No he podido sacarme de la mente la imagen de John McCain al dirigirse al senado ayer al hacer su última apelación en contra de la revocación de la ley Don't Ask, Don't Tell. Sentí lástima de McCain, el venido a menos senador de Arizona, al escucharlo decir que 'era un día triste.' Según McCain el que el Senado haya, por fin, eliminado una ley discriminatoria en contra de los soldados homosexuales, es una distracción innecesaria.
Me pregunto ¿qué diablos pasó con el John McCain sensato? Se me hace imposible entender que una persona pueda involucionar de tal manera. Quisiera creer que los años nos sirven para mucho más que llenarnos de arruga y amargura, sino para hacernos más coherente entre lo que hacemos y pensamos. Sin embargo, en el caso de John McCain ha ocurrido lo opuesto, éste ha sufrido una involución radical en la última década. Pareciera que a partir del año 2000 inició una errática campaña para ir en contra de sus propios principios y destruir su legado político. Por años McCain fue la voz de la sensatez de la extrema derecha de su partido, hoy sólo su alto-parlante. ¡Qué lástima que la vejez lo haya hecho tan servil! Yo extraño su independencia de pensamiento y su dedicación a los más desamparados.
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