"Keep away from people who try to belittle your ambitions. Small people always do that, but the really great make you feel that you, too, can become great." Mark TwainEs cierto que muchas personas que nos critican no tienen la intención de hacernos daño, y muchas de ellas ni se dan cuenta de que lo hacen. Además, las críticas constructivas en una dosis moderada nos ayudan a crecer y ser mejores seres humanos. No es de los emisores de este tipo de críticas de quienes hablo, sino de aquellos que a plena consciencia usan todo lo que tienen a su disposición para atacarnos y hacernos sentir miserables constantemente.
Es inevitable que nos guste todo de los demás. Sin embargo, antes de criticar a la ligera, es bueno recordar que nosotros también tenemos "cosillas" que pueden irritar a los demás. Es una avenida de doble vía, no lo olvidemos.
Si la crítica es necesaria, hay maneras de comunicarla sin tener que hacer trizas al destinatario de ésta. Además, conviene establecer cierta distancia entre las acciones que nos molestan y la persona que las emite. Es bueno que la persona a la que criticamos le quede claro que lo que se critica es determinada conducta, y de ninguna madera la persona en sí. Esto puede hacer la gran diferencia, y puede incrementar la posibilidad de resolver el conflicto.
Cuando encontramos algo que nos desagrada en otra persona podemos conversarlo, evitando los ataques personales y sin tener que herir la sensibilidad del otro. Lo más recomendable es una conversación abierta y sincera, y no escudar nuestras verdaderas intenciones detrás de frases aparentemente "graciosas." Es mejor decir las cosas por lo claro que estar jugando jueguitos que no hacen más que enojar al otro y afectar su autoestima. No hay nada que moleste más que el uso del sarcasmo en estas circunstancias. El sarcasmo no debe ser el medio idóneo para decir que algo nos molesta.
Muchos piensan que al hacer sentir inferiores a los demás se engrandecen. Sin embargo, es lo contrario, sólo las personas pobres de espíritu necesitan destruir al otro para poder sentirse realizados. El empequeñecer al otro, tal vez, es una forma de evitar lidiar con sus propias miserias, sus propias heridas, limitaciones y frustraciones, que en muchos casos, prefiere no enfrentar.
Imagen El dedo acusador (jose_luisgd / Flickr), vía igooh

