Hay personas que se creen perfectas. Ellos jamás cometerían un error. Si algo sale mal, jamás podrían ser los responsables, porque nunca cometen errores. Amparados en esa prepotencia y falsa imagen de sí mismos, van por la vida insultando, acusando y tomando la mínima oportunidad para empequeñecer al otro.
Un día cualquiera se extravía un documento que estaba en posesión de la señora perfecta -o el señor perfecto. En vez de pensar que, tal vez, lo ha puesto en otro lugar, por error o descuido, empieza una cruzada para probar que el responsable es la última persona que recuerda haber tenido el documento. La defensa o explicaciones de la persona no tienen ningún valor ya que es claro que la acusadora es incapaz de equivocarse.
Ahora se está ante un conflicto en el que sólo existe la palabra del acusador frente a la palabra del acusado. No importa que el acusado tenga un testigo que corrobore su versión de la historia: el documento le fue entregado a la acusadora y que ésta nunca se lo devolvió a quien le imputa haberlo perdido. La frustración del acusado radica en que se trata de una persona que no concibe la idea de que tal vez, sea la responsable del extravío del documento.
Unos minutos más tarde, Mrs. Perfect descubre que en realidad se equivocó, que el acusado era inocente de lo que se le imputaba. Una persona equilibrada usaría la oportunidad para disculparse y mostrarse verdaderamente arrepentida por los insultos y por su conducta y denigrante hacia la otra persona. ¡No, qué va! Por el contrario, continúa buscando faltas ajenas en vez de aceptar su propio error y de que sus ataques eran totalmente infundados..
Un día cualquiera se extravía un documento que estaba en posesión de la señora perfecta -o el señor perfecto. En vez de pensar que, tal vez, lo ha puesto en otro lugar, por error o descuido, empieza una cruzada para probar que el responsable es la última persona que recuerda haber tenido el documento. La defensa o explicaciones de la persona no tienen ningún valor ya que es claro que la acusadora es incapaz de equivocarse.
Ahora se está ante un conflicto en el que sólo existe la palabra del acusador frente a la palabra del acusado. No importa que el acusado tenga un testigo que corrobore su versión de la historia: el documento le fue entregado a la acusadora y que ésta nunca se lo devolvió a quien le imputa haberlo perdido. La frustración del acusado radica en que se trata de una persona que no concibe la idea de que tal vez, sea la responsable del extravío del documento.
Unos minutos más tarde, Mrs. Perfect descubre que en realidad se equivocó, que el acusado era inocente de lo que se le imputaba. Una persona equilibrada usaría la oportunidad para disculparse y mostrarse verdaderamente arrepentida por los insultos y por su conducta y denigrante hacia la otra persona. ¡No, qué va! Por el contrario, continúa buscando faltas ajenas en vez de aceptar su propio error y de que sus ataques eran totalmente infundados..
jueves, 20 de mayo de 2010
Incomprensión
Suele decirse de la gente que se cae bien que tienen "buena química". Y, en efecto, la palabra "química," en una de sus acepciones, se refiere a una "Relación de peculiar entendimiento o compenetración que se establece entre dos o más personas." Sin embargo, no siempre la "química" equivale a entendimiento. Tengo un amigo al que adoro. Es un ser humano maravilloso. Estoy convencida de que es mejor persona que yo. Es más servicial, mucho menos egoísta, más dispuesto a complacer a los demás, yo, la verdad, no siempre, soy más terca, más firmes en mis predilecciones. En este caso, muy a pesar de "la química," no logramos entendernos, y, por ello, terminamos siempre discutiendo.
Para mí el cariño no es suficiente, si la comunicación es inefectiva. Si no me importara tanto, hace tiempo que no fuéramos amigos. Francamente, el pelearme con mis amigos es algo que ni siquiera en la primaria hacía. Me parece ridículo e infantil. Los amigos están para quererse, apoyarse, divertirse, y hacerse la vida más llevadera. No me gustan la frustración y el estrés que me causan las discusiones por malentendidos o simples tonterías.
La cuestión es que en estos dos años de amistad he tenido más discusiones con él que con ninguna otra persona. Me gusta ser franca con mis amigos, si algo no me gusta se lo digo y ya, no pasa nada. Me gusta que mis amigos sean sinceros también. Pero con él es muy difícil. Pareciera que tenemos fueros interiores muy distintos, y opiniones diametralmente opuesta sobre lo que es una buena comunicación.
Algunas veces pienso, y estoy segura de que él también, que sería más fácil terminar nuestra amistad; sin embargo, le tengo mucho cariño, le agradezco su apoyo en momentos difíciles, me he reído mucho con él, tenemos bastantes afinidades y por ello, nos gusta hacer actividades juntos. Y sin embargo, los choques son frecuentes, lo que me hace concluir que nuestra comunicación es inefectiva.
A él se le hacen innecesarias mis palabras, para él la conversación debe ser más implícita que explicita. Yo no estoy de acuerdo, hay gente con quien se logra ese tipo de intimidad, pero no es la norma. La mayoría de los mortales necesitamos valernos de las palabras para expresarnos y hacernos entender. Creo que el callar y pensar que el otro puede "intuir" lo que pensamos o queremos decir lleva a malentendidos. Ese es mi caso con él. Me imagino que preferiría que yo dijera menos y lo entendiera más, ¿pero cómo puedo yo no decir lo que pienso o saber lo que piensa si no me lo dice en una manera clara para que yo pueda entenderlo?
Y sí es cierto que la comunicación no es sólo verbal, pero es un buen comienzo para lograr establecer esa que pueda prescindir de ellas.
Para mí el cariño no es suficiente, si la comunicación es inefectiva. Si no me importara tanto, hace tiempo que no fuéramos amigos. Francamente, el pelearme con mis amigos es algo que ni siquiera en la primaria hacía. Me parece ridículo e infantil. Los amigos están para quererse, apoyarse, divertirse, y hacerse la vida más llevadera. No me gustan la frustración y el estrés que me causan las discusiones por malentendidos o simples tonterías.
La cuestión es que en estos dos años de amistad he tenido más discusiones con él que con ninguna otra persona. Me gusta ser franca con mis amigos, si algo no me gusta se lo digo y ya, no pasa nada. Me gusta que mis amigos sean sinceros también. Pero con él es muy difícil. Pareciera que tenemos fueros interiores muy distintos, y opiniones diametralmente opuesta sobre lo que es una buena comunicación.
Algunas veces pienso, y estoy segura de que él también, que sería más fácil terminar nuestra amistad; sin embargo, le tengo mucho cariño, le agradezco su apoyo en momentos difíciles, me he reído mucho con él, tenemos bastantes afinidades y por ello, nos gusta hacer actividades juntos. Y sin embargo, los choques son frecuentes, lo que me hace concluir que nuestra comunicación es inefectiva.
A él se le hacen innecesarias mis palabras, para él la conversación debe ser más implícita que explicita. Yo no estoy de acuerdo, hay gente con quien se logra ese tipo de intimidad, pero no es la norma. La mayoría de los mortales necesitamos valernos de las palabras para expresarnos y hacernos entender. Creo que el callar y pensar que el otro puede "intuir" lo que pensamos o queremos decir lleva a malentendidos. Ese es mi caso con él. Me imagino que preferiría que yo dijera menos y lo entendiera más, ¿pero cómo puedo yo no decir lo que pienso o saber lo que piensa si no me lo dice en una manera clara para que yo pueda entenderlo?
Y sí es cierto que la comunicación no es sólo verbal, pero es un buen comienzo para lograr establecer esa que pueda prescindir de ellas.
domingo, 2 de mayo de 2010
Despedida
Si hubiera sabido que no volvería adentrarme en tus ojos infinitos, jamás habría cerrado los míos para disfrutarte y disfrutarlos una última vez. ¿Cómo podría haber adivinado yo, lo que tú ya sabías: que ese principio era tan sólo un final?
Me hubiera gustado anudar mis brazos a tu cuello, y besarte, y despedirme con palabras, con las manos, con el alma, y mirarte de lejos, mientras desaparecía entre la gente... y dejar que me perdieras y te perdiera en la distancia, aunque siguiéramos unidos, tal vez, por las vivencias y los recuerdos.
Imagen Despedida, vía Honestidad brutal
Me hubiera gustado anudar mis brazos a tu cuello, y besarte, y despedirme con palabras, con las manos, con el alma, y mirarte de lejos, mientras desaparecía entre la gente... y dejar que me perdieras y te perdiera en la distancia, aunque siguiéramos unidos, tal vez, por las vivencias y los recuerdos.
Imagen Despedida, vía Honestidad brutal
sábado, 1 de mayo de 2010
El charango símbolo del espíritu humano
El charango es un instrumento boliviano creado por los indígenas imitando la guitarra de los conquistadores. Siempre me ha gustado la música producida por esta pequeñísima guitarra, que es capaz de reproducir los sonidos que emanan de los Andes, y sin embargo, jamás había indagado sobre su origen.
Ayer por casualidad descubrí un documental que se llama, precisamente, El charango. Es un filme complejo, que subraya los efectos del colonialismo en la población indígena y a la vez muestra la supervivencia del espíritu humano. El foco de El charango es la mina de Cerro Rico en Potosí, Bolivia. Esta mina es la mayor reserva de plata del mundo, y sigue operándose de la misma manera rudimentaria que se hacía en el siglo XVI.
El documental incluye tomas del centro de la mina mientras los mineros trabajan, desafiando la dificultad que supone para los extranjeros respirar a una altura de 14.000 pies sobre el nivel del mar. Uno de los descubrimientos más sorprendentes es el de una deidad, que se encuentra en el mismo centro de la mina, a la cual los mineros llaman El Tío, y le rinden culto, y le hacen ofrendas de tabaco y alcohol a cambio de salud y dinero. Mientras en la superficie se imponía el catolicismo, en el interior de la mina, los indígenas adoraban y aún siguen adorando a El tío.
El propósito del documental es mostrar la supervivencia del espíritu humano aun en las más desesperadas de las situaciones. A pesar de las condiciones inhumanas de las minas, y de la muerte de unos ocho millones de esclavos indígenas y africanos, el espíritu humano sobrevive. Un ejemplo tangible es que los indígenas fueron capaces de crear un instrumento imitando la guitarra española, a través del cual podían expresar sus penas y alegrías, y que siglos más tarde es símbolo de todo la región andina. Para la construcción del charango, tradicionalmente, se usaba la concha de un armadillo. Uno de los indígenas entrevistados, explica que tras la muerte el armadillo vive para siempre al reproducir el llanto de los Andes.
La yuxtaposición entre las condiciones de trabajo en la mina de Cerro Rico y el nacimiento del charango se convierten en el tema central del filme. Pero, a pesar de que el director logra exitosamente su propósito, el final es un rotundo fracaso. Decide terminar el documental con el sacrificio de una llama, sin haber incluido en el filme nada que pudiera justificar tal sacrificio, lo que lo hace ver como gratuito, y deja al espectador sin entender el por qué de éste. No queda claro qué es lo que busca lograr el director con esta ultima escena.
La creación de un buen filme requiere la manipulación de elementos que funcionen a nivel consciente e inconsciente en el espectador. Todo debe tener un propósito en el desarrollo de la trama. Se debe ir creando un ambiente que nos lleve a un final, si no satisfactorio para el espectador, por lo menos justificable.Éste no es el caso en El charango, lo que es una verdadera lástima porque nos hace olvidar el buen trabajo que hace el director a lo largo del documental.
Ayer por casualidad descubrí un documental que se llama, precisamente, El charango. Es un filme complejo, que subraya los efectos del colonialismo en la población indígena y a la vez muestra la supervivencia del espíritu humano. El foco de El charango es la mina de Cerro Rico en Potosí, Bolivia. Esta mina es la mayor reserva de plata del mundo, y sigue operándose de la misma manera rudimentaria que se hacía en el siglo XVI.
El documental incluye tomas del centro de la mina mientras los mineros trabajan, desafiando la dificultad que supone para los extranjeros respirar a una altura de 14.000 pies sobre el nivel del mar. Uno de los descubrimientos más sorprendentes es el de una deidad, que se encuentra en el mismo centro de la mina, a la cual los mineros llaman El Tío, y le rinden culto, y le hacen ofrendas de tabaco y alcohol a cambio de salud y dinero. Mientras en la superficie se imponía el catolicismo, en el interior de la mina, los indígenas adoraban y aún siguen adorando a El tío.
El propósito del documental es mostrar la supervivencia del espíritu humano aun en las más desesperadas de las situaciones. A pesar de las condiciones inhumanas de las minas, y de la muerte de unos ocho millones de esclavos indígenas y africanos, el espíritu humano sobrevive. Un ejemplo tangible es que los indígenas fueron capaces de crear un instrumento imitando la guitarra española, a través del cual podían expresar sus penas y alegrías, y que siglos más tarde es símbolo de todo la región andina. Para la construcción del charango, tradicionalmente, se usaba la concha de un armadillo. Uno de los indígenas entrevistados, explica que tras la muerte el armadillo vive para siempre al reproducir el llanto de los Andes.
La yuxtaposición entre las condiciones de trabajo en la mina de Cerro Rico y el nacimiento del charango se convierten en el tema central del filme. Pero, a pesar de que el director logra exitosamente su propósito, el final es un rotundo fracaso. Decide terminar el documental con el sacrificio de una llama, sin haber incluido en el filme nada que pudiera justificar tal sacrificio, lo que lo hace ver como gratuito, y deja al espectador sin entender el por qué de éste. No queda claro qué es lo que busca lograr el director con esta ultima escena.
La creación de un buen filme requiere la manipulación de elementos que funcionen a nivel consciente e inconsciente en el espectador. Todo debe tener un propósito en el desarrollo de la trama. Se debe ir creando un ambiente que nos lleve a un final, si no satisfactorio para el espectador, por lo menos justificable.Éste no es el caso en El charango, lo que es una verdadera lástima porque nos hace olvidar el buen trabajo que hace el director a lo largo del documental.
viernes, 30 de abril de 2010
Indecisión
Esta noche he sentido un miedo atroz de descubrirme sepultada bajo las arrugas sin haber hecho lo que más me gusta... Fue uno de esos momentos de gran lucidez, si se quiere...
Dejé lo que hacía, me puse de pie, y me encaminé hacia donde había un espejo. Ya frente a él, me vi bella, radiante, joven, y sonreí aliviada, como quien despierta de una pesadilla. Pero, cuando creí que había llegado la calma, surgió una voz de mi interior que inquiría, y a ti, ¿qué es lo que más te gusta?... Bajé la mirada, porque no pude contestarle.
Dejé lo que hacía, me puse de pie, y me encaminé hacia donde había un espejo. Ya frente a él, me vi bella, radiante, joven, y sonreí aliviada, como quien despierta de una pesadilla. Pero, cuando creí que había llegado la calma, surgió una voz de mi interior que inquiría, y a ti, ¿qué es lo que más te gusta?... Bajé la mirada, porque no pude contestarle.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

