Sucede que me invitaron a leer algunas cositas de las que he escrito. No sé por qué ni para qué dije que sí; creo que no escuché bien lo que me estaban pidiendo o no entendí lo que me pedían que hiciera. Para cuando me cayó el veinte ya era tarde, mi nombre ya había sido impreso en el programa del evento. La verdad que no me hace ninguna gracia estar leyendo entre un reguero de tacos. Siento unas ganas enormes de rajarme. El evento es mañana, y ya estoy nerviosa. Ojalá haya aprendido la lección, y la próxima vez que me pidan leer en público lo piense mejor. Aunque conociéndome, lo dudo. Siempre meto la pata. Pero, ya ni llorar es bueno, así es que tendré que lanzarme al charco, y tratar de nadar.
Cuadro: Tertulia en el café paraíso