sábado, 28 de junio de 2014

Francia, mi destino veraniego

El verano es sinónimo de viajes, de aventuras, de sueños realizados.
 
Es mi época favorita del año, no sólo por los viajes sino porque puedo dedicarme a disfrutar la vida, sin las preocupaciones del trabajo.

Me encanta viajar.

Viajar es vivir, es crecer, es conectarnos con la esencia humana. Es deshacer la distancia física, y darnos cuenta que más allá de las diferencias superficiales, en el fondo somos muy similares.

¿A dónde iré este verano? Es una pregunta que, normalmente, circula por mi mente a principios de año.

Estaba segura iría a Argentina: a Córdoba y Buenos Aires, a la primera por razones de estudio, y a la segunda por puro placer.

Organizo mis vacaciones con tiempo, pero a veces, hay cambios de último momento. Es lo que ha ocurrido este año.

El viaje a Argentina tendrá que esperar. 

No me apetece estar cerca de nada que se parezca al frío, después del bestial invierno al que sobrevivimos en el este de los Estados Unidos.

Me voy a Francia.

Es mi primera visita, y estoy muy emocionada. Siempre he querido ir, y a decir verdad no sé porqué no lo he hecho.

Allí tengo tanto que ver, tanto que hacer, tanto que vivir, tanto que soñar.

Iniciaré mi aventura en París, y luego me iré a la  la Cosa Azul. Al sur, más que nada, me voy en busca de las aguas del Mediterráneo. Estaré en Niza, Cannes y Antibes.

Todo está listo: reservaciones, itinerario, ropa, libros, tarjetas de memoria, cámara, gafas. Todo.

Viajaré con equipaje de mano solamente.  Me agrada la libertad que me proporciona viajar con poco equipaje.

Es todo una hazaña meter en dicha maletita todo lo que creo necesitar. No son solamente los objetos personajes, sino los libros. Me llevo el Kindle en la cartera, y unos tres libros impresos.

Mi lista de lectura incluye La hojarasca de Gabriel García Marquez,  Por el camino del Swann de Proust, ¡Estafen! de Juan Filloy y Literatura argentina y realidad política de  de David Viñas.

Los primeros dos libros los leeré por placer, pero los otros dos son parte de mi tesis. Intentaré dedicarle una o dos horas diarias a la tesis para poder cumplir con la próxima fecha de entrega.

Tengo la mejor intención de trabajar, pero lo más importante será el disfrute de mi estadía, y vivir el sueño de estar en Francia, especialmente en París.

Espero volver con las pilas recargadas, totalmente revitalizada, y con la fortaleza necesaria para enfrentar los retos que me esperan. Se vienen grandes cambios, y nada como la energía de un viaje de ensueño para echarlos a andar.

¡Estoy muy ilusionada!

domingo, 22 de junio de 2014

Epílogo

El pasado volvió porque la puerta aún permanecía abierta. Había algo que no se había dicho, y eso permitió su retorno.

Su regreso precisaba de mi complicidad, y la tuvo.

La aparición tuvo lugar sin aviso previo, el viernes trece de junio. Estaba en Nueva York, y pedía alguna recomendación de cosas que hacer.

Vi el mensaje y no daba crédito a lo que veía. No dije nada, por horas.

Estoy segura de que esperaba lo rechazara de plano, pero mi estrategia era otra.

Me daba la oportunidad que jamás pensé tener. Tendríamos esa conversación que debimos tener hace cinco años.

Era el momento de desempacar las emociones metidas sin procesar en algún rincón en el que no me dolieran.

Así lidié con su súbita desaparición.  El dolor fue mermando día con día, y un buen día despareció. Dejó de afectarme su recuerdo y su abandono.

Sin embargo, algo quedó inconcluso porque nunca hablamos. Acepté que así sería. Añadí la experiencia a la lista de las cosas irresolubles, y seguí con mi vida.

Y, de repente, aparece en persona en mi ciudad. Sus mensajes habían vuelto a hacer vibrar mi móvil, y sentí que todo un lustro se condensaba en esos momentos.

Y se vino la avalancha emocional.

Las emociones se multiplicaron al contestar el teléfono que me traía su voz, cerquita, al oído.  Su voz abrió la compuerta de la memoria emocional, y volví a las vivencias que fijaron sus recuerdos.

Era junio de 2009, de nuevo.

Regresaron las mariposas a revolotear en el estómago. El sudor me humedecía las palmas de las manos. Se aglomeró en mí todo una constelación de emociones.

Hablamos tranquilamente, a pesar del vértigo.

Nos vimos unas horas más tarde, cuando el huracán inicial había pasado. Llegué al lugar donde me esperaba y al verlo ahí de pie, ante mí, no se me ocurrió decirle absolutamente nada.

Nos abrazamos. Las palabras empezaron a surgir, escasas e insignificantes. Caminamos por horas por las calles de Manhattan. Y, las palabras fueron acomodándose, encontrando su forma.

Nadie entiende que haya querido verlo después de su maltrato. No hace falta que lo entiendan. Yo sé por qué lo hice.

Necesitaba procesar un pasado importante e irresoluto.

Nuestra separación fue abrupta, y sin ninguna explicación. Se produjo de tirón, causándome un gran desgarre. No hubo explicaciones ni una conversación entre dos adultos que deben separarse.

Accedí a verlo, porque cinco años son suficientes para deshacer un silencio, y para desvanecer un enojo. Además, lo había absuelto en ausencia.

No suelo guardar rencor. Me gusta viajar ligero por la vida.

Haber mirado el pasado a los ojos me hizo bien, aligeró la carga.  Revivir emociones pasadas produjo una necesaria y liberadora catarsis.

Nos peleamos porque cometió una innecesaria e imperdonable torpeza.

Ese fue el detonador que provocó mi explosión. Canalicé emociones subyugadas por la resignación. Verbalicé mucho de lo que le habría querido decir hace cinco años. 

Recordé la rabia, los celos, el abandono, la humillación y la pérdida de la confianza.

Esa discusión fue la catarsis que me liberó de un empacho emocional que vivía latente en mí.

Eso lo entendí después.

En el momento me subía un taxi, y me alejé encolerizada. Cuando se apaciguó el enojo, una calma sanadora se posó sobre mí.

No hablamos desde la medianoche hasta el lunes por la tarde. Me invitó a cenar el martes. No estaba segura de querer verlo otra vez.

Analicé mi reacción ante su estupidez de la noche de domingo. Me dí cuenta que ésta sólo fue el detonador que liberó mi ira reprimida por años.

Por eso, el martes en la mañana cuando me invitó de nuevo, acepté cenar con él. Se marcharía el miércoles. Sería nuestra última cena.

Esos días que estuvo en Nueva York pasamos mucho tiempo juntos. Nos divertimos, hicimos turismo, y tuvimos tiempo de decirnos mucho de lo que se había quedado por decir.

El martes estuve más callada de lo usual durante la cena, y él más parlanchín, y geek que nunca. Lo escuché atentamente.

Nos despedimos.

Me quedé observándolo mientras se alejaba. Sentía emociones encontradas. Era el momento culminante de una historia importante, intensa y accidentada.

El círculo se cerraba sobre sí mismo ante mis ojos. 

Estaba en paz. 

El hombre que acaba de partir, no era ya, la persona a quien yo había amado.

La realidad se había impuesto. Se había roto la estela de idealidad que suele envolver las historias de amores truncadas.

Estábamos en paz con nuestro pasado, y avanzábamos de cara al futuro, anclados en nuestro presente.

sábado, 26 de abril de 2014

Complicidad y deshumanización ante los asesinatos extrajudiciales

El fin de semana pasado Obama asesinó a 33 personas en Yemen. La versión oficial es que eran integrantes de Al Qaeda, pero, ¿es cierto? ¡Quién sabe!

La prensa toma como cierta la afirmación del gobierno, y simplemente la repite, sin cuestionar, o, por lo menos, sugerir que tal vez, todos, o algunos de ellos, eran civiles inocentes.

Los más cínicos van más allá de repetir: defienden y justifican la versión oficial. CNN ha declarado que los Estados Unidos no asesina a personas inocentes. Lo que es una vil mentira.

Miles de personas inocentes han sido asesinadas por el progama de aviones no tripulados de Obama, entre ellos un alto número de niños, e inclusive un  adolescente estadounidense.

Los medios de prensa convencionales se hace de la vista gorda ante la posiblidad de errores en los asesinados por aviones no tripulados. Además, hacen todo lo posible por deshumanizar a las víctimas al adoptar la narrativa oficial.

¿Se han fijado en los titulares cada vez que hay un ataque en Yemen, Pakistán o Samalia? Es unánime: todos los muertos son militantes de Al Qaeda. Jamás se habla de víctimas, o simplemente de seres humanos. ¡No! Son autómaticamente  terroristas.

La prensa al hacerse eco del discurso oficial contribuye a la normalización de los asesinatos extrajudiciales. Pues, su narrativa oscurece el veradero impacto de los ataques en los países afectados.

La deshumanización de las víctimas fomenta la peligrosa creencia de que si los muertos son militantes terroristas, la campaña de terror de Obama está justificada, y si hay daño colateral, ése es el precio que hay que pagar por la seguridad.

En el siglo pasado, los asesinatos de la C.I.A. eran operaciones secretas, que se descrubrían años más tarde. Hoy se llevan a cabo abiertamente ante la mira inmune de la prensa convencional y de gran números de los ciudadanos. Esta complicidad es, sencillamente, escalofriante.

viernes, 25 de abril de 2014

Formemos pensadores y no borregos

El respeto ciego a la autoridad no es recomendable, porque crea personas sumisas, y tolerante del statu quo, y limita la posibilidad de un cambio. Hoy EE.UU. es una nación de ovejitas: si lo dice el gobierno, y lo repite la prensa, es cierto.

La propaganda de estado y los medios de comunicación, entre otras cosas, contribuyen a la pasividad de los ciudadanos. Pero, no es menos cierto que este tipo de conducta se aprende en el hogar y se refuerza en las escuelas: estamos formando una nación de borregos y no de pensadores.

No tengo hijos, pero a mis estudiantes intento inculcarles el respeto y no la obediencia ciega. No es lo mismo el respeto que la obedeciencia. No quiero que me teman, ni queme obedezcan, sino que me respeten y que se sientan libres de opinar, y cuestionar.

Si en la casa y el colegio nos enseñan a no cuestionar, a obedecer, a siempre aceptar la versión de la autoridad, podemos pasarnos la vida simplemente aceptando, porque nunca se nos ocurrió lo contrario. Los niños que se crían sumisos están condicionados a aceptar lo que se les dice sin chistar.

Debe ser en el hogar y el colegio donde se les enseñe a razonar, a buscar respuestas satisfactorias a sus interrogantes, y no aceptar lo que se dice simplemente porque lo dice una figura de autoridad.

Los ciudadanos que necesitamos deben formarse desde la infancia. Empecemos a instar el sentido crítico en los niños, que serán los ciudadanos de mañana, para proporcionarles las herramientas necesarias para discernir la verdad de la propaganda. El ideal debe ser una nación de seres pensantes, y no un rebaño fácilmente controlable. 

martes, 22 de abril de 2014

Gabo y Borges, dos caras de un mismo dilema

La muerte de Gabriel García Márquez ha resonado a nivel mundial. Y, no podía ser de otra manera, pues Gabo logró lo que la gran mayoría de escritores sólo anhela: el elogio de los estudiosos y la devoción de los lectores, no sólo en español sino en docenas de idiomas. 

La muerte de Gabo también ha sido ocasión para que muchas plumas destilen su veneno, disfrazado de crítica literaria. Al decir esto no estoy sugiriendo que a todos les debe gustar la obra de Gabo. De hecho, nadie está obligado a gustarle la obra de ningún escritor, y mucho menos a guardarle pleitesía. Pero, ¿es justo negar el mérito literario de un escritor por su postura política? Me parece que no. 

Si existe una auténtica aversión en contra de la obra de Márquez, me parece perfecto su crítica, pero de varios de estos artículos se desprende que la razón es más política que literaria. Habría sido más honesto, y totalmente legítimo, expresar disgusto, desilusión, o hasta odio por la alianza de Gabo con Fidel Castro que hacer critica politica disfrazada de "literaria". 

No estoy de acuerdo con no reconocer la obra de un escritor por sus alianzas políticas. Esa siempre ha sido una mis más férreas críticas en contra de la Academia Sueca. La obra de un escritor habla por sí sola, y si es buena, poco importa lo que piense su creador. Un clarísimo ejemplo de la torpeza de la Academia fue no haberle dado el nobel a Borges. Se lo merecía, pero por sus pronunciamientos  y amistades se lo negaron. 

Voy un poco más lejos. Se puede criticar, hasta odiar al escritor, y aún valor su obra. A mí me cae de la patada Borges, no sólo por su conservadurismo extremo, sino porque se me hace un tipo insoportable, inaccesible, aburrido. Esto no ha impedido que yo reconozca su gran talento, y el valor de su obra. He leído y estudiado la obra de Borges, y amo su universo literario, aun cuando el hombre no es de mi agrado. 

Sé que es difícil separar el escritor de su creación, pero no imposible. No hacerlo es injusto y hasta vil. Dejar de leer a Borges por ser de derecha, como por año proponía la izquierda latinoamericana, o negar el mérito literario de Gabo por su amistad con Fidel Castro son dos actos igualmente mezquinos.

sábado, 22 de marzo de 2014

El lente satírico de Suzanne Heintz y sus maniquíes

La historia de Suzanne Heintz se esparce como pólvora: La mujer que formó una familia con dos maniquíes. Incialmente, cuando leí el titular la idea me pareció una tontería. Me pregunté ¿a quién se le ocurre hacer una familia con maniquíes? Imaginé a una loca más a las que el Internet le ofrece una plataforma. Pero, ¡qué equivocada estaba!

Hice clic en el vínculo, y al observar las fotos me di cuenta de que lo que hacía Heintz era pura sátira. Los Heintz proyectan la imagen de una familia típica, feliz, que pasa tiempo junta en casa, y que una vez al año va de vacaciones. Suzanne aparece en su rol de madre y esposa: lava los platos, mantiene el jardín, sirve la cena, acuesta a la hija, y el esposo simplemente está. Está sentado a la mesa esperando la cena o leyendo el periódico. Una familia mainstream como quisiera perpetuar nuestra sociedad.

La foto más impactante para mí es la que nos ofrece una escena matinal en la que el Sr. y la Sra. Heintz están sentados a la mesa. Podemos percibir la rabia, que bordea la tristeza, o viceversa, de la señora Heintz. La señora simplemente está ahí con los labios cotraídos, la mirada perdida, mientras intenta comerse una toronja.

El espectador siente el  infierno que vive la señora de la casa. La escena nos obliga a contemplar la vida ficticia y la real de Suzanne. ¿Es ésta la felicidad que la sociedad quiere para ella? ¿Qué tal si ella está verdaderamente contenta con su forma de vivir? ¿Por qué exigirle que sea quien no es, y entre a un matrimonio para callar la sociedad? ¿A eso se llama ser feliz?

La respuesta de Suzanne Heintz es brillante. Si lo que se precisa es una familia a cualquier precio, ella provee una, aunque sea de plástico. La osadía de Heintz le acerca un espejo a la sociedad, en el que se proyecta lo rídiculo de su obsesión con el matrimonio y la familia como únicos caminos para las mujeres. Una idea que fue siempre rídicula, pero que el siglo XXI acentúa particularmente.

No hay felicidad ni exito sin hijos ni esposo para la mujer. Se puede haber logrado miles de metas, pero el no complementarlo con un matrimonio los hace irrelevantes. No importa que tan plena sea su vida, ésta será vista como una "pobre mujer." Todos sienten lástima por las mujeres exitosas y solteras; a pesar de que ellas están viviendo su vida, tal cual la pensaron, y no siguiendo un esquema.

A la gran mayoría se le escapa que el no casarse ni tener hijos es sólo una opción. Muchas mujeres son felices así, y el vivir en el siglo XXI se lo permite, aun cuando el resto de la sociedad se resista a asimilarlo, y las siga hostigando con preguntas, que más que respuestas buscan explicaciones. Sería genial si en vez de cuestionar la forma cómo una mujer ha elegido vivir su vida, se la aceptara tal cual, y si es obligatorio interrogar, que sea sobre su estilo de vida, y no sobre el que obiviamente rechazó. 

domingo, 16 de marzo de 2014

Reincidente en los amores sin futuro

Tenía este post como borrador desde hace algún tiempo. Lo publico hoy porque a esta situción ya se le puso un muy necesario epitafio.

Una de las menos apreciadas ventajas de ser soltero es poder meter la pata repetidas veces, sin causar daños a terceros. Estoy a punto de reincidir en esta práctica: abro la puerta, de nuevo, a un romance que se abortó antes de ser, y cuyo futuro sigue siendo incierto.

Nuestra no-historia se limitó a horas de conversaciones por Internet, varias discusiones teléfonicas, una accidentada cita, un beso y un abrazo. Nada más. Y a pesar de todo, lo que sea que nos atrae se resiste a desaparecer. ¿Será terquedad a la seguda potencia? Podría ser.

Hace unos días recibí un correo en que me decía que venía a verme. El mundo giró sobre sí estrepitosamente, y perdí el balance. Para mí, aquel aborto de romance era asunto superado, puesto desde hace un año en la columna de los intentos amorosos no realizados, fallidos y no consumados.

La reacción inicial fue un gran vértigo, y un mutismo absoluto. Me quedé pensando, ¿qué suponía para mí la llegada de este hombre a mi territorio? Inicialmente, pensé no asistir a la cita, pero una espinita dentro de mí insistía en lo contrario.

La idea de aceptar la invitación se fue solidificando cuando llegaron los correos subsiguientes con sus planes de alojamiento, totalmete ajenos a mí. Esto me hizo bajar la guardia. Así era mucho más fácil. No tenía que salir de la ciudad, ni preocuparme por su estadía. Él vendría a mí, y con su mundo resuelto.

Eso me libero de toda aprehensión. Me agradó, no sé bien por qué, tal vez, le hizo una leve caricia a mi ego. O, tal vez, porque me liberaba de responsabilidades que no estaba dispuesta a asumir.

Este hombre ejerce una fascinación sobre mí que no logro explicar. No obstante odiar nuestros constantes choques, hay algo en él que me cautiva.

¿Por qué chocamos constantemente? Mil veces me lo he preguntado. ¿Será su propensión a hablar  y sobreanalizar demasiado? No lo sé. Lo que he podido sacar en claro, al fin, es la virtud que encierra el mutismo natural de los hombres. ¡Al fin lo he entendido! Nunca más me quejaré del silencio de un hombre.

Lo cierto es que cenaremos juntos, conversaremos, o tal vez, simplemete nos quedemos callados. Lo que no me queda claro es qué es lo pretendemos en vernos cuando hay fronteras físicas y emocionales que nos separan.