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jueves, 11 de marzo de 2010

Mañana...

La muerte repentina de alguien con quien compartimos suele ser desconcertante e incomprensible. Hace dos días murió un señor que trabajaba en el edificio donde vivo; lo veía con frecuencia y venía, ocasionalmente, a casa a hacer cualquier arreglo que yo necesitara.

Era parlanchín, y solíamos conversar mucho. Se interesaba por la literatura. Una vez me sorprendió sobremanera encontrármelo en la audiencia de una conferencia en que yo participaba. Me contó que le gustaba mucho leer, y que le apasionaba la poesía. Quería ser periodista.

Lo conocí por cinco o seis años, y siempre me hablaba de sus planes de jubilarse, e irse a vivir a Colombia. Había planeado dejar de trabajar el año pasado pero no se qué ocurrió y no lo hizo. El próximo año, sería su año, pero la muerte vino por él antes de que pudiera realizar su gran sueño. Ese día, como todos los días, salió de casa a trabajar y ya no volvería jamás.

Estas muertes, así tan inesperadas, me hacen reflexionar sobre la vida que llevamos. Pareciera que el foco de nuestra existencia fuera el trabajo, los sueños, el vivir, el tiempo con la familia y los amigos, el hacer lo que anhelamos siempre puede esperar... Espera un mañana que lleva a otro mañana, porque estamos muy ocupados haciendo las cosas importantes de la vida:

Tomorrow, and tomorrow, and tomorrow,
Creeps in this petty pace from day to day
To the last syllable of recorded time,
And all our yesterdays have lighted fools
The way to dusty death. Out, out, brief candle!
Life's but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more: it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing (Macbeth, Act 5 Scene 5)

A menudo nos olvidamos de que el único tiempo que nos pertenece es el presente, y que en un instante puede convertirse en la eterna nada.