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viernes, 26 de noviembre de 2010
domingo, 17 de junio de 2007
¡Qué día!
Hay días en los que pareciera que todo debe salir mal. El viernes me desperté un poquito enferma, se me pegaron las sábanas, y cuando llegué al trabajo alguien se había estacionado en mi lugar. En vez de estacionar en el número 27 me estacioné en el 8. Sabía que estaba usurpando el lugar de alguien pero yo no había sido la única; el viernes los estudiantes llegaron al colegio a las 6:30 de la mañana para el ensayo de graduación; como nadie se lo impidió se estacionaron donde mejor les parecióUnas cinco horas más tarde, llegó a mi aula una de las secretarias del colegio con cara de que algo andaba mal: "Un estudiante ha chocado tu carro" vete a la oficina. Al llegar a la oficina el chico estaba todo apenado, nervioso y muy preocupado. Lo siento mucho Srta. -me dijo. "Traté de salir con mucho cuidado pero no pude evitar golpear su coche. Mis padres pagarán por todo, no se preocupe." En ese instante reeviví lo majadero que era cuando estuvo en mi clase.
Me quede fría, imaginé mi carro hecho un tostón, me pregunté ¿por qué diablos me estacioné en ese lugar precisamente? Si no me hubiera estacionado ahí mi coche aún fuera virgen, pero ni modo ya ni llorar ya era bueno. Le dije vamos a verlo. Por suerte, el daño fue mínimo. Luego de la inspección, hicimos copias de su registracion y de los papales del seguro. Aunque estaba fastidiada porque me había rayado el carro; le di las gracias por haber sido honesto, y haber reportado el accidente. Fue bueno ver que aquel chiquillo inmaduro y majadero que alguna vez tuve en clase ya se está haciendo hombre responsable.
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