domingo, 24 de febrero de 2013

Una dulce bienvenida

Esta mañana abrí los ojos, y me pregunté ¿por qué levantarme? Me asomé a un abismo y no alcancé a ver el fondo.  Evité profundizar sobre las razones de mi angustia. Opté por centrar mi atención en mi respiración. Quería llenar el vacío de energía, de oxígeno, de vida. Quince minutos bastaron para reunir la fuerza necesaria para levantarme.

Ya de pie, fue una mañana ordinaria: una visita al baño, otra a la cocina y de vuelta a mi cuarto. Agarré las llaves, mi cartera, y tiré la puerta.

Al salir a la calle, la niebla que llevaba en el alma, se había materializado en el entorno. Era un día nebuloso y húmedo.
Al llegar al trabajo, la respuesta a mi pregunta me esperaba en los ojos de mis estudiantes. Me recibieron con mucha alegría, con comida, globo y una hermosa tarjeta hecha a mano que muestra lecciones aprendidas. ¡Mil gracias!




Escrito el 11 de febrero de 2013

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