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lunes, 3 de diciembre de 2007

La lucha por la vida: entre la ética y la demagogia

Todos los días me maravillo más de la complejidad del ser humano. Se me hace tan difícil reconciliar muchos de nuestros actos con nuestra intransigencia. Los seres humanos somos capaces de vivir en una zona de confort con la dicotomía del bien y del mal; sólo varían los niveles de bien y mal, que van desde lo más insignificante hasta lo más trascendental. ¿Cómo reconciliar nuestra capacidad de actuar bien con la de actuar mal?

Hace poco más de un mes, caía un diluvio en la ciudad de Nueva York. Me detuve en una estación de gasolina, se me acercó el dependiente y se ofreció a ayudarme porque hacía mucho frío. El señor me conoce, y sabe que cuando me dan ataques de vagancia al máximo grado, soy capaz de pagar más por la gasolina, y de darle una buena propina. Al verme, comprendió que era uno de esos días... Al disponerme a salir, le pregunté al buen samaritano si sabía dónde podía comprar una sombrilla* -porque la mía había sucumbido a la lluvia y a la brisa-,sin vacilar, él me ofreció la suya, "no te preocupes, tengo dos te presto una, y me la traes cuando vuelvas." Le agradecí el gesto, acepté la sombrilla, y me fui.

El día que volví a devolverle la sombrilla, el hombre actuó de una forma que a mí me pareció incongruente con la gran bondad que hasta entonces había exhibido. Todo comenzó cuando me preguntó por mis niños, y le contesté que no tenía. Le dije que me gustaría tener hijos en un futuro, pero que si no pudiera tenerlos, no tendría inconveniente en adoptar; aquí le salió, la otra personalidad, una que jamás le había visto en los dos años que llevo de conocerlo. "¿Adoptar? ¡no!", "esos no serían tus hijos." Su cara denotó una rigidez y una amargura que no le conocía, su sonrisa de perlas dio paso a un rostro duro... Me habló de sus frustrados anhelos de ser padre, de que había gastado miles de dólares en tratamientos de fertilidad, tanto en la India como en los Estados. Intenté decirle que si lo que quería era ser padre, la adopción era una alternativa; pero su respuesta fue un rotundo no, un nunca jamás. Me quedé perpleja. Este buen señor prefiere seguir sufriendo la amargura de ver como cada mes pasa sin que su esposa logre embarazarse y perderse la dicha de ser padre a adoptar un bebé; prefiere gastar miles de dólares en estos tratamientos que no le han funcionado, a adoptar una criaturita cuya única culpa ha sido, haber nacido. ¡Totalmente incomprensible para mí!
Salí de la estación con un mal sabor de la boca, ¿cuántos como él habrían en esta ciudad? La verdad muchos. Recordé que un 44% de las mujeres estadounidenses que requieren ayuda a la hora de concebir un bebé residen en la Ciudad de Nueva York.

No pude evitar cuestionar el aspecto ético de embarcarse en estos tratamientos de fertilidad mes tras mes, cuando hay niños que esperan que alguien los adopte. Pensé en que todos los días miles de embriones son implantados en el vientre de mujeres estériles, otros son almacenados en congeladores por años, y otros tantos simplemente son tirados a la basura; me duele toda esta histeria por concebir un hijo biológico, mientras miles de niños esperan que unos padres los adopten y les den una oportunidad de ser felices. Luego, pensé en nuestros "respetables políticos conservadores" en Washington, ¿cómo no pensar ellos? En ellos que se llenan la boca hablando de ética y moral, y quienes han puesto miles de trabas al desarrollo de las investigaciones con células madres. Se me hizo extraño que a ellos nunca los he escuchado cuestionar el uso y desecho de embriones en las clínicas de fertilidad. Me imagino que esos embriones no tienen los mismos 'derechos' que los que se usan en la investigación científica. Pensé y pensé, y no logré entender el por qué se pueden desechar embriones en las clínicas de fertilidad y no se puede usar en la investigación científica.

Creo que el que los políticos conservadores no se pronuncien en contra del uso de embriones en las clínicas de fertilidad, le resta peso a su argumento ético/moral en contra de la investigación con células madres. Es que ellos prefieren olvidar que los embriones usados en las investigaciones científicas son los mismos que desechan las clínicas de fertilidad. ¿Quién entiende la moral de los políticos? Esa moral que tanto predican parece ser selectiva, sólo sale a relucir cuando es buena para generar votos. Creo que el usar embriones para tan siquiera explorar la posibilidad de salvar vidas, es mucho más ético que el desecharlo como se hace a diario en las clínicas de fertilidad. He aquí otro caso de doble moral y demagogia política, ya que si la cuestión es la manipulación/uso de los embriones, entonces lo lógico sería prohibir todo tratamiento que requiera de su uso/minipulación. Mientras tanto, continúa la lucha de poderes, y entre éticas y demagogias, a diarios se siguen desanchando embriones, los que quieren ser padres siguen buscando el embarazo soñado, y en la más cruel de las desesperanzas, miles de hijos siguen esperando a unos padres que tal vez nunca lleguen.

*paraguas

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Imagen: Delhi IVF: Fertility Research Center