sábado, 28 de abril de 2007

"La vida de los otros" dirigida por Florian Henckel von Donners

La vida de los otros está ambientada en el lado oriental de la ciudad de Berlín a mediados de los años ochenta. La trama gira en torno a un oficial de la Stasi, el Ministro de Seguridad, un prominente dramaturgo y su novia –una bella actriz. El protagonista es Gerd Wiesler, un oficial cuya función inicial es entrenar a los nuevos reclutas. En la primera escena de película lo vemos impartiendo una lección en cómo determinar si un testigo está diciendo la verdad. En los primeros instantes de la película se nos revela como un hombre duro, frío, calculador y de profundas convicciones en lo que hace.

En la próxima escena conocemos a los demás personajes: el Ministro de Seguridad, el dramaturgo Georg Dreyman y Christa-Maria Sieland –su novia . La escena gira en torno a unos actores que interpretan una obra, un publico que observa la obra y nosotros que los observamos a ambos. De este modo, se fija el tono de la película, un mundo donde todos son espiados...

Lo genial de la técnica del director son los cambios que se desencadenan como resultado de espiar las vidas de los otros. Ni el publico, ni el oficial, ni el ministro se imaginan las repercusiones que tendrá para el oficial el adentrarse en el mundo de los artistas. Es testigo de su entrega amorosa, de su amor por el arte, la música y la literatura; y poco a poco se va dejando cautivar por un mundo que no es el suyo. A través de ver como vive la pareja, el protagonista irradiara luz sobre las sombras de su miserable existencia. De esto modo, lo que era en un principio una oportunidad profesional se convierte en un viaje hacia el auto-descubrimiento. Creo que el momento cumbre del cambio del oficial lo provoca la belleza de la Sonata Apassionata, la pieza lo toca tan profundo que él ya nunca volverá a ser el mismo.

El impacto de la Sonata Apassionata y el acercamiento que trae la convivencia diaria, llevan al oficial a sentir simpatía por el dramaturgo, y a enamorarse de la novia de éste. Poco a poco empieza a omitir detalles en su reporte para proteger la seguridad de la pareja. Hay que destacar que la admiración por la pareja no es el único factor que produce el cambio en nuestro protagonista. El oficial se lleva una gran decepción política al darse cuenta de los verdaderos motivos por los que el Ministro de Seguridad le han ordenado espiar al dramaturgo.

Al tiempo que el oficial espía a sus víctimas, nosotros vamos espiándolos a ambos: vemos al hombre puño de hierro ir ablandándose, al artista que calla ante los abusos del regimen por conviniencia propia, pero que cambia en el momento que los abusos tocan un plano personal. Esto está hecho magníficamente, porque todo tiene una doble función, los protagonistas se van descubriendo a través de los otros, dándole la oportunidad al público de verlos como seres humanos capaces de hacer los más grandes sacrificios por una causa y pero tambien de sacar provecho de lo que les conviene.

La película concluye en 1991 en una Berlín unificada. El cambio visual es rotundo, el teatro gris del principio es ahora un universo de brillantes colores. El régimen ha terminado y ha llegado la hora para que el dramaturgo se dé cuenta de que nada es lo que parece. Este se pregunta por qué él fue el único escritor que no fue espiado bajo el régimen comunista. Interrogante que tiene su respuesta en la confesión del Ministro. El dramaturgo empieza a examinar el archivo que le había mantenido la Stasi. Poco a poco descubre que el agente que le habían asignado había mentido en su informe para salvarlo. Al llegar a la última página encuentra la prueba indiscutible de que él le debía la vida a ese buen hombre. Se decide a identificarlo, y lo logra aunque no se atreve a expresarle su gratitud personalmente. Decide escribir una obra que titula: Sonata para un buen hombre. El antiguo oficial se queda atónito al ver el libro, lee la dedicatoria y de sus labios se escapa un conmovedor “es para mí.”

Foto: © Sony Pictures Classics

miércoles, 25 de abril de 2007

Yo aún sigo en el "Limbo" aunque éste ya no exista

Por siglos los teólogos habían debatido el paradero del alma de los niños que morían sin bautizar, ya que éstos no había sido redimidos del pecado original a través del sacramento del Bautismo. La solución al dilema fue la concepción de un un lugar intermedio entre la gloria y el infierno que se denominó "El Limbo." En este lugar ni se siente ni padece pero no se disfruta de la presencia de Dios.

Para la Iglesia el concepto del Limbo era problemático porque le negaba la gloria a los niños que no había sido bautizados. Si Dios es todo misericordia, ¿cómo explicar que declarara persona no grata a criaturitas inocentes? Entiendo que nos nieguen el acceso a los impíos, que nos la pasamos blasfemando, pero no a los niños, especialmente a los que no llegaron a nacer o nacieron muertos, eso era tremenda contradicción.

La verdad es que la teoría del Limbo -como tantas otras cuestiones religiosas- se desmoronan ante el escrutinio. Sin embargo, por siglos la iglesia católica pudo esquivar el problema, y mantener una postura pasiva al respecto, no lo predicaba pero tampoco negaba su existencia. La eliminación del Limbo en octubre del año pasado, fue el resultado de una larga y sostenida conversación entre los teólogos. Sin embargo, la eliminación de éste no suponía una explicación sobre el destino final del alma de los niños que morían sin bautizar, ¿a dónde mandarlos, al infierno o al cielo?

Por suerte para los niños todo quedó resuelto el pasado 20 de abril, al concluir los altos prelados de la iglesia que
por la misericordia de Dios y por su condición de inocentes, los niños van al cielo aun cuando mueren sin bautizar. ¡Qué alivio! Por la divina intersección de los altos prelados de la Iglesia Católica queda establecido que los niños sin bautizar también van al cielo. ¡Qué pena que mis dilemas aún sigan sin resolver! Es que cada día entiendo menos a los religiosos, ¿puede alguien explicarme cómo hacen los mortales para con pluma y papel hacer gestiones divinas?

Pintura: El descenso de Cristo al Limbo de Jacopo Bellini

lunes, 23 de abril de 2007

De la mano de don Quijote por Alcalá de Henares

Un escritor trasciende cuando se desvanece detrás de su obra de ficción, cuando la ficción sobrepasa al hombre de carne y hueso que la ha engendrado. Es decir, cuando se nos olvida que los personajes son seres inventados por el autor y que no existen verdaderamente. Para mí ese autor es Miguel de Cervantes, porque don Quijote lo ha vencido, lo ha desplazado hasta el punto de borrar la barrera ficción-realidad por completo -no sólo en la obra sino en la vida real. Sé que Cervantes existió, pero no es mi amigo, no lo conozco, no puedo compenetrarme con él como lo hago con don Quijote. Don Quijote es mi amigo, mi vecino, un tío lejano, un abuelo, y por lo tanto no me quedan dudas de que sí quiero verlo o charlar con él puedo encontrarlo, no sólo en un lugar de La Mancha sino en cualquier punto del planeta.

Cervantes -o Don Quijote- a través mentiras nos dijo grandes verdades, sólo en una se equivocó: en poner en duda que en la China se hablara español. Le parecía ridículo porque nunca ocurriría. Y sin embargo, lo que era cuestión de risa en el siglo XVII hoy es una realidad, sí los chinitos también aprenden a hablar español. Esa ni Cervantes ni don Quijote se la imaginaron. Esta reflexión se me viene a la mente, mientras estoy aquí separada por un cristal de una edición del Quijote en Mandarino. ¿Cómo podrían Cervantes o don Quijote haber predicho semejante disparate? Sin embargo, ahí ante mis ojos estaban sus novelas traducidas a varios idiomas, incluyendo el Mandarino.

Mientras pienso en don Quijote o Cervantes, se me ocurre algo más: mis pies besan el sitio donde alguna vez correteó el niñito Miguel o tal vez miguelito. Me pregunto, ¿cómo sería de niño? ¿Qué travesuras esconderían estas paredes que algún día lo albergaron? ¿Cómo sé es de niño cuando ya se lleva por dentro la semilla de la imaginación que cambiaría el curso de la literatura universal? Me lo imagino por estos pasillos correteando, viviendo una realidad producto de su imaginación y fantasía. Lo veo en el patio entre plantas vestidas de gigantes, y él destrozándolas con su espada, en su propio mundo, feliz y curioso; de pronto aparece en la escena la madre que rompe el hilo de sus fantasías para decirle que la comida está lista. El niño se rehúsa a escucharla porque prefiere vivir en su mundo inventado, y escucharla sería aceptar que su mundo no existe; y cuatrocientos años en lo que fue su futuro, yo sigo aquí estática escuchando su voz infantil, aunque a mi alrededor sólo esté su mundo de adulto, pero no quiero aceptarlo; yo al igual que el niño no quiero salir de mi mundo imaginario. Cervantes sólo vivió en esta casa hasta los cuatro años, y ése el Cervantes que quiero sentir ahora, a pesar de que el adulto trata de imponérseme en cada rincón de la casa.

Al salir de la casa doblo a la izquierda, de reojo miro a la derecha y veo a don Quijote adoctrinando a Sancho. Sancho me mira con la confusión estampada en sus ojos, pero yo no me detengo. Dejo que sus palabras retumben en mi oído y sigo… Camino lentamente bajo las aceras techadas de la calle Mayor tratando de ver al niño que algún día correteó por esta misma senda. Lo veo sentado en el suelo con otros chicos, comiéndose un dulce, o poniendo sus manitos sobre la pared de las tiendas. Sé que nadie más lo puede ver, y eso me entristece. Los que caminan a mi lado casi tropiezan con él, y a mis gritos de cuidado, me miran con la misma cara que miraban a don Quijote cuando hablaba de cosas que nadie más podía ver. La verdad es que ni siquiera Cervantes me hubiera entendido, pero don Quijote sí. Don Quijote me entendería a la perfección. Por eso, don Quijote es mi amigo, y no Cervantes. El ha sido mi gran maestro, y por qué no decirlo: me ha enseñado que la realidad sólo puede existir en mi capacidad para crearla, construirla, y que ficción y realidad son inseparables…

Mi recorrido por la calle mayor me aparta un poco de Cervantes y don Quijote. Paseo mis ojos de niña curiosa por las tiendas judías que se encuentran a ambos lados de la calle Mayor. Ahí están ante mis ojos como un día estuvieron ante los de Cervantes. Ahí estática, como si el tiempo no hubiera pasado, si tiendas de propietarios judíos con sus residencias en la segunda planta… Observo que las columnas que sostienen el techo están siendo restauradas. Muchas de ellas son las originales que datan de la Edad Media. Mientras hacía mi inspección, me llamó la atención un huequito cuadrado encima de la puerta. Intrigada pregunté que qué era aquello que jamás había visto. Me dijeron que era la mirilla por donde los antiguos propietarios veían a quienes entraban a la tienda o se acerban a la casa; y también me contaron que a través la mirilla les tiraba la llave a los que visitaban la casa sin tener que bajar a abrir la puerta. ¡Genial! Llena de asombro sigo mi trayecto sobre el empedrado de la calle Mayor. Al final se encuentra una plaza que hoy se llama Plaza Cervantes, y que en el pasado era la Plaza del Mercado. La plaza está rodeada por unos almendros. Estos forman una cadena parecida a una corona de laurel, que parece hacerle reverencia a Cervantes que se levanta en el centro de la plaza. Al fondo, está la Universidad de Alcalá. ¡Qué maravilla! La fachada por sí sola es todo una obra de arte, pero luego están los patios, la capilla, el lugar donde se examinaban los estudiantes de doctorado –y que hoy se usa para entregar el Premio Cervantes -así lo atestiguan las placas con los nombres de los condecorados que cuelgan de la pared en la entrada principal del salón.

Al salir de Alcalá se me ocurre que los lugares y las cosas carecen de significado por sí mismo. Es decir que todo tiene el valor que le asignamos, por lo menos esa es mi experiencia. Para otros turistas, pueda que ésta sea una ciudad más, para mí ha sido lo máximo. La he disfrutado a plenitud, me voy feliz, llena del espíritu de todo lo que la ciudad y Cervantes son para mí. Es como si con cada paso se abriera un puertecita en mi interior hacia un estado superior. Al alimentar esa parte de mí –inadvertida para muchos- brota en mí el amor por la vida, las ganas de vivir, de crecer, y de ser mejor ser humano. Ese espacio de mí, -que soy yo en mi totalidad- sólo estalla de jubilo cuando lo alimento de todo lo que yo entiendo por belleza y vitalidad: la gente, las flores, los animales, la música, la literatura, el amor, los viajes, la escritura, una conversación a mena. En otras palabra, todo lo que disfruto. Allí no tienen cabida ni cuenta de banco, ni coches, ni nacionalidad, religión, ni nada que sea de índole utilitario. Todo eso queda fuera, y sólo sirve para el propósito de utilidad que le ha asignado la sociedad. No tiene nada que ver con lo que verdaderamente soy. Para mí es necesario ser consciente de esta separación, porque me mantiene alerta a una posible contaminación de mi yo interior. Por lo tanto trato de cultivar mi mundo interior porque ése nadie podrá arrebatármelo nunca. Esa es mi esencia, sólo la muerte podría quitármela, y para entonces ya no importaría porque habré dejado de existir como parte, y me habré fundido en el todo.

Entrada en mi diario de viajes del 24 de febrero de 2007 (En el tren rumbo a Valencia)

sábado, 21 de abril de 2007

Monstruo de las noches

Al levantarme ojerosa siempre preguntaba si alguien había oído la espeluznante escena. Pero la respuesta siempre era la misma: nadie vio ni escuchó nada. Sólo yo era participe del macabro rito desde mi cama en la oscuridad de la noche. ¿Qué habría hecho yo para ganarme tamaño premio? Intrigada me decidí a asomarme a la ventana, pero siempre llegaba tarde, ya todo había terminado. Al día siguiente era la misma historia.

Una mañana me decidí a contarle a la abuela lo sucedido y su respuesta me dejó más confundida aún. No debes alterar las cosas. Aquí nadie se mete con el monstruo. Todos nos hemos acostumbrado a sus gritos y ya no lo escuchamos. Debes tratar de no escucharlo... Anda deseoso de almas, si lo ves sólo dejará un vacío en ti, y enfermarás de melancolía -me dijo.

Traté de hacerle caso a la abuela pero el desesperado llanto de aquella enigmática criatura cortaba el hilo de mis sueños constantemente. ¿Qué podría ser aquello que sonaba como un rebuzno en medio de la tranquilidad de las noches? ... Aunque no lo había visto, ya había establecido que aquel ser salía de su oscura guarida más o menos a la misma hora: entre cuatro y cinco de la mañana.... Por fin, un día terminó mi búsqueda. Me faltan palabras para describir lo que vi. Había hombres muertos recogiendo las penas y soledades que encontraban en las calles; parecían autómatas tirando los desperdicios al mismo centro del monstruo. Su labor era proveer alimentación a la criatura de la noche. Me quedé inmóvil, al tiempo que sentí que me quedaba sin aliento; de repente, escuché una voz que surgía de la misma penumbra de la noche: "ésta es la hora en que anda suelta la melancolía... Has visto lo que nunca debiste haber visto. Ya nunca te librarás de ella, a partir de hoy quedas condenada a participar de su alabanza" –sentenció.

Cuadro: Melancholia por Jacek Nakczewki (1854 -1929)

jueves, 19 de abril de 2007

¡Qué buena noticia!


Esta mañana escuchaba que se está considerando darles días de vacaciones adicionales a los soldados que tengan que extender su estadía en Irak. ¡Qué maravilla!...Excepto que no sé para qué le sirven los días de vacaciones a los muertos.

miércoles, 18 de abril de 2007

Until we meet again?

We hugged, and for some strange reason, we were not sadden by our imminent separation... She looked beautiful, radiant, not a trace of death in her face. There were my dear friend and me, once again. The way we were, and unfortunately we no longer can....She said her goodbyes in her usual tone; it was the same tone she has been using since her treatment failed. The message was clear: she was going to die, but we must go on... She smiled, and looked into my eyes... Do you want to keep something of mine"? She asked-. Of course -I answered. She extended her hand, and gave me a beautiful rose, "until we meet again"-she assured me. We hugged for what it seemed an eternity, and a calm atmosphere filled the space. There was no sadness... but, as I removed my body from hers, there was a burst of blood...

I suddenly woke up, confused, not quite understanding what had just happened; but then, I realized that it was only a dream; there will be no goodbyes, my friend was already dead. I laid in my bed, as her words resounded in my ears: "until we meet again"! She sounded very convinced of what she has just said. But, where? -I wonder....And what does all this mean?

martes, 17 de abril de 2007

Irresponsabilidad e incompentencia en activar plan de emergencia en Virginia Tech

Me siento consternada por la masacre Virginia Tech; pero además de consternada, estoy asqueada por la reacción de las autoridades ante el primer tiroteo. La violencia es impredecible, y por lo tanto hay que estar preparados para saber cómo actuar cuando se trata de salvar vidas bajo una situación de imprevista. La ley requiere que las instituciones educativas tengan planes de emergencias, y que las personas que trabajan en escuelas sepan que hacer en caso de emergencia. Todos los años se hacemos entrenamiento, de que hacer si hay un pistolero dentro o fuera del recinto escolar. Depende de donde se encuentre el peligro. Por ejemplo, si hay un acto violento en el vecindario, y los responsables aún andan sueltos la policía notifica a las escuelas del vecindario para que mantengan las puertas cerradas, y nadie pueda salir ni entrar del edificio. Si el pistolero está adentro, se deben mantener a los chicos en silencio en un rincón del aula, bajar las venecianas, apagar la luz para minimizar la visibilidad y mantener silencio. Se trata de proteger a los estudiantes, al profesorado y a todos los que allí trabajan. Es imposible evitar un tiroteo imprevisto, por ejemplo ayer a las 7:15 de la mañana nadie sabía lo que iba a ocurrir –aunque si había habido amenazas de bomba contra la universidad- y por lo tanto, era imposible que hubieran previsto lo que pasaría. Pero en el momento que ocurrió el tiroteo, las autoridades debieron tomar cartas en el asunto y tomar las medidas de lugar, pero desafortunadamente, eso no sucedió. No entiendo, ¿qué demonios estaban pensando tanto la administración de la universidad como la policía ayer en Virginia? Las autoridades han dicho que pensaban que el pistolero había escapado, y que era una disputa doméstica, ¿y eso que quiere decir? El pistolero aún no había sido apresado, y eso era razón suficiente para mantener la escuela bajo alerta, y no tratar de ocultar el sol con un dedo.

Las explicaciones de las autoridades, en vez de consuelo, lo que produce es rabia. Estoy segura que si hubieran hecho su trabajo, las víctimas hubieran sido menos, y por lo menos quedaría la satisfacción de que se hizo todo lo que se pudo. A nadie le importa, lo que ellos creyeron o no, lo que importa es que no hicieron su trabajo, y como consecuencia 33 personas murieron. Hubo más o menos dos horas entre los dos tiroteos, tiempo más que suficiente para que las autoridades alertaran al estudiantado, al profesorado y tomaran las medidas de lugar. En casos así no se escatima, era preciso que se mandaran emails, hicieran llamadas telefónicas, se usaran altoparlantes y se tirara la policía por todo el campo. Parece ser que lo que hicieron fue investigar, y mientras lo hacían no tomaron medidas de seguridad. Se pudieron haber hecho las dos cosas, investigar y perseguir al pistolero. ¿Cómo puede una institución educativa darse el lujo de asumir que nada iba a pasar después del un tiroteo en uno de sus dormitorios, después de incidentes como los de Columbine High School? Ese tipo de conducta además de incompetente es irresponsable, y creo que las autoridades locales, como las de la universidad, tendrán gran dificultad en convencernos de que hicieron todo cuanto pudieron para prevenir el segundo tiroteo.

Foto: Alan Kim/The Roanoke Times, via Associated Press