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viernes, 2 de diciembre de 2011

La omnipresencia orweliana del Estado

Ayer Wikileaks publicó la evidencia que demuestra que los gobiernos hoy cuentan con la capacidad para espiar de forma masiva a los ciudadanos. Desde los celulares hasta las computadoras pueden ser interceptados sin que nos demos cuenta. El portal tiene un mapa mundi interactivo que nos permite ver que tipo de tecnología puede ser usada por cada país y el nombre de la compañía que la provee. La lista es larga, entre los países de América Latina los únicos que hoy tienen la capacidad tecnológica para espiar a sus ciudadanos son Colombia y Brasil.

La historia nos ha dado ejemplo de lo peligroso que es vivir bajo vigilancia contante del Estado. Uno de los ejemplos más notorios es el caso de la Stasi en Alemania. Es escalofriante pensar qué habrían hecho los dictadores del Cono Sur, ayudados por EE.UU., con esta tecnología durante la Operación Cóndor en la que encarcelación, torturaron y desaparición a miles. Hosni Mubarak dejó incomunicado a Egipto en su afán de coartar las protestas que lo sacaron del poder. San Francisco también interrumpió el servicio de teléfonos móviles durante protestas. Inglaterra consideró desactivar el servicio de celulares, Facebook y Twitter en futuros disturbios.

Tras los atentados del 11 de septiembre los Estados Unidos y el mundo entero han entrado en una de sus épocas más oscuras en cuanto al abuso de las libertades civiles. Me preocupa sobre manera la disposición de los ciudadanos a sacrificar las libertades civiles en nombre de la 'seguridad'. Obama acaba de asesinar a Anwar Al-Wlaki un ciudadano estadounidense acusándolo de "enemigo del Estado" sin necesidad de llevarlo ante la corte.

Uno pensaría que el asesinato de un estadounidense habría causado un revuelo en la población por violar la constitución y sentar un peligroso precedente. Pero no. Lo justificaron con que Al-Wlaki era un peligroso "terrorista." Lo que no entienden es que mañana cualquiera de nosotros puede ser sufrir la misma suerte si el Estado lo decide. Del mismo modo, en Inglaterra un setenta por cierto de la población estaría de acuerdo con que se interrumpan los servicios de teléfono, Facebook y Twitter durante futuros disturbios. En ambos casos la amenaza para el ciudadano promedio es grave. 

El Estado no debe posicionarse por encima de los derechos garantizados a los ciudadanos por la constitución, bajo ninguna circunstancia. Entre la vigilancia constante y masiva, y otros abusos de poder, el Estado omnipresente descrito por Orwell en la novela 1984, es ya una escalofriante realidad.