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domingo, 6 de enero de 2013

Exploraciones vitales

"Man cannot discover new oceans unless he has the courage to lose sight of the shore." – Andre Gide

Los que vivimos desafiando lo convencional, frecuentemente, nos encontramos en encrucijadas que nos empujan a ir más allá del entorno conocido. Es una experiencia que nos asusta mucho, sin embargo, desafiamos el miedo y nos alejamos de la orilla. 

Toda expedición conlleva la posibilidad del fracaso. En ocasiones alcanzamos la otra orilla soñada, y otras tantas navegamos a la deriva en alta mar. Sin embargo, la mera experiencia de buscar la posibilidad de lo que pudo haber sido vale la pena, aunque nuestra expedición termine en naufragio. 

viernes, 23 de julio de 2010

Palabras

Es preciso arrancar las alas a esas mariposas ansiosas de aletearte al oído lo que debo callar.

jueves, 24 de mayo de 2007

Del tiempo y otros demonios

Una de las cosas que más me gusta hacer es escribir; sin embargo, ese deseo siempre queda relegado a un segundo plano -como tantos otros. Me cuesta mucho renunciar a mi manía de escribir; estos últimos días, me he propuesto no pasar por el blog, porque tenía demasiado que hacer, y no podía darme el lujo de ¨perder el tiempo¨ -como considera una amiga. La verdad es que me parece mentira no haber escrito nada en 10 días. Eso es una eternidad para mí, ya que constantemente me asalta una necesidad incontrolable de expresar mis pensamientos, mis emociones, y a veces, hasta de contar historias...

Estos días me he sentido como si fuera sólo espectadora en este gran escenario; he visto la vida pasar frente a mí, y yo inevitablemente sigo girando, enganchada en un remolino que no se detiene.... ¡Cuántas cosas han pasado, y yo no he dicho nada! Sí, en mi ausencia pasaron cosas de las que hubiera escrito, si hubiera tenido tiempo… Aunque, claro está, el hubiera no existe; éste es, únicamente, un tiempo fallido que nos sirve para contemplar posibilidades que se quedaron sólo en eso, o que tal vez fueron condenadas al fracaso.

domingo, 25 de marzo de 2007

Café amargo, "como Dios manda"

Hoy me atravesaste el pensamiento como un rayo de luz en la oscuridad. Estaba en la cocina junto a la cafetera... Había llegado allí siguiendo un profundo deseo de tomar café. Dispuse todo lo necesario: cafetera, café, agua, una taza. Cuando el café estuvo listo, me di cuenta de que no había traído azúcar. ¡Qué gran problema! ¿Cómo beber café sin azúcar?

Recordé entonces que para ti eso no hubiera sido ningún problema, porque nunca endulzabas el café. Eso nunca lo entendí, ¿a quién se le ocurre beber café amargo? Tus palabras me llegaron al oído como una suave brisa, retrocedí en el tiempo, y te vi como hace tantos años no te veo; ahí estabas tú, otra vez, bebiendo café "como Dios manda," sin azúcar. Para ti, el azúcar estropeaba esa bebida divina que tanto te gustaba. Sonreí embriagada de tu recuerdo, me llevé la taza a los labios y tomé un sorbo. Me resultó amargo, pero continué bebiéndomelo; hoy por primera vez abuelito, bebí café como 'Dios manda", como hace ya 19 años dejaste de tomarlo tú.