Alguna vez para un trabajo del colegio tuvimos que ir a la casa materna de las hermanas Mirabal, y la que fue su última morada -que luego se convertiría en el Museo de las Mariposas. Tuvimos la suerte de que Dedé estaba presente, y nos hizo un recorrido personalizado de la casa, y de la vida de sus hermanas. No recuerdo mucho los detalles -pues era una colegiala en esos años. Lo que sí recuerdo es la entereza con que Dedé hablaba de la pesadilla que había vivido la familia. Sus ojos brillaban, y emanaban un profundo orgullo.
Este pasado abril estuve en el museo de las Mariposas, y volví a conversar con Dedé. Ese día estaba de guía del museo. Nos contaba sobre cada artículo del museo y el valor personal que tenía para cada una de las tres hermana. Junto a mí había un grupo de turistas de varias partes del mundo, a quienes Dedé les contaba la historia de su familia, y la trayectoria de Las Mariposas. ¡Qué vivan las Mariposas!