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jueves, 17 de julio de 2014

Tras las huellas de Cortázar en París

Mi última noche en París decidí que iría tras las huellas de Cortázar. Me quedaban horas, o lo hacía, o pasaba mi deseo a la lista de lo que se quedó por hacer.

Mi intención inicial había sido visitar el cementerio Montparnasse, su última morada. Tenía una lista de muertos queridos que quería visitar, pero no me alcanzó el tiempo.

Lo único que me quedaba ya era pasar por la que había sido su residencia. Llevaba la dirección y la ruta del metro que debía seguir, anotada en mi libreta. Era tarde, y la voz de la razón me decía que me fuera al hotel, pero los sentimientos pudieron más, así que hice transferencia al número 8, rumbo a la rue Martel, número 4.

El trayecto sería de La Motte-Picquet a Strasbourg-Saint Denis, diez paradas. Saqué el mapa de la ciudad, e intenté ubicar la calle. No la encontré por ningún lado. Pensé la encontraría al consultar el mapa agrandado, e iluminado que hay a la boca de todas las estaciones de metro.

Al salir a la superficie observé mi entorno, y por primera vez, había llegado a un área en la que no me sentí cien por ciento segura. Me acerqué al mapa, cuidándome la espalda,  y busqué infructuosamente la Rue Martel.

Le pregunté a unos hombres que no me dieron buena impresión, pero era lo que había que hacer. Me dijeron que esa calle no existía. No les creí, aunque creo que estaban convencidos de lo que me decían.

Mientras estaba rodeada de esos cuatro hombres, se acercó un quinto,  y le preguntaron si conocía la calle. Cambiaron de idioma, ahora hablaban turco. Entre señas y francés, seguí al recién llegado, quien había dicho conocer la calle.

No estaba segura de lo que hacía, pero lo seguí. Entramos a la estación de metro, y entonces me tranquilicé. Me di cuenta de que mi acompañante era un buen hombre, de verdad quería ayudarme.Se acercó a la ventanilla y le habló al vendedor de billetes. Éste me pidió la dirección, y le pasé mi libreta.

Metió los datos en la computadora, y unos minutos después, tenía en las manos un papel impreso con mi nueva ruta. Le agradecí a ambos, y continué mi pesquisa. Debía subir al metro número 4 y bajarme en Chateau d'Eau. Sólo una parada. Seis minutos se leía en el papel.

Salí del metro, y repetí el rito anterior: busqué en al mapa, y la calle no apareció. El área no tenía mejor pinta que la anterior. Me quedé pensando en que dirección caminar, más por instinto que por lógica.  Decidí caminar sobre la avenida principal.

Vi aparecer a un hombre mayor, de baja estatura, y aspecto bonachón. Llevaba gorra, y una mochila sobre la espalda. Era él todo un bulto negro, salpicado por el blanco del cuello de la camisa, de su tez, su pelo y su barba.

Le hablé en inglés y español, y no me entendió. Le mostré la dirección, y nos aceramos al mapa. Sacó sus espejuelos, y tampoco dio con la rue Martel. Me sentí menos idiota.

Le di las gracias en español, y me devolvió unas palabras en un español ininteligible. Me hizo seña que lo siguiera. Doblamos un par de calles, y de pronto, el barrio adquirió un barniz de bohemia, que me agradó.

Entramos a un bar. Preguntó por la calle, y le dijeron que siguiéramos derecho, y que nos toparíamos con ella. Caminamos unos diez minutos, y de repente, apareció ante mis ojos el típico letrero azul en el que se leía: Rue Martel.

Señalé el nombre de la calle, y Farid me devolvió una mirada cómplice y una dulce sonrisa hueca. Doblamos, y pronto estuvimos ante el edificio número 4. Sonreí complacida al visualizar la lápida por la que me había embarcado en esta aventura.

Saqué la cámara y tomé unas fotos: de la lápida, de la puerta, del número 4, de la calle, del bar que me observaba desde la esquina opuesta.

Me imaginé a Cortázar con sus seis pies y cuatro pulgadas saliendo por la puerta, y cruzar al bar a tomar unas copas o un café, de seguro cebar un mate era allí imposible.

Mi amigo Farid, no sabía qué pensar. Con unas palabras que no entendí, pero que comprendí perfectamente me dijo, “A esto has venido?". "Esto es todo, Sonia? -Dijo mi nombre por primera vez.  Sonreí y asentí. Sacudió la cabeza, sonriendo.

Era hora de volver al hotel, pero antes invité a Farid tomar algo. Se disculpó, por no poder aceptar. Iba a reunirse con su grupo musical, sus compañeros lo esperaban. Lo que había pensado era una mochila, resultó ser una guitarra.

Podía salir de allí sin ningún problema, pero Farid, insistió en acompañarme hasta una estación donde coger el metro número 8, para que mi regreso fuera más fácil. Ya nos entendíamos perfectamente, entre risas, medio francés, medio español, y mucha gesticulación.

Íbamos conversando. Me contó que su esposa había muerto y que nunca se volvió a casar, que no tenía hijos, que había llegado de Argeria hacía más de cuarenta años, que había estado en España e Italia.

Le dije que había nacido en la República Dominicana,  pero que había vivido la mayor parte de mi vida en Nueva York, y volví a ver su sonrisa hueca.

Había dejado de prestar atención a la ciudad, porque Farid ya la acaparaba toda, pero miré a mi alrededor y estábamos en una zona repleta de bares, y de una vida nocturna vibrante. Me dieron ganas de quedarme allí. 

Al doblar a la esquina, apareció la boca del metro. La estación era Grands Boulevards, estaba a tan sólo a una parada de donde me había bajado inicialmente (Strasbourg).

Farid y yo íbamos en la misma dirección, el bajaría en Opéra, y yo en La Motte-Picquet. Nos quedaban dos paradas juntos. Me dio su dirección por si volvía a París, la escribí en mi libreta.

Al entrar a Opéra, nos dimos un abrazo y nos dijimos adiós. Me dio mucho gusto conocer a Farid.  Me quedé pensando en él por un buen rato.

Y de repente, recordé a Cortázar, quien había pasado a un segundo plano. Me puse a ver las fotos, y descubrí que, tal vez por la emoción, había tomado unas fotos pésimas. Me dije que igual eran mis fotos de donde había vivido Cortázar.

Volví al hotel, y pensé en Farid hasta que me venció el sueño. Al llegar a Nueva York le envié una postal. Me lo imagino leyéndola, al tiempo que despliega su dulzona sonrisa hueca.

martes, 31 de diciembre de 2013

2013: algunas vivencias en retrospectiva

El 2013 fue un buen año. Lo que sigue es un recuento de trece momentos que viví a plenitud este año. El fin de año es siempre momento de pasar balance vital. Prefiero recordar MOMENTOS en los que logré algo tangible, sentí miedo, fui valiente, emprendí alguna aventura, o simplemente disfruté de las cosas que me gustan. He aquí trece experiencias, sin ningún orden específico, que hicieron mi 2013 un año memorable.

I. Una cita amorosa a 275 millas de casa. Quedamos de vernos en un restaurante que está en Oneida Lake, N.Y. Ambos condujimos cinco horas. ¡Esto fue una locura! El resultado fue desastroso, pero me disfruté la aventura. Llegué al lugar, lo esperé. Comimos y charlamos un buen rato. Dimos una caminata cerca del agua, que estaba totalmente congelada, y nos dijimos adiós. No hubo más citas.

II. Me fui al monte a pensar. Estar cerca de los árboles tiene un efecto tranquilizador, y suele ayudarme a aclarar mis pensamientos. Debía decidir algo importante, y estaba aterrada, llena de dudas. Quería la quietud de las montañas para escuchar mi voz interior, sin que mis pensamientos la inhibieran o confundieran.

Me fui a las montañas de Pine Hill New York a estar conmigo misma lejos del bullicio de la ciudad. Me quedé por cuatro días. Empezaba el día con una caminata de dos horas, subiendo montañas. ¡Nada fácil! Durante los días que estuve allí sólo consumí jugos naturales.

Me sentaba a escuchar el agua de un pequeño arroyo serpentear, y eso me daba mucha paz. Sentía que yo también me iba en ese discurrir eterno del arroyo. Pasaba ratos en este estado dejándome arrastrar con el agua.

Quería sólo sentir. No quería analizar nada. Buscaba que brotara de mis adentros, sin esfuerzo, la respuesta a la pregunta que me había hecho.

Me adentré en mí, unos días después, al abrir los ojos en la mañana, ya tenía la respuesta que buscaba.

III. Defendí mi propuesta de disertación y estoy a punto de terminar el primer capítulo. Me tomé ocho meses de investigación, y escritura para darle forma coherente a mi propuesta. El título de mi disertación es Subversión y marginalidad en tres novelas de Juan Filloy de la década de 1930.

IV. Presenté un trabajo sobre mi tesis en la Universidad de Pittsburgh. El trabajo se llama Los otros en las novelas de Juan Filloy. Fue una experiencia muy bonita e estimulante. Conocía gente interesante y que también trabajan en sus tesis.

V. Decidí ser madre soltera. Nunca he sido una mujer tradicional, de esas que sueñan con el matrimonio, el vestido blanco y los hijos desde la infancia. No estaba segura de querer hijos. Siempre pensé que cuando llegara el momento, mi compañero y yo lo decidiríamos. Sin embargo, soy una mujer soltera, que no tiene una relación estable. Así es que me tocó decidirlo sola.

Mi primera intención fue adoptar. Una vez me di cuenta del trabajo, el costo y todo lo que conlleva el proceso, decidí cambiar de plan.  La decisión está tomada, y la ejecutaré cuando sea pertinente.

VI. Consideré cambiar de trabajo. Amo mi trabajo y soy buena en lo que hago. Llevo quince años en mi trabajo actual. Sin embargo, este año por un sinnúmero de factores, decidí explorar un cambio de trabajo. Creo que fue un momento importante, porque lo que estaba al fondo de todo esto, no era ganar más dinero, de hecho ganaría menos si empezara de nuevo, sino un deseo de dedicarme a la enseñanza universitaria. No he decidido nada aún pero es una posibilidad. Veremos que trae el futuro.

VII. Terminé de pagar préstamos estudiantiles y otras deudas. Me propuse pagar todas mis deudas en dos años y lo logré. Soy muy feliz de vivir sin deudas.

VIII. Leí. No sólo para la tesis sino por puro placer. Leí en inglés y español. Leí buenos libros, y otros no tanto. Leí novelas e historia.

Descubrí la figura de Severino Di Giovanni que me ha fascinado, y sobre quién me he formulado una hipótesis relacionada con la tesis, que aún tengo que probar o descartar.

El libro más me impresionó fue Cosmos de Witold Gombrowicz. Al leerlo tuve ganas de decir, “Mierda y eso es posible” como alguna vez dijo Márquez al leer Pedro Paramo. Gombrowicz tiene un estilo único, que suele marearnos, hipnotizarnos, y envolvernos, sin chistar, en las más absurdas aventuras narrativas. Si tuviera que caracterizarlo diría que es cómo una bola de nieve que una vez en movimiento va aumentando, y no se detiene jamás.

El peor libro que leí fue Plegaria nocturnas de Santiago Gamboa –el crítico que dijo que este tipo es, junto a García Márquez, el mejor escritor de Colombia, se le flojeó una tuerca.

IX. Continué con mi deseo de vivir con menos. Todos los días quiero vivir con menos. En mi casa tengo lo esencial. Nada de excesos. Me gusta viajar ligero por la vida, tanto en lo interior como en lo exterior.

X. Experiement'el síndrome de Standhal mientras estuve al ver el David de Michelangelo. Había leído de la gente que es presa de este síndrome ante la abundancia de belleza. Imagino que fue lo que me ocurrió ante la estatua de David. Se me aceleró el pulso, el corazón se me atragantó, y las lágrimas salieron a borbotones, sin que yo hiciera nada. Sin embargo, fue una experiencia que no calficaría de enfermedad. Fue totalmente emotiva y placentera.

Me quedé estupefacta ante tal grado de perfección. Nunca he visto una escultura más perfecta. Al David sólo le falta respirar para ser humano. Su mirada, la alteración de sus venas, sus músculos tensos, esperando el momento justo de atacar a su oponente me sobrecogieron totalmente.

XI. Pasé un día con un perfecto desconocido. Entré a un restaurante y ahí estaba. Ni idea tenía de lo que seguiría después. Un día repleto de atenciones y humanidad compartida. Me regaló flores, comimos helado, y caminamos bajo la lluvia. Fuimos a un museo, y descubrimos callejuelas. Esta experiencia fue algo así como un embrión de romance abortado por el reloj, y la imposibilidad de la distancia.

XII. Escalé un volcán activo. Subí a la cima del Vesubio. Escalé sus 1.238 metros de altura bajo un sol infernal. Valió la pena ya que la vista de Nápoles que ofrece este monte es impresionante. Comprobar la extensión del cráter nos da una idea de la fuerza destructora de este coloso.

XIII. Visité Italia. Siempre había querido ir a Italia. Debí haber ido en el 2003, pero por razones que no vale la pena recordar, el viaje no se dio. Así que este año me regalé un viaje a Italia de cumpleaños. Disfruté cada instante de mi estadía. Me quedé con las ganas de volver, y pasar una larga temporada allí.

Roma: Estar en Roma es estar en un hermosísmo teatro al aire libre. Caminé muchísimo. Cogí el metro y el bus. Me perdí. Pregunté. Hablé italiano, español y también inglés. Vi la ciudad iluminada desde Il Ganicolo. Estuve en la fontana de Trevi, en el panteón, en las plazas.

El coliseo, el foro romano y el Palatino: ¡Qué impresionante estructura es el coliseo! Y, pensar que fue construída en ocho años. ¡Pobres esclavos! Pasé horas muertas disfrutando la vista, leyendo sobre su historia, e imaginando toda la sangre que se derró en este lugar. A un lado está el arco de Constantino, y por otro ángulo el antiguo templo de Venus. Después de visitar el coliseo anduve por la colina del Palatino, y terminé mi día en el Foro Romano. Sin duda uno de mis mejores días en Italia.

El vaticano: Fui al museo, la catedral y anduve callejeando un poco. Me gustó el museo, especialmente los cuartos de Raphael, y la Capilla Sixtina. Sin embargo lo que más me gusto fue haber escalado al tope de la cúpula de la catedral y ver desde arriba Roma, y la plaza de San Pedro. Es una vista espectacular por la que vale la pena escalar los 583 escalones.

Florencia: Todo lo que había esperado de esta mágica ciudad era cierto, y mucho más. Es vivir en un museo al aire libre. Se respira arte por todas partes: edificaciones maravillosas, estatuas, monumentos, todo antes nuestra vista para disfrutar.

Santa Croce: Me gustó mucho más que la catedral. Estaba en obra, pero aun así pude apreciar su belleza. Allí están las tumbas de Dante (vacía), Galileo, Machiavelli y Michelangelo, entre otros. Los mausoleos de Michelangelo y Galileo son preciosos.

Galleria dell’Academia: Hay varias razones para visitarla, la más importante el David de Michelangelo, y sus obras incompletas.Michelangelo siempre dijo que sus figuras estaban dentro del mármol esperando ser descubiertas. Al ver sus obras incompletas se hace palpable este concepto: iba desenterrando sus esculturas, dándole forma, sin modelo previo. Las visualiazaba, y entonces empezaba a "desenterrarlas". Michelangelo fue simplemente genial.

L’Uffizi: Es uno de los museos más impresionantes que he visto. Aquí vi las obras de Giotto, Botticelli,  Caravaggio, Tizziano, Leonardo y otros tantos. Vi una exhibición que se llamaba La primavera del Renacimiento. Simplemente maravillosa. Esta exhibición traza una línea recta desde del nacimiento hasta su máximo esplendor. Nunca antes había contemplado la progresión de la perspectiva y los colores como lo presentaba la exhibición . Pasé una tarde espléndida y salí renovada por tanta belleza.

La piazza di Michelangelo: Ofrece una hermosa vista de la Florencia. Su localización en una colina nos permite ver el sol reflejado en el río, mientras sus rayos van muriendo sobre la ciudad. El sol mortecino tiñe todo el ambiente de ámbar.

La catedral y el baptisterio: Estuve en la catedral, pero no subí al campanario ni al domo. Me faltó tiempo. Bajé al sótano vi las ruinas de la iglesia original (siglos IV y V). Pasé a visitar la tumba de Brunelleschi por un instante. Disfruté mucho más el baptisterio, especialmente las puertas y el techo. Un monumento digno de ver.

Venecia: ¡Qué linda es Venecia! Viajar por el gran canal fue un encanto. La vista es bellísima.

Palazzo Ducale y Ponte dei Sospiri: además de ver las obras de arte que contiene el palacio Duchalli, exploré la antigua cárcel que alberga en el sótano. Y crucé el tristemente celebre Ponte dei sospiri.

La piazza di San Marco: es la plaza más bonita que conozco. Tiene un ambiente mágico. Al caminar entre palomas, enamorados, visitantes de todo tipo, se puede escuchar varias orquestas tocando música clásica. Me tocó disfrutar de las cuatro estaciones de Vivaldi a pleno aire libre. ¡Hermoso!

Venice Ghost WalkingTour: Caminamos por los lugares “encantados” de Venecia. Me gustó mucho, porque me permitió ver partes de la ciudad que por mí cuenta no habría encontrado. El viaje terminó en La Fenice uno de los teatros más importantes de Europa. El teatro ha sido consumido por el fuego dos veces, y como el fénix se ha levantado. En este teatro Verdi estrenó Attila, Rigoletto, La traviata y Simon Boccanegra.

El 2013 fue un año transformador. Puse a pruebas muchas de mis creencias, y creo que salgo de él siendo mejor persona, y dispuesta a mirar la vida de frente, aun cuando en vez de sonrisa me ofrezca una mueca de dolor. 

jueves, 13 de junio de 2013

La admiración no es negociable

El mes pasado alguien me dijo que quería que lo admirara. No he podido deshacerme de este comentario que se me ha quedado atrapado en la memoria. La admiración es como el respeto, no exige, se gana. Uno, como el otro, se logra siendo quienes somos y haciendo lo que sabemos hacer. Nadie puede decidir ser admirado, son los que nos observan los que nos otorgan ese privilegio.

Vivo en una sociedad obsesionada con el dinero, la fama y el falso heroísmo. Por cuestión de principios, rechazo este paradigma. Para mí, el objeto de admiración está estrechamente ligado a mis valores. No es algo negociable, y no permito que se me imponga. Es algo que surge espontáneamente sin que ello suponga un esfuerzo para el objeto de mi admiración, porque la persona en su estado natural de hacer las cosas, provoca que le ofrende mi admiración y mi respeto.

No admiro a la gran mayoría de gente que es adulada por millones de personas por hacer cosas superficiales. Suelo admirar a la gente que lucha contra las injusticias, a las madres dedicadas a sus hijos, a las personas que vencen adversidades, a los que conscientemente viven con lo necesario, a los pobres en posesiones y ricos en vida interior, a los que luchan por un mundo mejor, a los que entienden la fuente de la opresión y luchan contra ella, a los que resisten la violencia de ejércitos invasores, a los que valoran una flor y la poesía, a los que saben disfrutar el presente sin olvidar el futuro, a los que sirvern a los demás, a los que hacen lo que aman sin importar cuánto dinero ganen haciéndolo, y a muchos otros más.

Nunca podría admirar a las manufacturadas personalidades del medio artístico, al avaro inversor de Wall Street que tiene sangre en sus manos, y poco le importa de dónde provienen sus ganancias, al presidente de los EE. UU. y su papel de emperador, a los mercenarios del ejército estadounidenses, a los racistas, a los explotadores, a los que estereotipan a toda una etnia o a una nación , a los que no cuestionan nada, a los títeres, a los aduladores, a los que poseen privilegios y no lo usan para nivelar la balanza, a los materialistas, a los que convenientemente se quedan “desinformados” sobre los crímenes de EE.UU.,  a los que prefieren no pensar.

Mientras más lo pienso más ofensivo se me hace el comentario de aquel amigo. No tengo obligación de admirar a nadie. Si quiere mi insignificante admiración, simplemente sea quien es,  sea humilde, luche por algo más grande que usted, valore lo que nada cuesta, piense, no generalice. Asegúrese de hacer las cosas que importan en la vida, sin que su avaricia, estupidez, apatía, desamor, desinformación selectiva lo revelen como un imbécil. Sólo entonces podría pedirme mi admiración, aunque claro, para entonces ya no sería necesario, pues estaría rendida a sus pies.

jueves, 18 de abril de 2013

Residencia en mi interior

Conocer a alguien lleva tiempo, años, y ni siquiera así tendremos nunca la certeza de saber quién es verdaderamente ese otro ser. De igual modo, llegar a conocernos a nosotros mismos es tanto o más difícil. El proceso requiere poner un espejo en esos sitios oscuros que preferiríamos no ver –aunque está claro que llegar a esos baches es la mayor parte del trabajo, y reconocernos con nuestras miserias es el principio del conocimiento propio.
Entender quiénes somos requiere soledad, trabajo, dedicación, esfuerzo consciente, y un viajar constante hacia adentro.  Requiere estar a solas con uno mismo, sentir el dolor en vez de evadirlo, reconocer la desesperación, la soledad cósmica, los miedos, las inseguridades. Es enfrentar nuestros demonios, esos que nos han legado otros, y los de nuestra propia autoría. Se precisa de conversar con hombres que vinieron antes, y que sintieron la misma angustia, el mismo desasosiego y dolor. Sentir su soledad, mitiga de algún modo la nuestra. A través de esos náufragos, entendemos, a veces, nuestra agonía.
Llevo años mirándome por dentro, he ganado terreno, sin embargo, el campo siempre se ensancha sin que pueda hacer nada.  El ser no es estático, mucho menos lo son las circunstancias, y el mundo físico. Me he visto actuar en situaciones que jamás imaginé. He caído mil veces, y me he levantado otras tantas. He sufrido y gozado profundamente. He vivido una vida auténtica, sin subterfugios ni escapismos.
La vida es un largo aprendizaje para algunos, para otro sólo un trayecto que hay que pasar lo mejor posible, y sin pensar mucho. A esos los detesto, pero a la vez los envidio. Nunca podré ver la vida desde su óptica. Eso es cuestión meditada, asumida y superada. Es una cuestión filosófica. Prefiero sentir el dolor de la existencia que drogarme con banalidades que no me sirven de nada, porque al final la angustia permanece.
Para mí la vida no es un valle poblado de flores, si es valle, es de tribulación. Nuestra primera desgracia es nacer. Nos traen a una fiesta a la que no pedimos venir. Ya aquí hay que hacer del desastre lo que podamos. Cada quien debe dotar de significado este sinsentido. Muchos encuentran su oasis en ficciones de origen mundano, que por dos milenios han pasado por divinas. Esas ficciones que a tantos ayudan a transitar este pasaje, han servido de excusas por siglos para subjugar, invadir, y perpetuar el poder. A mí esa ficción no me sirve. No mitiga ni mi angustia, ni mi dolor, ni mi soledad cósmica.
Mi visión de la vida es pesimista, lo sé. No espero que nadie la comparta ni la entienda. No es ni mejor, ni peor que la de los demás, simplemente es la mía. Es una visión hecha de vivencias, de soledades, de dolores, de decepciones, de lecturas.  A pesar de mi visión nihilista, he elegido construir, en vez de destruir. Por años he ido creándome un mundo propio, que funciona como amortiguador entre el sinsentido y mi día a día. Mi mundo inventado fortalece mi naturaleza solidaria, mi amor por la gente, mi intento de ser la voz de los oprimidos, y mi lucha constante de ser mejor persona cada día. 

viernes, 11 de enero de 2013

Viajar ligero

La gente que se la pasa aferrándose al pasado, se pierde la maravilla de vivir en el presente. Suelo viajar ligero por la vida, dejando en cada puerto todo aquello que no me sirve, o se convierte en tóxico para mí tranquilidad  Ese constante ir botando el cuero como las serpientes, es la misma esencia de la vida. Nada es estático, todo se transforma, yo asumo esa verdad  y vivo de cara a ella.   

domingo, 6 de enero de 2013

Exploraciones vitales

"Man cannot discover new oceans unless he has the courage to lose sight of the shore." – Andre Gide

Los que vivimos desafiando lo convencional, frecuentemente, nos encontramos en encrucijadas que nos empujan a ir más allá del entorno conocido. Es una experiencia que nos asusta mucho, sin embargo, desafiamos el miedo y nos alejamos de la orilla. 

Toda expedición conlleva la posibilidad del fracaso. En ocasiones alcanzamos la otra orilla soñada, y otras tantas navegamos a la deriva en alta mar. Sin embargo, la mera experiencia de buscar la posibilidad de lo que pudo haber sido vale la pena, aunque nuestra expedición termine en naufragio. 

martes, 25 de diciembre de 2012

¡Feliz consumismo! Atentamente, la Grinch

Es martes 25 de diciembre, para mí un día más, para otros, ya saben: el día más importante del todo el año. Hace muchos años cuando era niña, el Nino Jesús me dejaba regalos. Los juguetes me hacían feliz, es cierto, ¿cómo negarlo? Sin embargo, en mi entorno jamás existió esa euforia enfermiza, que descubrí al llegar a Estados Unidos, simplemente por ser Navidad.

No recuerdo nunca haber hecho, o haber visto a un niño hacer un berrinche porque no recibió el regalo que había soñado. De hecho, nunca soñábamos con regalos, agradecidos recibíamos lo que nos dieran. Esa era la costumbre en casa y en mi entorno. Nunca recibí regalos extravagantes. Eran regalos sencillos cuyo propósito era hacernos sonreír y perpetuar una costumbre. ¡Qué felices éramos en nuestra inocencia!

Al llegar a Estados Unidos aprendí la malsana costumbre de consumir excesivamente, y de equipararla con la felicidad. Por unos años, participé de la locura comercial que es esta época del año. Sin embargo, había mucho en esto que no disfrutaba y que encontraba objetable. Así empezó mi proceso de grinchinización que ya conocen. Empecé a eliminar todo lo que me causaba un conflicto interno: la odiosa costumbre de expresar sentimientos navideños que no sentía -pues no creía en el aspecto religioso y menos en el material- el arbolito, los regalos, el estrés de los preparativos para la celebración del gran día.

Haberme despojado de todo eso tuvo un efecto verdaderamente liberador y unificador para mí. Era otra área en la que se fundían acciones y creencias. Otro tabú del que me liberaba. Poco importaba lo que todos pensaran. Yo era feliz, haciendo lo que creía, aunque eso me hiciera una radical, la oveja negra que se aparta del montón.

La cuestión no es regalar en sí, sino no participar en algo en lo que no creo. No espero regalos de nadie. Quien quiera regalarme, puede hacerlo pero no los espero, además los prefiero en cualquier otro momento en el que venga motivado por un deseo interior y no como reacción al consumismo de la época.

Tampoco tengo objeción a celebrar ni a comer. Ambas cosas me encantan, pero prefiero celebrar todo el año, o cuando me da la gana, a celebrar una costumbre puramente capitalista, disfrazada de religiosa, la cual para mí es un recordatorio de la aniquilación de miles y miles de nativos que desconocían el cristianismo.

Entiendo que todo el que lee esto pensará que yo soy una aguafiestas. La verdad está lejos de eso. Simplemente soy una mujer que quiere vivir su vida de acuerdo a su fuero interior -hoy y siempre-, y no según las manipulaciones religiosas y del sistema capitalista de la época -que para el caso son lo mismo. Para ustedes que celebran: ¡Enhorabuena!¡Y, feliz consumismo!

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¿Me he convertido en el Grinch?

P.D Feliz de saber que el berrinchudo del vídeo de arriba ha cambiado un poquito :P

lunes, 29 de octubre de 2012

Momentos felices


¡Qué majestuoso atardeced en medio del Atlántico! Fue un momento de perfección en el que la belleza exterior impregnaba de dicha mi mundo interior. Es siempre maravilloso volver a embriagarnos de esas pequeñas cosas que disfrutamos, al tacto de los dedos, con la caricia de una mirada, o por la entrega de un sonido.

Son momentos de profunda amonía, cuya magia radica en su permanencia y su autonomía de terceros. Fui sumamente dichosa observando ese atardecer, perdida en medio del océano. Sí, feliz, porque la felicidad no es ese estado escurridizo que nos han enseñado a perseguir, sino la magia del instante fugaz, vivido a plenitud.

viernes, 19 de agosto de 2011

Lamento matutino

Hoy quiero estar con mi tristeza a solas, quiero sentirla, exprimirla, hasta que ella se deje. No quiero consuelos, ni palabras vacías ni frases hechas.

Esta tristeza es lo más cierto que hoy siento y tiene todo mi permiso para anidarse en lo más profundo de mi alma, para ser, para surgir y estallar...

No me consuelen, hoy quiero abandonarme a sus brazos y llorar por todos los que me han dejado una cicatriz en el alma: aquél hombre que me engañó, que me mintió, que no tuvo valor para decirme que había otra persona, y simplemente me ofreció su silencio cobarde; el otro que no tuvo tiempo para mí, que su lugar estaba en todas partes menos conmigo, porque el trabajo era lo más importante; o el otro de quien me separaba una distancia insalvable a pesar de estar a unos escasos pasos y todos aquellos que me han malquerido...

Pero ¿es acaso cierto que lloro por ellos? No, no es cierto... Es por mí por quien lloro... Es que mi soledad hoy me estorba, me araña el alma con sus garras. Lloro por mis sueños deshechos, por mis frustraciones, por aquel examen que hoy debí presentar y por la propuesta de tesis que tendrá que esperar quien sabe cuánto. Sufro porque, por primera vez en trece años, no asistiré al primer día de clases con mis ilusiones revoloteando en el estómago, y porque será un septiembre poco septiembre. Extrañaré a mis estudiantes, sus dulces sonrisas y sus miradas amorosa...

Hoy estoy con mi tristeza, eso sí, sólo por hoy quiero abrazarme a su cuerpo, y verme en sus ojos abismales a cuyo fondo me arrojo sin miedo.

lunes, 4 de octubre de 2010

Vuelva usted mañana

Los habitantes de esta ciudad tienen fama de groseros y antipáticos... Mi experiencia de hoy refuta esa idea, por lo menos, en lo que respecta al dependiente de la gasolinera a la que fui.

Esta mañana olvidé mi monedero en casa. Salí sin los papeles del carro, sin licencia de conducir, sin dinero, sin nada. Al salir del colegio me percaté de que debía poner gasolina... se encendió esa lucecita ámbar en el tablero que se encarga de recordármelo, cuando estoy muy ocupada para prestar atención al tanque de gasolina.

Abrí la cartera en busca del monedero... y sorpresa... no estaba por ningún lado.  A tientas, tropecé  con siete dólares que habían quedado olvidados en  un bolsillo...  Me decidí a comprarlos de gasolina para poder volver a casa... Sentí miedo.

El dependiente se acercó a ayudarme. Le pedí la gran suma de siete dolares de gasolina... Entonces, percibí un porqué en el fondo de sus ojos al tiempo que me  escuchaba...Tal vez, porque suelo llenar el tanque de gasolina una vez a la semana en esa misma gasolinera.

Le expliqué, más o menos, mi situación. Me sentía un poco rara ¿en verdad, me estaba esto pasando a mí?  Me sentí como una tonta, una irresponsable... El dependiente me ofreció llenar el tanque, y que volviera a pagar mañana, ¿acaso era posible recibir tan generosa oferta en  Nueva York? Agradecida, acepté.

El señor llenó el tanque, y al terminar me dio una factura con el saldo a pagar, $36.00.  Me sentía totalmente abrumada por  el agradecimiento y la bondad de aquel desconocido... Salía con el tanque lleno,  y sin haber pagado. Era increíble....

Arranqué el motor, e iba a salir cuando vi el dependiente acercarse a mí. Volví a bajar el cristal de la ventanilla para escucharlo. Me sonrió, me extendió la mano, me devolvió los siete dólares, "vuelva usted mañana cuando sea un mejor día.".

domingo, 29 de agosto de 2010

Vidas paralelas

Nuestra conducta en el mundo virtual, al igual que en el real, tiene  consecuencia.  Muchos no se percatan de ello hasta que es ya muy tarde y se ven involucrados en situaciones embarazosas o simplemente fastidiosas.

Estoy convencida de que debe existir cierto nivel de armonía entre nuestra vida real y la virtual. Quizás piensen que es una declaración un tanto exagerada, pero yo no lo creo. A mí me basta con echar un vistazo a la página de alguien para formularme una muy idea de quién es la persona. Tomemos a Facebook como ejemplo. No sé si sólo me pasa a mí, pero en ocasiones he sentido vergüenza ajena al visitar los murales de algunas personas. Tal vez haya algo de prejuicio en lo que acabo de decir, pero, para mí una página virtual nos ofrece una ventana al alma de su dueño.

Soy cuidadosa con mi página de Facebook. Entre mis amigos coexisten armoniosamente antiguos estudiantes, compañeros de clases, profesores universitarios, colegas, lectores de este blog, entre otros. No cuelgo nada allí que no compartiría con mis estudiantes, con mis padres o con mis empleadores. Creo que es importante que haya cierta congruencia entre el mundo virtual y real. La idea no es que estemos de acuerdo necesariamente, sino que puedan recriminarme nada de lo que allí existe.

Tengo una cierta etiqueta muy mía, y que no espero que nadie comparta, a menos que se trate de mi muro. Por ejemplo, no hace mucho tiempo una señorita, a la que conozco en persona, empezó a insultar a otra amiga en mi muro -por rencillas que nada tenían que ver conmigo. Inmediatamente le advertí que yo no aceptaba ese tipo de conducta en mi muro. La niña se enojó y me retiro su amistad. Y, yo feliz, pues ella no contribuía nada a mi experiencia en Facebook, por el contrario le restaba bastante por su conducta.

Uno de los peores errores que cometen muchos es exponer su vida sentimental en FB. A ver, creo que si existe una relación formal no tiene nada de malo, sin embargo, si no es así, lo mejor es no exponerse. Para mí llevar una pareja a mi página de Facebook es el equivalente virtual de llevar a alguien a casa de mis padres. No es algo que yo me tomo a la ligera.

¿Qué pasa si se está empezando a conocer a alguien, y uno se apresura a presentarlo en sociedad virtual, y al poco tiempo uno se da cuenta de que la persona no es quien uno creía y trata de alejarse?  Si es una persona normal, no pasa nada, pero si es un psicópata, nos habremos buscado un tremendo lío, ya que tendremos un enfermo infiltrado en nuestro círculo social virtual... ¿Imaginan lo que pasará cuando se intente tener otra relación?

Es conveniente tratar nuestras páginas virtuales como una extensión de nosotros mismos, usar el sentido común, y ser muy cuidadosos con nuestras relaciones personales y laborales. Es una realidad innegable que en la Era de Google nuestra vida virtual es una extensión no autorizada de nuestro curriculum vitae, nos guste o no.

Imagen vía Cartforge

sábado, 28 de agosto de 2010

Aguas profundas

Me dejé llevar de la mano hasta aguas profundas, y sin poner ninguna resistencia... Desestimé  mi falta de destrezas en el agua. De pronto, y sin advertencia, la mano amiga se escabulló, se disolvió en el agua... Me quedé sola en medio del vasto océano, y entonces, por primera vez, sentí miedo de ahogarme.

Debo confesar que lo que acabo de contar no ocurrió... excepto la sensación de abandono y mi miedo a no poder nadar, a solas, en aguas tan profundas.

Drowining, Nancy Wait

viernes, 27 de agosto de 2010

¿Abandonar mi Planeta? Jamás

Aunque no ande por aquí les aseguro que no he dejado mi planeta. Las razones  de mi ausencia son varias, pero, ¿para qué aburrirlos con ellas? No tiene caso. Extraño escribir, y les echo de menos. He estado muy ocupada viviendo y creciendo como ser humano.

Al nivel intelectual he estado escribiendo artículos académicos que yo considero interesantes. Me gustaría tratar de publicar algunos de ellos. Si se publican algunos de ellos les paso el dato para los que estén interesados en leer mis observaciones sobre literatura.

Ando en varios proyectos que me tienen muy contenta. Por otra parte, he vuelto a hacer las paces con Twitter. Ya estoy de vuelta en Twitter después de una larga ausencia. Había borrado mi cuenta, y ahora he abierto otra. Si les interesa pueden seguirme en https://twitter.com/sonjatejada. No hago nada espectacular allí, aunque sigo a varias personas que si lo hacen.
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miércoles, 4 de agosto de 2010

Equilibrio

No puedo vivir sin espacio para hacer lo que me gusta. Pasé unos días entre familiares, y los pasé de lo mejor. Sin embargo, a ratos me encontraba deseando unos minutos de silencio, de soledad que me permitieran escribir, meditar, pensar, leer o simplemente ser o estar.

La sensación de estar rodeada de gente todo el tiempo me asfixia. Anoche al llegar a casa, sentí la paz que se siente al entrar en un santuario. Me sentí feliz y sumamente tranquila, rodeada de mis cosas, mi cama, mis libros. No hay nada más placentero que disponer del silencio necesario para estar en contacto conmigo misma y poner mi mundo en orden.

La compañía es una forma de evasión, deseada o involuntaria. El reto para mí siempre ha sido encontrar ese perfecto equilibro entre la soledad y la compañía. No me ha sido fácil lograrlo. Casi siempre pareciera que tengo que sacrificar una en pro de la otra. ¿Es acaso tan demencial lo que quiero?

lunes, 26 de julio de 2010

Imperfecciones

Para establecer relaciones saludables tenemos que rodearnos de personas cuyas "deficiencias" sean compatibles con las nuestras.  No es la perfección lo que logra ese balance que nos permite compartir nuestro espacio, sino el nivel de tolerancia que podemos lograr ante ciertas manías ajenas, y viceversa.

Se trata de desarrollar una acierta complicidad en sabernos perfectamente imperfectos, pero,  a pesar de ello querer mantener la relación. A la hora de pasar balance, el nivel de irritación que produce esta persona en nosotros es mucho menor que los momentos de placer que nos proporciona su compañía. Si la ecuación se invierte hay problemas.

Si la relación se torna en una batalla porque ambas partes no logran armonizar sus imperfecciones, tal vez, sea mejor poner distancia. No vale la pena pasarse la vida tratando de ponerse de acuerdo cuando los choques se dan porque ninguno de los dos puede soportar las imperfecciones del otro. En ese caso es mejor empacar nuestras imperfecciones y seguir nuestro camino.

jueves, 15 de julio de 2010

¡No se oye, papá!

Acabo de descubrir que lo único peor que hablar con mi mamá de sexo, es que el interlocutor sea mi padre. ¿Será que los padres no entienden que para los hijos ellos son seres totalmente asexuales? La única vez que les fue permitido ese privilegio fue en el momento de nuestra concepción.¡Nada más! Por eso, hoy cuando mi padre hizo un comentario que tenía un levísimo matiz sexual, me escuché diciéndole: "Qué dijiste, no se escucha bien. Hay muchísimo ruido, te llamó más tarde."

miércoles, 14 de julio de 2010

Sin restricción de filtro social

Abrí la puerta y entré. Me dirigí  la recepción, di mi nombre, y pagué la cuenta. Había pocas personas en la sala, con una mirada recta me percaté de dos señoras que estaban sentadas al fondo, muy cerquita de sus hijos. No miré hacia las periferias. Se empezó a  escuchar una voz que repetía incesantemente "She just took a shower."  Me llamó la atención el no escuchar ninguna respuesta al mensaje emitido por el hablante.

Los trámites con la recepcionista fueron breves. Me di media vuelta, y me dispuse a sentarme. Al girarme, choqué con unos ojos sumergidos bajo un montaña de arrugas, unos labios surcados por los años y que repetían sin cesar la misma frase desde hacía cinco minutos "She just took a shower."  Vi un bastón que se movía intranquilo, siguiendo los caprichosos movimientos del anciano. Y, ahí estaba él, ocupando un lugar en el espacio, solo, ajeno a casi todo, y con la  mente perdida en el tiempo.

Era cierto, yo acababa de salir de la ducha, los rizos destilaban agua, y aún llevaba conmigo el suave olor de mi jabón de  manzanilla y lavanda. Me senté a su lado. Lo miré a los ojos y le dije "sí abuelo, acabó de tomar una ducha." El sonrió, y pude leer  un "lo sabía" en sus ojos. Y, así sin más,  se escabulló en  la bruma de sus pensamientos. Pasé a ver el dentista, y cuando salí el abuelito ya no estaba.

martes, 15 de junio de 2010

Traumas

Las heridas emocionales son invisibles para la vista, pero no por ello menos serias.  Identificar qué nos duele y por qué, es muy difícil. Es un proceso largo, produciendo tal cansancio que, a veces, se pierde la fe en una posible recuperación.

Aislar la fuente del dolor, aceptar su impacto en nuestra vida, y hacer un compromiso de sanar es agotador. El secreto, tal vez sea, no darnos por vencidos y aferrarnos a todo lo que nos sostenga de pie y nos ayude a seguir adelante.

domingo, 13 de junio de 2010

La verdad es inextinguible

 "La verdad puede ocultarse, pero no extinguirse." Frank Lloyd Wright (1867-1959)

En el trasfondo repicaba un cuchillo sobre un madero o un mármol. Bajo su filo, triturado, algún preparativo para un suculento manjar, aderezado por una conversación amena entre dos futuros comensales, pero que había sido interrumpida por una llamada inoportuna.

Al otro lado de la línea telefónica, una mujer se debatía entre las dudas y lo desconocido.  Esa tarde, una fuerza ajena a ella, la impulsó a marcar el número de aquel hombre a quien jamás se había atrevido a llamar.

Entre los repiques del cuchillo, una aparente estática, un nombre equivocado, y un "nosotros" -que sonó a muchedumbre- deshicieron doce meses de silencio.

La conversación fue algo incomoda, tan distinta a todas las anteriores. Permeaban la superficialidad y la falsedad.  A una despedida apresurada siguió otra promesa que también sería rota.

El silencio se extendíó a través del desierto hasta alcanzar a ese ser sediento de escuchar esa verdad latente, que le carcomía el alma, y ahora sabía, nunca escucharía.

sábado, 12 de junio de 2010

La voz de mi papá

Entró una llamada de un número anónimo y sin pensarlo contesté. Era mi papá. Escuché su voz por primera vez en dos meses, y sentí que el piso se movía bajo mis pies.

La llamada fue breve, pero fue suficiente para recordarme lo importante que es mi padre para mí. Casi no nos dijimos nada. Me preguntó cómo estaba, le dije que bien. Rápidamente, pasamos al tema por el cual me había llamado: el viaje de una tía a quien debía recoger en el aeropuerto. No disponía de la información que él necesitaba así que quedé de llamarlo más tarde.

No hablamos de los acontecimientos de los últimos meses por los que yo he estado distante con él. Es muy probable que nunca lo hagamos. Así es mi padre...