Creo haber encontrado similitudes entre el proceso de comprar zapatos y el de elegir pareja. Me explico. A veces, emito juicios equivocados por creer estar ante un zapato u hombre hecho a mi medida. Ya se imaginaran que al llegar a casa descubro que ambas "compras" no eran tan cortados a mi medida como había supuesto. Al querer salir con ellos a dar una caminata, en ocasiones, he sentido llevar unos zapados que no eran mi número.
No logro entender por qué el zapato no se siente ni se ve igual. Por ejemplo, el sábado fui a comprar unos tenis que me hacían falta. Ya en una zapatería tropecé con un par que a primera vista parecían ser lo que buscaba. Me los puse y me quedaron bien. Me gustaban, pero a pesar de gustarme y quedarme bien, había algo en estos tenis que no podía obviar: tenían una línea rosada al rededor de la suela que a mí me fastidiaba muchísimo.
Me gasté no se cuánto tiempo analizándolos, midiéndomelos y tratando de convencerme de que eran lo tenis que buscaba -a pesar de la línea rosada. Me decía: "el diseño es precioso, poco común, te quedan bien, cómpralos ya." Pero dentro de mí, una voz que no podía, ahogar me gritaba que no los comprara, que no eran para mí. Insistía: "si tan sólo no tuvieran esa línea rosada serían perfectos para mí."
Unos minutos después, comprendí que esa línea rosada era parte integral de su diseño, y de su composición, me gustara o no. Me pregunté entonces, ¿te gustan tanto como para aceptar la línea rosada? Desde hacía mucho rato sabía que no... pero quería que la compra se materializara, a pesar de la línea rosada que tanto me disgustaba. Al pasar el tiempo fue cada vez más evidente que esa línea rosada, mis necesidades y mis gustos eran irreconciliables. Acepté que estaba ante un abismo insalvable, y desistí.
Un poco desilusionada por el fracaso anterior, seguí buscando los tenis que necesitaba, pero sin el entusiasmo inicial. De pronto, no muy lejos de mis antiguos favoritos, había otro par de tenis, que a simple vista tenían poco que ofrecer. No eran llamativos como los anteriores, no tenían nada extraordinario, eran de color oscuro. Su presencia no suscitó en mí la sensación de estar ante un par de zapatos fenomenales, porque simplemente eran comunes y corrientes. Eran bonitos, de un color que uso con frecuencia, y más importante aún, eran mi número.
Los bajé del tramo, los miré, me los puse y di unos pasos con ellos. No encontré ni línea rosada ni ninguna otra característica suya que me repulsara. Sin hacer ningún esfuerzo supe que esos zapatos eran los que yo necesitaba, a pesar de no ser los que quise originalmente. Me los llevé a casa, y me sentía segura de haber elegido bien. La ausencia de una línea rosada o cualquier otra característica que me irritara, lo corroboraba.
Es cierto que estos tenis no eran tan llamativos como los anteriores. Sin embargo, eran los tenis que yo quería sólo que los había encontrado en un color distinto y con cordones satinados. Al mirármelos y sentírmelos en los pies no me molestaba absolutamente nada. . Era obvio que los cordones satinados y su color gris eran características no deseadas con las que yo podía lidiar. Estoy feliz con mis nuevos zapatos por éstos si están hechos a mi medida...