Nunca he confiado mucho en la gente que no rompe un plato, porque tanta perfección suele siempre ser una máscara que oculta un ser despreciable. Y sin embargo, caí en las redes de una de estas personas, y no me enteré por años.
Aún hoy muchos años más tarde estoy pagando las consecuencias. Esta persona era de suma confianza, como si fuera parte de la familia. Creía que sabía con quien estaba tratando, pero me equivoqué de plano.
Hoy por hoy no sería tan confiada ni con alguien de mi propia familia. ¡Qué triste! Perdí dinero, la amistad, la tranquilidad y la fe en la gente a causa de esta experiencia tan fea.
Esta experiencia me dejó muy afectada. Jamás imaginé el desenlace que tendría nuestra amistad. Esta persona era de mi total confianza, conocida de toda la vida; pero, resultó no ser quien yo creía que era, me lo demostró con sus bajas acciones y sus mentiras. Años después aún sigo enterándome de muchas de sus mentiras, y descubriendo quién es verdaderamente.
Hoy entiendo mejor que nunca un refrán que siempre decía mi abuela "cuídenme de las aguas mansas que de las bravas me cuido yo." ¡Cuánta verdad hay en esta frase! Esas aguas mansas suelen ir bullendo por debajo, y suelen desbordarse cuando se está en lo más profundo, y totalmente ajeno al peligro que acecha. Desafortunadamente, este asalto deja poquísimas posibilidades de escarpar ileso, especialmente, si no se es un ávido nadador.
cuadro Desahogo tomado de http://gonzalezuribe.com
