Escuché una señora ofrecer una cura infalible para el alcoholismo. Me quedé atónita al escuchar los detalles. La abuelita daba sus instrucciones con toda la convicción del mundo; y, aseguraba que con esta extraña receta se había curado del alcoholismo un familiar suyo.
He aquí lo que dijo:
"Coja una molleja de gallina. La gallina debe ser bastante vieja, y ser de calidad. Extraiga la molleja, bote los desperdicios, asegúrese que quede muy limpia, luego, tiéndala al sol. Espera a que la capa amarilla que cubre el interior de la molleja se empiece a despegar. Una vez que la piel se levante, despuégala de la molleja. Asegúrese de que esté crujiente, totalmente tostada. Coja la membrana entre las manos, y hágala polvo, frotando ambas palmas. Guarde el polvo en u frasco de vidrio, y añada una cucharadita al café, té, jugo o chocolate que vaya a tomar el alcohólico. Es sumamente importante que éste no se entere de lo que toma, de lo contrario, no funcionará."
No pude contenerme, saqué mi diario, y me puse a escribir lo que decía la señora. Me parecía que alucinaba, pero, no, al terminar de escribir mis apuntes, la señora seguía ahí, conversando amenamente, y aún dando fe de la maravillosa receta.
Cuadro vía Historia de la comida
