lunes, 18 de julio de 2016

Walden Pond y la lección de Thoreau

Desde que leí Walden, hace unos veinte años, tenía pendiente visitar Walden Pond. Quería experimentar por mí misma aquel lugar en que Henry David Thoreau llevó a cabo su experimento de vida, y donde acumuló el material que en 1854 se convertiría en su libro más importante: Walden.
El libro detalla su estadía (1845-1847) en una minúscula cabaña que el mismo construyó. Buscaba experimentar la vida en su sentido más básico y esencial: producir lo mínimo para vivir, estar en armonía con la naturaleza, y utilizar el tiempo en vivir. Es decir, dedicarse a pensar, observar la naturaleza, leer, escribir, o simplemente estar.
En el siguiente fragmento Thoreau nos explica la razón de su retiro hacia el bosque:
I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived. I did not wish to live what was not life, living is so dear; nor did I wish to practice resignation, unless it was quite necessary. I wanted to live deep and suck out all the marrow of life, to live so sturdily and Spartan-like as to put to rout all that was not life, to cut a broad swath and shave close, to drive life into a corner, and reduce it to its lowest terms, and, if it proved to be mean, why then to get the whole and genuine meanness of it, and publish its meanness to the world; or if it were sublime, to know it by experience, and be able to give a true account of it in my next excursion (Henry David Thoreau, Walden, "Where I Lived, and What I Lived For")
Thoreau fue un hombre que vivió sus principios, y puso en práctica sus convicciones. Se opuso rotundamente al materialismo imperante en los Estados Unidos; rechazaba sobremanera la idea de esclavizarse a un trabajo en la juventud por la promesa de estabilidad económica en el futuro. Abominaba la idea de consagrar sus mejores años al trabajo, en vez de vivir la vida a plenitud. Quería pasar sus días cultivando su mente y disfrutando del placer de contemplar la naturaleza. Creía en trabajar lo justo para obtener lo necesario: comida, techo y abrigo. Su tiempo era demasiado valioso para dedicárselo al trabajo, en vez de a la lectura, la escritura, la reflexión y a la contemplación.

Thoreau creía que la mayoría de pertenencias eran innecesarias. Por ello, vivió una vida totalmente desprendido de los bienes materiales. Se aisló de la sociedad moderna, que empezaba a monetizar el tiempo de los hombres en las industrias, al tiempo que los dejaba exhaustos, marchitos por dentro. Rechazaba el materialismo inherente a la vida moderna, y deseaba volver a vivir en armonía con la naturaleza. Es por ello que se refugió en Walden Pond por dos años: deseaba poner a pruebas sus creencias, y ver que enseñanzas sacaba de su experiencia.

En Walden Pond, Thoreau pasaba sus días contemplando su entorno, sembrando, cosechando su comida, leyendo y escribiendo. Se sentaba en el quicio de la puerta a observar el paso de las estaciones, escuchar el trinar de los pájaros. Se sentía pleno entre los árboles, aislado de sus contemporáneos con quienes tenía poco en común, excepto por un puñado de amigos, entre los que se contaban Ralph Emerson, quien tuvo gran influencia sobre él.

En la soledad de Walden Pond Throreau reflexionaba constantemente sobre los temas que le interesaban: los libros, la lectura, la vida moderna, el materialismo, la libertad individual, la tiranía del Estado y la Iglesia sobre la libertad del individuo, la guerra y la esclavitud. Thoreau fue un temprano abolicionista, quien siempre denunció los horrores de la esclavitud. De hecho, se puede decir que el experimento en Walden Pond fue un rechazo a la industrialización, a las políticas belicista y esclavista de los Estados Unidos. Denunció férreamente tanto la esclavitud como la Guerra México-americana. En 1846 fue encarcelado por negarse a pagar impuestos por estar en contra de ambas. Su condena duró sólo una noche, ya que un familiar pagó los impuestos atrasados en contra de su voluntad.

Como respuesta a su confrontación con el gobierno y su estadía en la cárcel, Thoreau escribió su seminal ensayo Civil Disobedience, el cual influirá profundamente en el pensamiento de Leo Tolstoi, y las luchas de resistencias pacíficas de Mahatma Gandhi, por la independencia de la India, y de Martin Luther King, Jr., por el reconocimiento y la afirmación de los derechos civiles de los negros en EE.UU. En dicho ensayo Thoreau exhorta a los ciudadanos a resistir al Estado, a desobedecerlo para defender causas justas, específicamente la esclavitud y la guerra con México. El Estado no dudará en meter a los alzados a la cárcel, pero si fuera así, no importa, porque ésta es el único lugar digno de un hombre que se opone a un gobierno que perpetua injusticias y derrama sangre inocente:
Under a government which imprisons any unjustly, the true place for a just man is also a prison.… where the State places those who are not with her, but against her,– the only house in a slave State in which a free man can abide with honor.… Cast your whole vote, not a strip of paper merely, but your whole influence. A minority is powerless while it conforms to the majority; it is not even a minority then; but it is irresistible when it clogs by its whole weight. If the alternative is to keep all just men in prison, or give up war and slavery, the State will not hesitate which to choose. If a thousand men were not to pay their tax bills this year, that would not be a violent and bloody measure, as it would be to pay them, and enable the State to commit violence and shed innocent blood. This is, in fact, the definition of a peaceable revolution, if any such is possible (Thoreau, Civil Disobedience)
Es el deber de la minoría que no está de acuerdo con las injusticias del Estado hacer sentir su desacuerdo, a través de la desobediencia civil; en este caso quería que todos los que se oponían a la guerra y a la esclavitud lo imitaran, y dejaran de pagar impuestos. Hacerlo equivalía a una revolución pacífica, aunque tenía dudas de si tal cosa era posible. Sin embargo, décadas después, tanto Gandhi como Martín Luther King, Jr. demostrarían que, en efecto como lo había concebido Thoreau, la resistencia pacífica puede poner fin a la violencia y la injusticia estatal.

Tras leer Walden se hace evidente lo relevante de las reflexiones de Thoreau sobre la naturaleza, la libertad y el sentido de ser de cada uno. A pesar de que el libro fue escrito a mediados del siglo XIX sus enseñanzas siguen vigentes. No deberíamos olvidar nunca la importancia de "simplificar" para poder vivir la vida a plenitud. No nacimos para ser esclavos del trabajo, sino para vivir y ser felices. La felicidad no se encuentra en la necesidad de acumular, que promueve el ideal de éxito actual, sino en la simpleza de vivir con menos, de no diferir vivir para el futuro a expensas del presente.

Al estar en Walden Pond sentí que no se trataba de una visita, sino de un retorno. Era volver a un lugar conocido: ya había estado allí de la mano de Thoreau; juntos habíamos nadado en el lago, sembrado frijoles, observado los pájaros, la nieve, y los trillos que nos conducían a las expediciones diarias entre los árboles. Deambulé un buen rato por la reserva, me senté a la orilla del lago, y creí ver a Thoreau sembrando, recogiendo leña para avivar el fuego de la chimenea. Me pareció verlo inmerso en el más absoluto silencio, disfrutando de la soledad que amaba. Al entrar a su cabaña, lo encontré sentado a la mesa escribiendo junto al fuego.

Me sentí feliz en aquel lugar que vivió en mi imaginario desde que siendo muy joven una profesora me puso a Thoreau en las manos.  El mensaje de Walden caló muy profundo en mí, y jamás he olvidado su lección: vivir simplemente, vivir con lo justo, aunar mis principios/creencias con mis acciones, disfrutar de la soledad y amar la naturaleza. Pero sobre todo, con Thoreau aprendí la importancia defender la libertad del individuo de vivir su propia vida, como quiera, y la necesidad de resistir a los que buscan coartarnos, llámense Estado, Iglesia u opinión de los demás.

Otros posts sobre Thoreau:
Vivir la vida que soñamos
Conversando con Thoreau en esta mañana de domingo

jueves, 12 de mayo de 2016

Donald Trump y la nostalgia por una nación que ya no existe

Muchos se preguntan, ¿por qué Trump? Creo que para dar respuesta a esta pregunta hay que analizar la convergencia de varios factores, los cuales se complementan y se amplifican. La fama de Trump importa, pues la política estadounidense es a veces un culto a la personalidad; pero también existen razones de peso que explican el fenómeno. Donald Trump no salió de la nada, como quisieran los Republicanos que creyéramos. Surge de la convergencia de discursos políticos, raciales, demográficos y económicos.

Estos discursos forman parte del ideario de algunos adeptos y dirigentes del Partido Republicano. Llevan años construyendo un discurso anti gubernamental, que sitúa al país al borde de un precipicio del que no hay escapatoria. Muchos miembros del partido tienen casi ocho años esperando que Obama suspenda la constitución e imponga la ley marcial. Los más dementes se preparan para oponer resistencia al ejército cuando intente llevarlos a los campos de internamiento FEMA.

El que el presidente de los Estados Unidos se llame Barack Obama, y sea un hombre negro ha desquiciado a quienes sufren la profunda pena de que no sea de ascendencia europea, como todos sus antecesores. El malestar es real y se ha materializado de varias maneras. Una de las más insidiosas es la perpetua campaña que asegura que Obama no es estadounidense y que es musulmán. No es coincidencia que el recelo ante Obama haya propiciado el aumento de milicias armadas. Temen que Obama prohíba la venta y uso de armas de fuego, y quedarse indefensos ante "la tiranía" del gobierno.

Las señales de la decadencia están no sólo en la Casa Blanca, sino en todas las esferas de la nación. Ya nada es como era, dicen. Los Estados Unidos pronto dejará de ser un país en el que la mayoría de sus ciudadanos sean de ascendencia europea. Esto inquieta sobremanera al sector nativista y nacionalista, que cree que solo los descendientes de europeos son estadounidense auténticos. Los síntomas del malestar se muestran, en parte, en el discurso antiinmigrante, en el repugnante epíteto anchor babies, y el deseo de enmendar la decimocuarta enmienda a la constitución, la cual garantiza la ciudadanía a toda persona nacida en el país.

Los racistas engavetados, que permanecían en el clóset por temor a ser juzgados, han visto una apertura en el discurso de Trump para expresarse sin miedo. Donald Trump ha hecho el prejuicio mainstream again. Este es el caso del supremacista William Johnson quien confiesa que Trump ha envalentonado a los autocensurados. Sostiene que "[Trump] is allowing us to talk about things we've not been able to talk about". Trump no ha inventado el discurso discriminatorio, simplemente lo ha vuelto a poner en el tapete.

El avance en la igualdad racial incomoda a los que añoran el país en el que se los privilegiaba. Les enfurece ver cómo se aleja en el retrovisor el país en el que discriminar era la ley. Por eso, hablan de una "América" que ayer fue mejor, claro está, exclusivamente para ellos. Trump apela a la nostalgia por ese país que tuvo que ceder una pequeña parte de su privilegio a la equidad y la justicia.

La pérdida de ese privilegio es lo que añoran estos cruzados modernos, enchidos de nostalgia por un tiempo ido. Desean volver a aquel país en el que las minorías invisibles entendían cuál era su lugar en la pirámide social. Su crítica al discurso políticamente correcto no es más que una excusa para recordarnos que cuando America was great, los indeseables se mantenían en el lugar que les correspondía: debajo de las botas de la supremacía blanca y patriarcal.

Donald Trump promete regresar a ese pasado.

viernes, 15 de abril de 2016

Democracia condicionada: primarias "cerradas" en N.Y.

El próximo 19 de abril serán las elecciones primarias del estado de Nueva York. Por primera vez en mucho tiempo los resultados de estas elecciones tienen peso en la selección de quién será el precandidato presidencial por ambos partidos. Sin embargo, en Nueva York no todos podrán votar. Es decir, los votantes que no estén afiliados a un partido no podrán expresar su preferencia en las urnas.

Nueva York es uno de los once estados en cuyas elecciones primarias sólo pueden votar los registrados como demócratas o republicanos. Esto significa que unos 3.2 millones de votantes se quedarán sin ejercer su derecho al voto, por no haberse afiliado a uno de los dos partidos antes de la fecha límite. Ayer jueves, 14 de abril unos 150 manifestantes expresaron su descontento con el formato cerrado de las primarias ante el ayuntamiento de la Ciudad de Nueva York.

Actualmente hay proyecto de ley en la Asamblea Estatal que buscaría poner fin a esta práctica. Sin embargo, las posibilidades de que se convierta en ley a tiempo para estas elecciones son nulas, no sólo por la falta de tiempo, sino también por la férrea oposición que enfrenta en Albany. El establishment favorece la perpetuación del sistema de los dos partidos tal cual existe.

Me parece una locura que sólo los votantes afiliados a uno de los dos partidos mayoritarios puedan votar en las elecciones primarias; igualmente antidemocrático es que únicamente se pueda votar por el candidato del propio partido. La gran democracia de los Estados Unidos parece serlo mucho menos, si se la examina de cerca. El proceso de votación está plagado de pequeños diques dispuestos estratégicamente para evitar sorpresas y perpetuar el statu quo

Si la gente tiene que conformarse con votar por el candidato de su partido, y otros tantos con mirar de lejos como les imponen a un candidato, el poder discurre por senderos previsibles o preestablecidos. En este caso, Hillary Clinton lleva todas las de ganar el próximo martes, y mucho más sin el cortocircuito que podría suponer la insurgencia del voto independiente, el cual ha favorecido a Sanders a lo largo de la contienda. 

Este juego de los partidos funciona a nivel local, pero puede trancarse en el escenario nacional, ya que es imposible ganar las elecciones sin el voto independiente. En noviembre quien obtenga el voto de los no afiliados, se mudará a la Casa Blanca en enero de 2017, los otros, se conformaran con haber ganado primarias en las que millones no pudieron votar.

lunes, 7 de marzo de 2016

Una década de Planeta Atabex

Escribo porque lo necesito, sin embargo, a pesar de ello, he optado por no escribir. La razón: me falta tiempo y debo terminar mis proyectos inconclusos. No es una decisión permanente, claro está. Volveré a escribir con cierta regularidad en el otoño. Es difícil no escribir, especialmente ahora que estamos en medio de una campaña electoral cuyos candidatos dan mucho que decir; no es que tenga algo que decir que nadie no haya dicho, sino que la escritura es una forma saludable de procesar la estupidez que pasa por "política" en estos días. Muchas veces he sentido que me asfixio, pero debo cumplir con mi autoimpuesta abstinencia, y conformarme con respirar profundo.

Me he permitido escribir este post, y lo haré cada vez que pueda, por varias razones; una de ella es que Planeta Atabex cumplió ayer un década. Aunque no es ni la sombra de lo que fue, aun le tengo mucho cariño, y a pesar de que me ha pasado por la mente cerrarlo, es difícil vivir sin mi Planeta. Tengo un blog privado, el que he compartido con algunos lectores, pero este es mi consentido. Me gusta su naturaleza anárquica, reflejo de quien lo escribe, en la que cabe todo desde la reflexión personal, a la critica literaria, social y política. Es un fiel reflejo mío, y así quiero que lo siga siendo. Cuando algunas veces he pensado en escribir sobre sólo de un tema, siempre encuentro mil razones para desistir. Me gusta su esencia ecléctica y caótica.

Este blog ha significado muchísimo para mí. Ha sido una larga década que documenta mi evolución y crecimiento. He dejado plasmado aquí varios de los peores momentos de mi vida, pero también algunos de los mejores. He escrito sobre mis dudas, mi soledad, la melancolía, la inmigración, el desamor, la muerte, el ateísmo. He compartido mis gustos literarios por los cuales he hecho amigos y enemigos. He criticado leyes draconianas y discriminatorias, la xenofobia, el racismo, la desigualdad social, el militarismo, el colonialismo, las falsas pretensiones feministas de algunos grupos, y un largo etcétera. A pesar de que disfruto escribir sobre todo lo antes dicho, debo confesar que lo mejor de Planeta Atabex son los amigos que he hecho. A pesar de que la mayoría vive fuera del país, los considero verdaderos amigos, al igual que a los que viven cerca y veo de vez en cuando. Mis amigos blogueros se han convertido parte importante de mi vida, y a veces me parece mentira que nos conociéramos por aquí.

Mientras pensaba sobre este post, llegué a la conclusión de que no soy la misma mujer que inició este blog el 6 de marzo de 2006. Me creo más sabia, no sólo por los años y las experiencias vividos, sino porque me he vuelto mucho más escéptica. Mi escepticismo nace de mi inagotable necesidad de entender, de analizar, de preguntar, y de comprobar, en más de una ocasión, que las cosas no son siempre lo que parecen, y viceversa. La verdad se esconde a veces en los dobleces, en el claroscuro, pues todo es más complicado de lo que parece. Sin embargo, a pesar de todo, nada ha cambiado mis más profundas convicciones. Paradójicamente, me ha hecho mucho más radical en muchos aspectos. Sigo firme en la defensa de los desvalidos, en la denuncia de los poderosos, en la crítica del Estado. El Estado me parece una navaja de doble filo, un mal necesario tal vez, un instrumento que puede hacer justicia, corregir males sociales, corregir inequidades y socorrer al desposeído. Sin embargo, con la misma facilidad puede hacer JUSTO lo contrario. Por ello, es importante, no confiarse del todo, independientemente de quien gobierne. Debemos siempre vigilar, estar al tanto, y no desfallecer jamás en criticar, denunciar sus faltas, porque cada vez que nos callamos, pierden los más vulnerables de la sociedad.

Mi agradecimiento por leerme, por su amistad, y por todo lo que he aprendido con ustedes y de ustedes. Ha sido un honor darles la bienvenida a este mi Planeta y conversar con ustedes. Gracias a los que pasan por mi blog, disculpen mi descuido y ausencia. 
¡Hasta pronto!

jueves, 16 de julio de 2015

Mis impresiones de El príncipe de Maquiavelo

Soy amante de leer los clásicos, y cada vez que tengo oportunidad, añado uno a mi lista de leídos. Esta vez el turno le tocó a El príncipe de Maquiavelo. Era una lectura pendiente, que cobró una cierta cercanía cuando estuve en Florencia. Un día me encontré frente a su tumba, coincidencialmente, el mismo día que había visitado el palacio de los Médici. El azar me hizo pensar en el vínculo histórico que los unía. Me quedé unos segundos frente a su tumba, sobre la cual reposaba una rosa roja. Había ido hasta la iglesia de la Santa Cruz a visitar las tumbas de Michelangelo y Galileo.

La fama de Maquiavelo se debe casi exclusivamente a El príncipe, a pesar de haber escrito otro siete libros -tratados políticos, una comedia, entre otros. Maquiavelo fue funcionario público durante el período republicano de Florencia. Fungió como secretario, diplomático y asesor de guerra.  Por razones que desconozco, Maquiavelo perdió su cargo público. Sus desgracias no terminan ahí, tras el regreso de los Médici en 1512, fue acusado de conspirar en  su contra, fue torturado, encarcelado, y posteriormente exiliado.

Alejado de la vida política, Maquiavelo se entrega a la escritura; de este período son El príncipe (1513) y otros textos importantes. Era una etapa de gran desilusión debido a sus pérdidas personales -quedó desempleado y su reputación estaba en tela de juicio-; y por otra parte, por la realización de que Italia era cada vez más un estado divido, sin esperanza de unificación, consumido por las luchas de poder, la corrupción y la ambición de los gobernantes y de la Iglesia. Es en este contexto que Maquiavelo decide plasmar sus esperanzas de un líder fuerte y una nación unificada en El príncipe, y se lo dedica a quien considera capacitado para alcanzar la gloria de liberar a Italia del caos: Lorenzo II di Médici.

El libro discurre sobre las acciones que ha de tomar un príncipe para conservar el poder, hacer de su estado uno estable, fuerte y que promueva el bien común. Éste consta de una dedicatoria y 26 capítulos. El sentido del libro se esboza claramente en la dedicatoria y la exhortación final. En la dedicatoria expresa su lealtad al nuevo príncipe, y se la demuestra al poner a su alcance su mayor posesión: su conocimiento de la naturaleza humana, y de las acciones que constituyen el bien y mal gobernar:
Deseando, pues, presentarme ante Vuestra Magnificencia con algún testimonio de mi sometimiento, no he encontrado entre lo poco que poseo nada que sea más caro o que tanto estime como el conocimiento de las acciones de los hombres, adquirido gracias a una larga experiencia de las cosas modernas y las antiguas. 
La fuente de la sabiduría de Maquiavelo son su experiencia, sus reflexiones y análisis de las acciones de los estadistas del momento y de la antigüedad. Sin embargo, el súbdito desea algo más: lograr la absolución del monarca. Procura que el nuevo príncipe, acepte su obra como muestra de su lealtad y apreciación, pero también, que se detenga a evaluar lo injusto de la acusación que pesa sobre sí:
Y aunque juzgo esta obra indigna de Vuestra Magnificencia, no por eso confío menos en que sabréis aceptarla, considerando que no puedo haceros mejor regalo que poneros en condición de poder entender, en brevísimo tiempo, todo cuando he aprendido en muchos años y a costa de tantos sinsabores y peligros […] No quiero que se mire como presunción el que un hombre de humilde cuna se atreva a examinar y criticar el gobierno de los príncipes […]
Acoja, pues Vuestra Magnificencia este modesto obsequio con el mismo ánimo con que yo lo hago; si lo lee y medita con atención, descubrirá en él un vivísimo deseo mío: el de que Vuestra Magnificencia llegue a la grandeza que el destino y sus virtudes le auguran. Y si Vuestra Magnificencia, desde la cúspide de su altura, vuelve alguna vez la vista hacia este llano, comprenderá cuan inmerecidamente soporto una grande y constante malignidad de la suerte.
La dedicatoria de Maquiavelo responde a una larga tradición: dedicar una obra a una persona poderosa e influyente para engraciarse con ésta, defender su honra o obtener algún favor. Esta dedicatoria iba siempre impregnada de una falsa modestia: el escritor se presentaba como el más humilde de sus súbditos o admiradores. Aunque su libro no le acarreo los beneficios personales esperados -no recobró su cargo, ni fue absuelto de culpas, sí le ha legado un lugar de importancia en la política moderna y en las letras universales.

En la exhortación, el último capítulo, Maquiavelo expresa un motivo superior a sus deseos personales y el aprendizaje del príncipe: la necesidad de un príncipe fuerte que sepa imponer el orden en Italia, y liberarla del caos en que se encuentra. Maquiavelo termina su libro con un llamado "a liberar a Italia de los bárbaros”. Pone toda su confianza en el nuevo príncipe y el linaje que lo avala. Está convencido de que Lorenzo II di Médici, si sigue los consejos ofrecidos, logrará unificar a Italia, y hacer de ella un estado fuerte para su gloria personal y el bien de todos:
 De modo, que casi sin un soplo de vida, espera Italia al que debe curarla de sus heridas, poner fin a los saqueos de Lombardía y a las contribuciones del Reame y de Toscana y cauterizar sus llagas desde tanto tiempo gangrenadas.
[…] Y no se ve en la actualidad, en quien uno pueda confiar más que en vuestra ilustre casa, para que con su fortuna y virtud, preferida de Dios y de la Iglesia, de la cual es ahora príncipe, pueda hacerse jefe de esta redención.

[…] Abrace, pues, vuestra ilustre familia esta causa con el ardor y esperanza con que se abrazan las causas justas […]
La publicación de El príncipe en 1513 supuso un hito en la concreción del Estado moderno, y la concepción de éste como una entidad independiente de la religión. Maquiavelo expuso la necesidad de desvincular la política de la religión y la moral, ya que ni una ni otra son útiles al objetivo supremo de todo estadista: mantener el poder, y la integridad del Estado. Este concepto era revolucionario, ya que atentaba contra el principio imperante hasta entonces de que el poder, el entendimiento y voluntad les son dados al hombre por Dios. No en vano El príncipe fue puesto en el índice de los libros prohibidos. Los críticos de Maquiavelo de los siglos XIV y XVII, en su gran mayoría, se fundamentaban en esta separación del poder de su origen divino (Quevedo, Gracián, etc.).

Las crítica no han sido únicamente de origen moral/religioso, sino de orden jurídico/ético/secular, pero estas fueron posteriores, no inmediatas como ocurre con las primeras. En El príncipe Maquiavelo, sin usar el término jamás, esboza lo que luego se denominó la Razón de Estado. Maquiavelo argumenta que el príncipe/el gobernante debe estar dispuesto a hacer lo que fuera necesario, sin atenerse a la moral, ni la ética ni al derecho para salvaguardar la integridad del Estado. Se vale exterminar estirpes, envenenar, hacer la guerra, colonizar, anexar, traicionar y simular buena intención para lograr este objetivo. No importa si hay que aplastar a una minoría en el proceso, siempre y cuando, ésta acción se haga a favor del bien común, la retención del poder y la integridad del Estado

No es lo mismo leer a Maquiavelo en el siglo XXI, teniendo constancia de los peligros de los poderes absolutos del siglo XX, que haberlo leído en el siglo XVI en el momento que lo concibió Maquiavelo. La naturaleza despótica, bélica, expansionista, y tramposa del líder ideal de Maquiavelo resulta harto problemática hoy día. La aniquilación de las libertades individuales y la carta blanca que le otorgaría Maquiavelo al estadista, para usarla a su discreción para mantener el poder y el estado fuerte, pueden resultarnos escalofriante, en parte porque tenemos precedentes de las consecuencias del poder absoluto, y creemos en un estado de derecho en el que el estadista, no debería estar por encima de la ley.

Me fue difícil leer El príncipe, sin sentirse cierta repulsión, con cada página que volteaba veía el fantasma de tantos monstruos iniciados en el maquiavelismo, Mussolini, Balaguer, entre otros. Es impresionante la correlación entre las prácticas balagueristas y las indicaciones de El príncipe. No sé si esta conexión ha sido estudiada, imagino que sí, porque es obvia; no tengo duda de que Balaguer siguió las instrucciones de Maquiavelo al pie de la letra. A saber, eliminar a los subversivos, mantener el vulgo contengo con sus migas, no interferir con las clases poderosas, dar castigos ejemplares, hacer todo tipo de trampas y chapucerías para seguir en el poder, y un larguísimo etcétera.

Para concluir, confieso que lo que más me sorprendió de El príncipe fue la ausencia de la célebre máxima que todos les atribuyen a Maquiavelo. No, Maquiavelo no dijo que el fin justifica los medios, por lo menos no está contenida en el texto per se. Sin embargo, hay que reconocer que es una magnífica síntesis de los argumentos por él presentados, de principio a fin, en su tratado. La frase sintetiza magistralmente la tesis y los argumentos expuestos en El príncipe.

Algunos enlaces a textos que leídos:
http://www.mgar.net/var/maquiave.htm
http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/4/1799/5.pdf
http://elpais.com/elpais/2013/12/19/opinion/1387456150_255547.html
http://www.eldiario.es/cultura/libros/Maquiavelo-El_principe-aniversario-biografia_0_191431465.html

martes, 16 de junio de 2015

Afrontar el presente

Vivir es un arte que se aprende con los años, o no se aprende. Esto es más complicado de lo que podría parecer. La vida es siempre ahora, no ayer, ni mañana.

Es inútil aplicarle reglas ni soluciones genéricas. No la podemos reorganizar como quisiéramos que fuera. Sólo los charlatanes que hacen fortuna con sus libros y charlas de autoayuda, y los ilusos que caen en sus redes creen lo contrario.

La vida es este momento. Ponderar cómo actuaríamos, si la situación fuera otra, es siempre un ejercicio fútil.

Se requiere fortaleza, valentía, autoconocimiento y sentido de orientación vital para afrontar los retos que se nos presentan.Nos toca perder, tomar decisiones difíciles, y aceptar, o rechazar las opciones que se bifurcan ante nosotros.

Decidir qué camino seguir es un ejercicio que se perpetúa en el presente. La elección puede resultar acertada o equivocada, pero hay que tomarse el riesgo de vivir, decididamentedesde nuestro presente, sea éste el que sea. 

domingo, 7 de junio de 2015

Una daga de acero frío llamada melancolía

Me llama mucho la atención la gente alegre. No estoy hablando de los que hacen malabares en las redes sociales para hacernos creer que sus vidas son perfectas. No. Ellos me dan pena. Hablo de esos seres que viven anclados en el lado alegre del espectro de la vida. Son maravillosos. Llenan cualquier espacio de luz y hasta logran contagiarnos.

Conozco a varias personas así. Tengo dos amigas de más de veinte años, y las veo siempre genuinamente alegres. Esto no significa que no tengan problemas, ni que la vida no les haya propinado varios golpes. No. Es que en ellas la alegría es una corriente que siempre fluye, libre de un dispositivo interruptor. La alegría es su elemento, su característica más prominente.

Las admiro, y las envidio.

Mi lugar está al otro lado del espectro vital. Nací triste. La melancolía ha estado conmigo siempre. Es un continuo, pero no recto, sino ondulado. Tiene gradaciones, a veces son más pronunciadas, otras menos, y en ocasiones hasta pueden ser imperceptibles; pero yo sé que ella está ahí, latente. Acechándome. 

La melancolía no se cura, se maneja. Se aprende a convivir con ella.

No tiene que ver con lo que me pase o deje de pasarme en la vida, aunque claro esto puede influir, pero no determinar. La melancolía simplemente es. Me brota de adentro, desde que tengo memoria. He aprendido a vivir con ella,  porque no hacerlo habría sido peor para mí. La coexistencia y la aceptación es parte de la estrategia para manejarla.

Mi niñez fue hermosa. Viví colmada de amor, en campo abierto, corriendo libre, sintiendo el viento alborotarme el pelo, y el agua del río salpicar mi cuerpo. Cierro los ojos y revivo aquel tiempo con devoción: un cielo azul caribeño, juegos al aire libre, frutas, animales, amigos, primos, hermanos. Aún puedo sentir el olor de los mangos, de las naranjas, de las guayabas o los cajuiles. 

Tuve todo lo que necesitaba para crecer feliz y segura: el amor de los míos, la naturaleza y la libertad para expresar mi curiosidad; tengo casi todo lo que preciso. He logrado casi todo lo que me he propuesto. He amado, he crecido como ser humano, soy libre de hacer lo que quiero; y sin embargo, nada nunca ha cambiado el fluir de esa corriente melancólica que vive albergada en el tuétano de mis huesos. 

La siento despertarse, gatear por mi cuerpo hasta cubrirme por completo. Es a veces una brisa suave que me roza la piel y me dice "aquí estoy", y otras un ventarrón que me lanza por el aire, sin aviso previo, y caigo en pedazos.

No hay otro remedio que aceptar su presencia; respirar profundo, decirme ya pasará, darme todo el cariño y comprensión posible; evitar juzgarme, y mantener los pensamientos negativos a raya;  y por supuesto,  hacer esas pequeñas cosas que me ayudan a mitigar sus embates: llorar, leer, escribir, ir al gimnasio, dar una caminata, ir al cine o consentirme con un masaje.

La melancolía reclama su espacio, lo ocupa, y cuando quiere se va... Y yo continúo, sabiendo que el día menos pensado, volverá como un soplo suave o un huracán, y me anclará su daga de acero frío en el estómago.