El viernes, después de mi conferencia, agarré mi cámara y salí a divagar por el centro de Seattle.
Al igual que todo los turistas visité The Pike Place Market. Un lugar interesantísimo. Luego, como quien no quiere la cosa, empecé a descender por una callejuela adyacente al mercado.
Me llamó la atención un teatro -donde parece que sólo muestran películas de horror-, no lo sé, pero ésa fue la impresión que me dio. Al acercarme me di cuenta que una de sus paredes estaba llena de colores sobre el ladrillo.Me acerqué aún más, y me percaté de que los colores provienen de los chicles que han dejado los que por allí pasan desde principios del siglo XX.
Empecé a tomarle fotos, y muy pronto aparecieron niños y adultos a dejar sus marcas en la pared. Es un escenario grotesco. Nada placentero para la vista, pero me dio gusto haberlo descubierto.Al volver al hotel, me metí al Internet a averiguar sobre el peculiar sitio. Encontré que es un lugar conocido como The Wall of Gum o Gum Wall. Y que goza de bastante notoriedad. Pero, que yo había descubierto por pura casualidad.
