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martes, 22 de abril de 2014

Gabo y Borges, dos caras de un mismo dilema

La muerte de Gabriel García Márquez ha resonado a nivel mundial. Y, no podía ser de otra manera, pues Gabo logró lo que la gran mayoría de escritores sólo anhela: el elogio de los estudiosos y la devoción de los lectores, no sólo en español sino en docenas de idiomas. 

La muerte de Gabo también ha sido ocasión para que muchas plumas destilen su veneno, disfrazado de crítica literaria. Al decir esto no estoy sugiriendo que a todos les debe gustar la obra de Gabo. De hecho, nadie está obligado a gustarle la obra de ningún escritor, y mucho menos a guardarle pleitesía. Pero, ¿es justo negar el mérito literario de un escritor por su postura política? Me parece que no. 

Si existe una auténtica aversión en contra de la obra de Márquez, me parece perfecto su crítica, pero de varios de estos artículos se desprende que la razón es más política que literaria. Habría sido más honesto, y totalmente legítimo, expresar disgusto, desilusión, o hasta odio por la alianza de Gabo con Fidel Castro que hacer critica politica disfrazada de "literaria"

No estoy de acuerdo con no reconocer la obra de un escritor por sus alianzas políticas. Esa siempre ha sido una mis más férreas críticas en contra de la Academia Sueca. La obra de un escritor habla por sí sola, y si es buena, poco importa lo que piense su creador. Un clarísimo ejemplo de la torpeza de la Academia fue no haberle dado el nobel a Borges. Se lo merecía, pero por sus pronunciamientos  y amistades se lo negaron. 

Voy un poco más lejos. Se puede criticar, hasta odiar al escritor, y aún valor su obra. A mí me cae de la patada Borges, no sólo por su conservadurismo extremo, sino porque se me hace un tipo insoportable, inaccesible, aburrido. Esto no ha impedido que yo reconozca su gran talento, y el valor de su obra. He leído y estudiado la obra de Borges, y amo su universo literario, aun cuando el hombre no es de mi agrado. 

Sé que es difícil separar el escritor de su creación, pero no imposible. No hacerlo es injusto y hasta vil. Dejar de leer a Borges por ser de derecha, como por año proponía la izquierda latinoamericana, o negar el mérito literario de Gabo por su amistad con Fidel Castro son dos actos igualmente mezquinos.