miércoles, 15 de marzo de 2006

!Ellos también comen moro!

Las viejas de la comarca se deleitaban contándonos todas las barbaridades que cometían: eran brujos, se robaban a los niños, convertían a la gente en animales. Nada que ver con nosotros... La más contundente evidencia era Remigia a quien habían convertido en vaca. Tras su inexplicable desaparición su padre supuso que encontraría sus huellas hacia el oeste; se encomendó a los santos, se colgó un crucifijo, y partió en busca de la persona precisa. La confirmación fue contundente: podía palpar el lugar exacto donde la tenían. El padre fue por ella persiguiendo el ocaso; la encontró amarrada a un árbol, con ojos tristes y aspecto descuidado. La reconoció de inmediato: sí, ésa era Remigia, lo sabía por su mirada. A pesar de las lágrimas y la insistencia del padre, Remigia sólo logró darle un ensordecedor berrido que se perdió en la sabana. Cincuenta pesos le costó recuperar a su hija, tirando de un lazo, deshicieron el camino buscando siempre la frontera. Ya del otro lado, la soltó en lo que sería su nueva morada; desde entonces se oyen los desconsolados rugidos de Remigia tiñendo de melancolía todo el prado. Hace años que esos ecos retumban en mi cabeza. Aún me aterra el miedo, que sentíamos cuando asomaba el único de esos hombres negros y mal olientes que habíamos visto: el bueno de Mercedes. Nunca entendió porque le huíamos. Nunca supo que él era uno de esos que nos podían convertir en zombis o animales -al igual que a Remigia. El miedo me crispaba los huesos, y me sacudía el alma. No, nosotros no éramos como ellos, repetían cual perfecta sinfonía todas aquellas voces en mi cabeza. Un buen día descubrí que además de gente comían moro. Las agitadas voces se intensificaban a través de la distancia: !no! Eso no, sólo nosotros comemos moro, ellos sólo gente.

6 comentarios:

  1. Si, yo tambien me acuerdo. Nos decian que eran galipotes y que se comian a los muertos. Los trataban como animales, como seres de otro mundo....cuanta ignorancia!!

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  2. Tu relato lo podemos transportarlo con un poco de inmaginacion a la realidad humana de hoy dia,donde nos secuestran la dignidad y el orgullo,para luego pedir rescate por ella,nos convierten en animales para luego convertinos en estadistica como remigia,intenso tu relato y orquestado,perdona por la comparacion,besos y abrazos atabex.

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  3. diache, ese relato me llevo al pasado y me dejo pensando en el, muy bueno!!

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  4. Gracias a todos por la visita:

    Julio, construimos una identidad en base a la otredad. Esa otredad temible que nos confronta aunque quisiéramos ignorarla. Sin embargo, si nos acercaramos un poquito podríamos ver que no somos tan distintos, encontraríamos ecos de nosotros en ellos. Lo que los hace diferentes, temibles, despreciables son nuestros prejuicios heredados de las generaciones anteriores.

    Alex,
    Sé que sabes exactamente de lo que hablo. Recuerdo con que certeza nos inculcaban lo terrible que eran esos pobres hombres, que al igual que tú y yo en este pais -exiliados económicos como diría un amigo mío-, sólo buscan un mejor futuro.

    Maximo,
    Hay miles de forma de denigrar al ser humano. No sólo con "vudo" se puede "transformar" a un ser humano en animal. Mira esos 24 haitianos que se convirtieron en vacas transportados en un camión desde Mao a la Sto. Dgo. hace algunos meses. Cada vez que moría uno lo desechaban como animales inservibles. Además, están los secuestros, los cuales se han convertido en uno de los "negocios" mas lucrativos, donde los seres humanos son llevados como vaca al matadero.

    Principe,
    El pasado nos deja sus huellas imborrales, sin embargo como seres pensantes tenemos la obligación de no perpetuar los prejuicios. Ellos también son seres humanos y como dice mi relato, comen moro al igual que nosotros.
    Un abrazo a todos.

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  5. "Las viejas de la comarca se deleitaban contándonos todas las barbaridades que cometían: eran brujos, se robaban a los niños, convertían a la gente en animales"

    Esas son las palabras clásicas para describir a los haitianos, a nuestros vecinos de piel obscura.

    El verano pasado mientras estaba en la casa de mi abuelo, uno de sus vecinos, un señor de mente muy cerrada, no se cansaba de decir "Ellos son animales, uno les habla y no entienden, hacen todo lo contrario a lo que se le dice, está bueno que le quemen las casuchas esas que hacen por doquier."
    Esas palabras me afectaron mucho, porque así como él piensan muchos.

    Me encanta tu estilo, ya te lo había dicho, mezclas muy bien lo mágico con lo real. Tengo una quejita, fue muy corto.

    Sólo con leer el título me pegaste a la historia, me encantó, a veces nos sorprende ver gente extraña nuestra cultura comer moro. ;)

    Cuídate!

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