La era digital se presta para que los seres humanos tengamos personalidades múltiples. Lo que suele tratarse como un trastorno mental en los consultorios psiquiátricos suele ser la norma en el mundo digital. A veces conocemos a alguien por este medio, y nos dejamos deslumbrar por lo que leemos a través de la pantalla.La ilusión óptica nos lleva a creer que lo que vemos es real, y que podremos llegar a conocemos a esa persona que se va creando ante nuestros ojos. Una persona cuya constitución está basada en lo que elige decirnos y ocultarnos. Esa persona inventada diseñada a nuestra medida, suele ser muchas veces sólo un personaje, un fragmento de nuestra imaginación.
Hace unos dos años conocí a alguien a través de este blog. Intercambiamos algunos emails, y buen día mi amigo desapreció sin dejar rastro. No hace mucho tiempo en el chat de Facebook un señor, or señora -tal vez- para el caso es lo mismo, con un seudónimo muy extraño, me aseguraba que me conocía, yo inocente, juraba y perjuraba que jamás habíamos tenido comunicación. Al final me dijo quien era, se disculpó por desaparecer, e inmediatamente después de nuestra conversación desapareció de nuevo.
Es tan fácil ser lo que no sé es en el mundo digital, y un buen día desparecer sin dejar rastro. Hoy se puede vivir en Filadelfia, y mañana en Lisboa -ése era el caso de mi amigo fantasma -por suerte nunca llegamos a conocernos cara a cara. La identidad puede ser la que uno quiera, o mejor aún se vale esconderse detrás de la máscara de un seudónimo.