sábado, 20 de junio de 2009

El vino biodinámico

La ruta más directa hacia mi alma siempre ha sido mi curiosidad intelectual. La otra noche en una celebración entre amigos, escuché la palabra biodinámico* como calificativo de un vino, obviamente, dediqué toda mi atención al emisor de aquel enunciado.

Era la primera vez que era consciente de dicho calificativo, y me gustó:. Biodinámico me sonó a dinamismo biológico, pero ¿qué querría decir eso aplicado a un vino?

Mi imaginación se disparó a niveles insospechados al concebir qué atributos podría tener un vino para ser designado biodinámico. Estaba al tanto del vino orgánico, pero esta nueva palabra añadía una dimensión totalmente desconocida.

Di por terminada la conversación con Tara, y me dirigí a mi amigo Mitch quien era el anfitrión de la fiesta -y el experto en vino del grupo-. En ese momento servía el vino biodinámico que tanto me había llamado la atención. Dejó caer en mi copa lo justo para ese primer sorbo de aprobación: lo agité, lo olí, le miré las "piernas", lo saboreé, y lo dejé escurrirse por mi paladar. El veredicto: excelente. Me gustó la textura, el olor y el sabor al apoderarse de mis sentidos. Sin embargo, no había en ese primer sorbo nada que me indicara a mí -en mi ignorancia- por qué era biodinámico aquel vino.

Mitch, ¿qué es un vino biodinámico? "Tiene que ver con la forma como se planta la vid y cultivan las uvas y se procesa el vino." ¿Algo así como el vino orgánico? "Si, pero más ortodoxo." Solté una carcajada. "Es decir, los ritos de preparación y mantenimiento del terreno son muchos más estrictos, se toma en en cuenta cuándo, dónde y cómo se prepara el terreno y el cultivo de las uvas." "Sigue los principios de la agricultura biodinámica de Rudolf Steiner.

La respuesta fue escueta pero entendí de lo que se trataba, es más hasta cierto punto, pude establecer un paralelismo con los ritos de siembra de mi abuelo. No lo sé muy bien, pero siembre hablaba de que no se podía cortar o sembrar tal cosecha porque la luna estaba en cierta fase; además araba el terreno con bueyes, y lo abonaba con desperdicios naturales. Nunca le puse mucha atención. Pero en fin, parece que mi abuelito practicaba algunos matices de una vertiente rudimentaria de la agricultura biodinámica ;-).

Lo importante de todo esto es que me tomé dos copas del vino biodinámico, y me he pasado leyendo sobre la agricultura biodinámica; y ésta me parece una comunión muy artística e interesante entre el hombre y la tierra. Además, es muy saludable para el medio ambiente. Y la calidad del vino, pues la verdad es buena. ¿Pude yo haber sabido que era un vino biodinámico sin la intercepción de mi amigo Mitch? La verdad: no. Sin él hubiera sido simplemente un vino que disfruté mucho.

*Biodinámico no está en el diccionario de la RAE. Disculpen señores censores ;-).

Imagen: Calendario biodinámico 2009

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