El señor presidente Barack Obama ha hablado. Dio un discurso magnífico. Su retórica nos dio matices de la realidad, la gravedad, la urgencia de la situación, y las consecuencias de la inacción; nos ofreció paralelismos con otras épocas difíciles de la historia de la Nación, y nos recordó nuestras responsabilidades cívicas -como padres, maestros –como guardianes de la formación académica de los que serán nuestro futuro: los niños-, y nos impregnó a todos de un cauteloso pero contundente optimismo.
El haber incluido el costo –proyectado o real- en el presupuesto nacional de las guerras de Iraq y Afganistán -por primera vez en siete años- es un paso hacia la transparencia y la responsabilidad fiscal. ¡Enhorabuena! Ya basta de ocultarnos el costo real a los ciudadanos que, desafortunadmente nos hemos visto obligados financiarlas.
La intención de reducir el déficit y los gastos innecesarios apunta en la dirección correcta. Por otro lado, Obama continúa adelante con su agenda política. Puso un gran esfuerzo en explicar por qué la responsabilidad fiscal, y el resolver los problemas de la nación no están en oposición. No es cuánto gastamos sino en qué y cómo lo gastamos. Obama asegura que es posible implementar las reformas/mejoras necesarias, al mismo tiempo que toma medidas para llevar a cabo el largo proceso de recuperación de toda una época de irresponsabilidad gobernativa, institucional, corporativa e individual.
El entender las causas y las dimensiones del problema, tener la visión de una posible solución, reconocer los obstáculos a vencer –esperados e inesperados-, y fijar una meta clara y concreta del resultado deseado nos presentaron a un Obama seguro de sí, en total control del su papel de Jefe de Estado. Ha sido el mejor discurso de su corta gestión.
Esperemos a ver que tantos baches nos aguardan en el largo trayecto hacía la recuperación económica y moral de la Nación. Nos resta esperar. ¿Cómo reacciona el mercado al discurso del presidente Obama? Ya veremos.
Foto vía CNN
