sábado, 18 de enero de 2014

Exonerados los asesinos de Kelly Thomas, un guión que se repite

Muchos piensan que la policía los protege. Sin embargo, su función no es otra que defender a los poderosos y mantener el control social para evitar una posible rebelión de las masas. Los abusos de los perros bravos del statu quo son cada vez más salvajes y frequentes. .

Mi clase introductoria a la brutalidad policial me la ofreció la golpiza a Roney King. La graducación la obtuve con el asesinato de Anthony Báez y Amadou Diallo. Los asesinatos a manos de la policía no han cesado. Las víctimas son cada vez más: Sean Bell, Kimani Gray, Oscar Grant, Kelly Thomas, y un interminable etcétera.

Uno de los más horrendos asesinatos de la policía, en tiempo reciente, ha sido el de Kelly Thomas, un desamparado que padecía de esquizofrenia. A pesar de que la policía incautó los teléfonos y cámaras de los testigos presenciales, hemos visto el ataque del que fue víctima en la grabación de una cámara de seguridad.

La rabia no se contiene al presencia el asesinato de este pobre hombre. Nos damos cuenta de que no hubo ningún tipo de justificación para tal crimen. Uno no puede evitar preguntarse, pero, ¿por qué lo están matando? La única respuesta posible es porque les dio la gana, o porque podían hacerlo sin temer a las consecuencias.

Kelly Thomas estaba desarmado. Era un hombre pequeño, en comparación con sus verdugos, pesaba, tal vez, unas 150 libras. El video muestra que fue fácilmente dominado ¿Por qué entonces los incesantes golpes y las descargas eléctricas?

Aún peor es ver la llegada de cuatro policía más, que de inmediato se unen a la golpiza de un hombre indefenso. Sin duda tal salvajismo habla de la estupidez, la falta de ética y empatía de la fuerza policial. Los recién llegados no piensan, actúan por instinto, como los animales que son, a pesar de que Thomas no era un peligro para ellos.

El  vídeo del asesinato se me ha quedado en la conciencia, y me ha atormentado por días. Es imposible no escuchar  los gritos de Kelly thomas pidiendo auxilio, diciendo que no podía respirar, disculpándose, llamado al padre, y luego el silencio delatador de que ha quedado inconsciente. La saña de los policías sólo cede ante tal indicio.

Kelly entró en profundo coma, producido por los golpes, y la falta de oxígeno. El forense ha determinado que se ahogó en su propia sangre mientras era golpeado por las bestias uniformadas. Kelly ya no despertaría jamás del coma. Unos días más tarde, sus padres decidieron desconectarlo del respirardor artificial, y poner fin a su tragedia.

Kelly Thomas se ha convertido en una estadística más de la brutalidad policial. Los oficiales no tienen el menor respeto por la vida de los ciudadanos porque saben, de antemano, que la justicia que representan, los exonará de toda culpa. Los policías son siempre inocentes en el injusto sistema judicial de Estados Unidos.

Esta semana los responsables de la muerte de Kelly Thomas fueron declarados inocentes. Este guión lo conocemos bien. La lista de víctimas sigue creciendo ante nuestra mirada impotente. Y, la pregunta necesaria se me hace ¿hasta cuándo toleraremos el abuso de poder?

sábado, 11 de enero de 2014

El feminismo y la lucha social

Quiero compartir esta cita que he encontrado en el libro, que actualmente leo, Severino Di Giovanni: La pasión por la anarquía. Di Giovanni, como buen anarquista, entendía la opresión de la mujer como parte integral de la lucha social.
"Así como los obreros sufren la tiranía económica de la clase capitalista, así las mujeres -en la costumbre y en la ley- son víctimas de la tiranía del sexo masculino... 
Las mujeres deben tener la misión y el interés de preocuparse con todo amor por la cuestión social, porque el feminismo fuera de ella será sólo una vana academia de pocas comadres ambiciosas." Severino Di Giovanni (En Culmine, 1927)
Estoy de acuerdo en que la problemática de la mujer debe ser parte intrínseca de la lucha social en general. El feminismo debe estar en el centro, y no al margen, de la lucha por una sociedad más justa e igualitaria.

martes, 31 de diciembre de 2013

2013: algunas vivencias en retrospectiva

El 2013 fue un buen año. Lo que sigue es un recuento de trece momentos que viví a plenitud este año. El fin de año es siempre momento de pasar balance vital. Prefiero recordar MOMENTOS en los que logré algo tangible, sentí miedo, fui valiente, emprendí alguna aventura, o simplemente disfruté de las cosas que me gustan. He aquí trece experiencias, sin ningún orden específico, que hicieron mi 2013 un año memorable.

I. Una cita amorosa a 275 millas de casa. Quedamos de vernos en un restaurante que está en Oneida Lake, N.Y. Ambos condujimos cinco horas. ¡Esto fue una locura! El resultado fue desastroso, pero me disfruté la aventura. Llegué al lugar, lo esperé. Comimos y charlamos un buen rato. Dimos una caminata cerca del agua, que estaba totalmente congelada, y nos dijimos adiós. No hubo más citas.

II. Me fui al monte a pensar. Estar cerca de los árboles tiene un efecto tranquilizador, y suele ayudarme a aclarar mis pensamientos. Debía decidir algo importante, y estaba aterrada, llena de dudas. Quería la quietud de las montañas para escuchar mi voz interior, sin que mis pensamientos la inhibieran o confundieran.

Me fui a las montañas de Pine Hill New York a estar conmigo misma lejos del bullicio de la ciudad. Me quedé por cuatro días. Empezaba el día con una caminata de dos horas, subiendo montañas. ¡Nada fácil! Durante los días que estuve allí sólo consumí jugos naturales.

Me sentaba a escuchar el agua de un pequeño arroyo serpentear, y eso me daba mucha paz. Sentía que yo también me iba en ese discurrir eterno del arroyo. Pasaba ratos en este estado dejándome arrastrar con el agua.

Quería sólo sentir. No quería analizar nada. Buscaba que brotara de mis adentros, sin esfuerzo, la respuesta a la pregunta que me había hecho.

Me adentré en mí, unos días después, al abrir los ojos en la mañana, ya tenía la respuesta que buscaba.

III. Defendí mi propuesta de disertación y estoy a punto de terminar el primer capítulo. Me tomé ocho meses de investigación, y escritura para darle forma coherente a mi propuesta. El título de mi disertación es Subversión y marginalidad en tres novelas de Juan Filloy de la década de 1930.

IV. Presenté un trabajo sobre mi tesis en la Universidad de Pittsburgh. El trabajo se llama Los otros en las novelas de Juan Filloy. Fue una experiencia muy bonita e estimulante. Conocía gente interesante y que también trabajan en sus tesis.

V. Decidí ser madre soltera. Nunca he sido una mujer tradicional, de esas que sueñan con el matrimonio, el vestido blanco y los hijos desde la infancia. No estaba segura de querer hijos. Siempre pensé que cuando llegara el momento, mi compañero y yo lo decidiríamos. Sin embargo, soy una mujer soltera, que no tiene una relación estable. Así es que me tocó decidirlo sola.

Mi primera intención fue adoptar. Una vez me di cuenta del trabajo, el costo y todo lo que conlleva el proceso, decidí cambiar de plan.  La decisión está tomada, y la ejecutaré cuando sea pertinente.

VI. Consideré cambiar de trabajo. Amo mi trabajo y soy buena en lo que hago. Llevo quince años en mi trabajo actual. Sin embargo, este año por un sinnúmero de factores, decidí explorar un cambio de trabajo. Creo que fue un momento importante, porque lo que estaba al fondo de todo esto, no era ganar más dinero, de hecho ganaría menos si empezara de nuevo, sino un deseo de dedicarme a la enseñanza universitaria. No he decidido nada aún pero es una posibilidad. Veremos que trae el futuro.

VII. Terminé de pagar préstamos estudiantiles y otras deudas. Me propuse pagar todas mis deudas en dos años y lo logré. Soy muy feliz de vivir sin deudas.

VIII. Leí. No sólo para la tesis sino por puro placer. Leí en inglés y español. Leí buenos libros, y otros no tanto. Leí novelas e historia.

Descubrí la figura de Severino Di Giovanni que me ha fascinado, y sobre quién me he formulado una hipótesis relacionada con la tesis, que aún tengo que probar o descartar.

El libro más me impresionó fue Cosmos de Witold Gombrowicz. Al leerlo tuve ganas de decir, “Mierda y eso es posible” como alguna vez dijo Márquez al leer Pedro Paramo. Gombrowicz tiene un estilo único, que suele marearnos, hipnotizarnos, y envolvernos, sin chistar, en las más absurdas aventuras narrativas. Si tuviera que caracterizarlo diría que es cómo una bola de nieve que una vez en movimiento va aumentando, y no se detiene jamás.

El peor libro que leí fue Plegaria nocturnas de Santiago Gamboa –el crítico que dijo que este tipo es, junto a García Márquez, el mejor escritor de Colombia, se le flojeó una tuerca.

IX. Continué con mi deseo de vivir con menos. Todos los días quiero vivir con menos. En mi casa tengo lo esencial. Nada de excesos. Me gusta viajar ligero por la vida, tanto en lo interior como en lo exterior.

X. Experiement'el síndrome de Standhal mientras estuve al ver el David de Michelangelo. Había leído de la gente que es presa de este síndrome ante la abundancia de belleza. Imagino que fue lo que me ocurrió ante la estatua de David. Se me aceleró el pulso, el corazón se me atragantó, y las lágrimas salieron a borbotones, sin que yo hiciera nada. Sin embargo, fue una experiencia que no calficaría de enfermedad. Fue totalmente emotiva y placentera.

Me quedé estupefacta ante tal grado de perfección. Nunca he visto una escultura más perfecta. Al David sólo le falta respirar para ser humano. Su mirada, la alteración de sus venas, sus músculos tensos, esperando el momento justo de atacar a su oponente me sobrecogieron totalmente.

XI. Pasé un día con un perfecto desconocido. Entré a un restaurante y ahí estaba. Ni idea tenía de lo que seguiría después. Un día repleto de atenciones y humanidad compartida. Me regaló flores, comimos helado, y caminamos bajo la lluvia. Fuimos a un museo, y descubrimos callejuelas. Esta experiencia fue algo así como un embrión de romance abortado por el reloj, y la imposibilidad de la distancia.

XII. Escalé un volcán activo. Subí a la cima del Vesubio. Escalé sus 1.238 metros de altura bajo un sol infernal. Valió la pena ya que la vista de Nápoles que ofrece este monte es impresionante. Comprobar la extensión del cráter nos da una idea de la fuerza destructora de este coloso.

XIII. Visité Italia. Siempre había querido ir a Italia. Debí haber ido en el 2003, pero por razones que no vale la pena recordar, el viaje no se dio. Así que este año me regalé un viaje a Italia de cumpleaños. Disfruté cada instante de mi estadía. Me quedé con las ganas de volver, y pasar una larga temporada allí.

Roma: Estar en Roma es estar en un hermosísmo teatro al aire libre. Caminé muchísimo. Cogí el metro y el bus. Me perdí. Pregunté. Hablé italiano, español y también inglés. Vi la ciudad iluminada desde Il Ganicolo. Estuve en la fontana de Trevi, en el panteón, en las plazas.

El coliseo, el foro romano y el Palatino: ¡Qué impresionante estructura es el coliseo! Y, pensar que fue construída en ocho años. ¡Pobres esclavos! Pasé horas muertas disfrutando la vista, leyendo sobre su historia, e imaginando toda la sangre que se derró en este lugar. A un lado está el arco de Constantino, y por otro ángulo el antiguo templo de Venus. Después de visitar el coliseo anduve por la colina del Palatino, y terminé mi día en el Foro Romano. Sin duda uno de mis mejores días en Italia.

El vaticano: Fui al museo, la catedral y anduve callejeando un poco. Me gustó el museo, especialmente los cuartos de Raphael, y la Capilla Sixtina. Sin embargo lo que más me gusto fue haber escalado al tope de la cúpula de la catedral y ver desde arriba Roma, y la plaza de San Pedro. Es una vista espectacular por la que vale la pena escalar los 583 escalones.

Florencia: Todo lo que había esperado de esta mágica ciudad era cierto, y mucho más. Es vivir en un museo al aire libre. Se respira arte por todas partes: edificaciones maravillosas, estatuas, monumentos, todo antes nuestra vista para disfrutar.

Santa Croce: Me gustó mucho más que la catedral. Estaba en obra, pero aun así pude apreciar su belleza. Allí están las tumbas de Dante (vacía), Galileo, Machiavelli y Michelangelo, entre otros. Los mausoleos de Michelangelo y Galileo son preciosos.

Galleria dell’Academia: Hay varias razones para visitarla, la más importante el David de Michelangelo, y sus obras incompletas.Michelangelo siempre dijo que sus figuras estaban dentro del mármol esperando ser descubiertas. Al ver sus obras incompletas se hace palpable este concepto: iba desenterrando sus esculturas, dándole forma, sin modelo previo. Las visualiazaba, y entonces empezaba a "desenterrarlas". Michelangelo fue simplemente genial.

L’Uffizi: Es uno de los museos más impresionantes que he visto. Aquí vi las obras de Giotto, Botticelli,  Caravaggio, Tizziano, Leonardo y otros tantos. Vi una exhibición que se llamaba La primavera del Renacimiento. Simplemente maravillosa. Esta exhibición traza una línea recta desde del nacimiento hasta su máximo esplendor. Nunca antes había contemplado la progresión de la perspectiva y los colores como lo presentaba la exhibición . Pasé una tarde espléndida y salí renovada por tanta belleza.

La piazza di Michelangelo: Ofrece una hermosa vista de la Florencia. Su localización en una colina nos permite ver el sol reflejado en el río, mientras sus rayos van muriendo sobre la ciudad. El sol mortecino tiñe todo el ambiente de ámbar.

La catedral y el baptisterio: Estuve en la catedral, pero no subí al campanario ni al domo. Me faltó tiempo. Bajé al sótano vi las ruinas de la iglesia original (siglos IV y V). Pasé a visitar la tumba de Brunelleschi por un instante. Disfruté mucho más el baptisterio, especialmente las puertas y el techo. Un monumento digno de ver.

Venecia: ¡Qué linda es Venecia! Viajar por el gran canal fue un encanto. La vista es bellísima.

Palazzo Ducale y Ponte dei Sospiri: además de ver las obras de arte que contiene el palacio Duchalli, exploré la antigua cárcel que alberga en el sótano. Y crucé el tristemente celebre Ponte dei sospiri.

La piazza di San Marco: es la plaza más bonita que conozco. Tiene un ambiente mágico. Al caminar entre palomas, enamorados, visitantes de todo tipo, se puede escuchar varias orquestas tocando música clásica. Me tocó disfrutar de las cuatro estaciones de Vivaldi a pleno aire libre. ¡Hermoso!

Venice Ghost WalkingTour: Caminamos por los lugares “encantados” de Venecia. Me gustó mucho, porque me permitió ver partes de la ciudad que por mí cuenta no habría encontrado. El viaje terminó en La Fenice uno de los teatros más importantes de Europa. El teatro ha sido consumido por el fuego dos veces, y como el fénix se ha levantado. En este teatro Verdi estrenó Attila, Rigoletto, La traviata y Simon Boccanegra.

El 2013 fue un año transformador. Puse a pruebas muchas de mis creencias, y creo que salgo de él siendo mejor persona, y dispuesta a mirar la vida de frente, aun cuando en vez de sonrisa me ofrezca una mueca de dolor. 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Un comentario sobre Cosecha de huesos de Edwidge Danticat

Cosecha de huesos es uno de los libros más difíciles de leer que he leído. La voz narrativa es a veces una camara cuya reproducción nos estremece. El lector siente lo contado como flechas cuyo blanco es el corazón. Danticat escribe con una prosa punzante, desnuda, poética a ratos. Usa una adjetivación potente, eficaz, y precisa para realzar la narración. La novela se lee rápido, sin embargo, a la mitad se hace un poco lenta, todo toma vuelo de nuevo a partir del inicio de la matanza.

La novela consta de 41 capítulos, la versión de los hechos que leemos es la de Amabelle. Los capítulos se alternan entre lo que ocurre en Alegría -luego en Cap Haitian-, y los pensamientos y sueños de Amabelle. Una vez que ésta y sus compañeros emprenden el viaje de retorno hacia Haití, la narración prescinde de sus reflexiones, y se centra en la matanza y sus consecuencias. Cuando Amabelle se establece en Haití vuelve a contarnos de sus sueños, anhelos y temores.

Cosecha de huesos es una obra de ficción, sin duda, pero sólo se la pueda leer en su contexto histórico: la matanza de miles de haitianos ordena por Trujillo en 1937. Danticat crea personajes ficticios que pudieron haber existido. Son totalmente creíbles, salvo algunas pequeñas incoherencias. La novela muestra el sufrimiento de los personajes en un largo contínuum: la explotación en los cañaverales, el horror de la matanza, la lucha por sobrevivir y retornar a Haití, y finalmente, el trauma psicológico de los sobrevivientes.

Sin embargo, la novela es, más que nada, la historia de Amabelle Désir, una joven haitiana cuya vida estuvo marcada por el río Masacre. En sus aguas perdió a sus padres a los ocho años, lo cruzó para escapar del corte, y al final de la novela Amabelle intenta encontrar en sus aguas un nuevo amanecer para la larga y oscura noche que ha sido su vida.

Amabelle fue encontrada al lado del río Masacre por la familia para la que trabajaría por diecisiete años. Lo que debió haber sido un viaje al mercado, al ahogarse sus padres, se convirtió en una larga estanacia en la República Dominicana, la cual sólo sería interrumpida por la matanza. Los rumores de que ésta se aproximaba la llevaron a decidir marcharse en compañia de su novio, Sebastien, la hermana de éste, y varios otros nacionales haitianos.

Escaparían por la noche después de misa, pero los planes se frustraron, pues los soldados llegaron antes de que pudieran intentarlo. Amabelle se salva por no haber llegado aún a la iglesia. Cuando se entera de que Sebastien y su hermana no han escapado, decide ir por ellos. Yves, el mejor amigo de Sebastien se marcha con ella. En el camino encuentran a otros que también intentan escapar de la masacre o buscan a  un ser querido.

Su destino es Dajabón, unos para ir a la cárcel por los suyos, otros para cruzar el río. En el trayecto se van dando cuenta de lo desesperado de la situación. Vieron villas encendiadas, una familia ahorcada en su propia casa, y al llegar a Dajabón fueron asaltados por una turba, que con perejil en manos, se abanlanzó sobre ellos. Uno de los viajantes es muerto de un machetazo, los demás escapan, algunos mal heridos. Su único objetivo es ahora evitar a los guardias para llegar al río e intentar volver a Haití.

Al final sólo sobreviven Amabelle e Yves, aunque ambos están físicamente vivos, nunca se recuperan de haber presenciado tantas muertes y mutilaciones. Amabelle se queda a vivir con Yves y su madre, pero, a pesar de haber vivido Cap Haitian de niña,  no encuentra la paz al volver a su pueblo natal. A través de los años, ella mantiene la esperanza de encontrar a Sebastien y a su hermana, pero las evidencias apuntan a que éstos fueron asesinados.

La historia que nos relata Amabelle es una verosímil versión, aunque novelada, de lo que pudo haber pasado durante la masacre de Haitianos en la República Dominicana en 1937. Hay a lo largo de la novela un deseo expreso de CONTAR lo vivido durante la tragedia. Edwidge Danticat hace un homenaje a los que perecieron, y sobrevivieron tal horror. Cosecha de huesos es una novela bien lograda, pero más que nada necesaria. Leerla es rescatar a las víctimas de esa otra muerte que es el olvido, y sobre todo una forma de decir, nunca jamás.

Matanza de haitianos:
Dominicans, Haitians Rember The Parsley Massacre 
The River Massacre: The Real and Imagined Borders of Hispaniola

domingo, 24 de noviembre de 2013

Punto final

En la vida como en la escritura hay que saber poner punto final.

No poner punto final en el momento preciso, tiene el mismo resultado en la vida como en la escritura: debilitamiento de la historia, redundancia, y hastío...

Todos conocemos gente gente cuya historia es circular, siempre gira sobre sí misma, atascada entre lo que fue o puedo haber sido. 

La vida precisa de ese punto final, en el momento adecuado, que nos catapulte a un nuevo principio, sin ataduras.

viernes, 22 de noviembre de 2013

El patético espetáculo del luto en las redes sociales

Amar más a los muertos que a los vivos, no es nuevo, pero los nuevos medios lo amplifican como nunca antes. No es lo mismo escuchar a una persona lamentar a un muerto que no valoró, o no conoció en vida, que tener que soportar toda una letanía de lamentos en Facebook o Twitter.

Más de una vez me he preguntado por qué la gente da riendas sueltas a sus emociones en las redes sociales ante muertos que apenas conocía, o que en vida nunca le importaron. Me parece un espetáculo de mal gusto e insufrible. 

Los más insoportables de los "dolientes" virtuales son aquellos que "sufren" la muerte de alguien a quien no conocían. Sin embargo, los que me revientan las vísceras son los que consternados lamentan la desaparición física de alguien para quien nunca tuvieron tiempo.  Ese exibicionismo, que se posiciona a medio camino entre el egocentrismo y el morbo, es patético.

Cuando murió mi abuelo, me sorprendió ver en Facebook cuánto lo querían muchos que jamás tuvieron tiempo para dedicarle un rato. Esta semana vi repetirse el mismo espetáculo: dolientes digitales exhibiendo su luto, cinta negra incluida, por la muerte de un familiar. Muchos de ellos jamás  cruzaron una palabra con la difunta. 

El amor que se profesa a los muertos esta exento de toda responsabilidad, por eso es tan común. Albert Camus lo ha dicho como nadie “¿… sabe usted por qué somos siempre más justos y generosos con los muertos? La razón es muy sencilla. Con ellos no tenemos obligaciones.”   

domingo, 17 de noviembre de 2013

Mi respuesta a un lector

Escribir es desnudarse ante el lector. Es mostrar las arrugas que llevamos en el alma como evidencia de haber vivido. Este blog ha sido una pequeña ventana a mi alma. El que haya leído estes blog sabe de mi soledad, de mi fortaleza, de mis inclinacioes política, de mi ateísmo, de mi amor por la literatura y el arte.

Esta mañana me llega un correo de un lector sobre mi entrada anterior. He decidido contestarle públicamente. He aquí lo que me dice:
"Entiendo cada palabra de este post como si las hubiera escrito yo mismo.
Como nos quedamos en la distancia, te haré una pregunta de las que suelen despertar odio. ¿has pensado en tu cuota de responsabilidad en esa situación que describes?
... "
Me alegra que lo que escribo tenga resonancia en otros. El deseo de identificarnos con los demás es una de las razones por las que escribimos. Esa búsqueda, a veces inconfesa, o tal vez  inadvertida, nos conecta como seres humanos, y hace de la escritura una experiencia universal.

Al leer el correo de mi lector, me quedé pensando. Creo ver más que nada la proyección de sí mismo sobre mí. ¿Sabe el lector la razón de su propia soledad? Quisiera pensar que sí, porque de poco sirve ahondar en la soledad ajena cuando se carece del conocimiento de la propia.

La respuesta a mi lector es sí, soy responsable de mi soledad, pero no por lo que él supone. Mi soledad no es gratuita, sino elegida como la mejor de las opciones disponibles. Ofertas nunca me han faltado, pero no todas las ofertas son aceptables para quien sabe cómo y para qué quiere vivir. El principio que guía mi vida es, preciamente, la pleana consciencia de cómo  y en qué quiero pasar mis días.

Soy una mujer que vive la vida que ha elegido vivir con todo lo que ello supone. Desde esta premisa es justo decir que soy responsable, en gran parte, de mi soledad. Me gusta asumir mis acciones, por algo no creo en dioses, ni en destino, ni en sandeces. Muchos pasan por la vida como autómatas, sin jamás reflexionar sobre el porqué de sus acciones. Jamás ha sido mi caso, y por ello, nunca me he arrepentido de nada, porque todo lo que he hecho ha sido una elección consciente.

Se equiva el lector al suponer que me es imposible vivir o compartir con nadie. He sido mujer de relaciones largas. Mi antigua pareja y yo convivimos por ocho años, aunque jamás nos casamos. No nos hacía falta, no nos importaba, y fuimos felices así. Al pasar de los años decidimos que nuestro ciclo juntos se había cumplido, y nos separamos. Al darnos cuenta de que ya no podríamos ser felices juntos, decidimos hacer lo más digno que pudimos: separarnos por respeto a lo que un día fuimos.

Si lo que supone mi lector es que mi soledad se debe a mis defectos como ser humano, se equivoca, no porque carezca de ellos, sino porque elijo la soledad al drama, a la misera, a la estupidez, al materialismo, al estar al al lado de un ser que está vivo, porque respira. Mi soledad es preferible a esa forma inaguantable de vivir. Quiero compartir mi vida con alguien, hacer vida juntos, compartir cosas comunes, estar juntos para compartir la tristeza y la alegría.

Sepa querido lector que la soledad no es ausencia de alguien o algo. La soledad es estar en presencia de alguien, y sentir que un oceano nos separa. Es no entender quién es el ser que está a tu lado, es no poder avanzar hacia el futuro con metas afines. Es saber que aunque estás ahí justo al lado, la distancia es insondable. Es querer estar en otro lugar, no poder comunicar lo que sientes, lo que anhelas, lo que deseas. Es saber que ese ser que está a tu lado es un desconocido, una persona con quien no te identificas, y a quien jamás podrás entender y viceversa.

Tienes razón, soy responsable de mi soledad porque tener compañía no puede ser la negación de lo que soy. No estoy dispuesta a cambiar mi soledad por migas, por mera presencia física, ni por llenar el requisito social. Mi soledad sólo la cambio por la complicidad de otro ser que busque esa bocana de aire puro que complemente lo que somos y que haga la existencia más llevadera.

Muchas gracias por leerme.